Análisis: La acusación contra Guaidó por el Esequibo y los principios de Goebbels

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En los numerales 3 y 4 de Los 11 Principios de la Propaganda, de Joseph Goebbels, el ministro de Propaganda nazi, se habla de “transposición”: “cargar sobre el adversario los propios errores o defectos (…) si no puedes negar las malas noticias, inventa otras que las distraigan”.

El numeral 4 define el principio de la exageración y desfiguración: “convertir cualquier anécdota, por pequeña que sea, en amenaza grave”.

Cualquier venezolano de este tiempo que tenga acceso a los 11 principios de la propaganda nazi entenderá que ese monstruo que George Orwell pretendió combatir en 1984, el de los estados totalitarios, está completamente vigente en nuestro país en este momento.

Igualmente, y esto viene a propósito de la más reciente acusación contra Juan Guaidó (la de “regalarle el Esequibo a la Exxon Mobil”), cualquier venezolano con acceso a Internet puede googlear “Chávez Esequibo” y encontrarse, en la primera página del buscador, con títulos como los siguientes: “Maduro investiga a Guaidó por territorio que Chávez regaló”; “De cómo el chavismo entregó el Esequibo”; “El Chavismo cambió fidelidad por el Esequibo”;   “¿Regalo socialista? El acuerdo de Chávez con Guyana”.

Esto es solo en la primera página de Google. Las relaciones de Cuba con Guyana son tan estrechas y de tan larga data, y las evidencias de que, en efecto, Hugo Chávez desatendió a lo largo de todo su mandato el reclamo por el Esequibo, que para cualquier venezolano medianamente informado, la tramoya (no puede calificarse de otra manera) de acusar a Guaidó de “entregar el Esequibo”, solo puede responderse con un sonoro “que b… tienes tú”, así, para ser bien venezolano, pues.

Durante el tiempo que Chávez hacía (o no hacía) estas cosas, Maduro no era que estaba en la India, como Jesús hasta los 30 años: era, primero, presidente de la Asamblea Nacional, y luego, durante seis largos años, canciller. Es decir, era el responsable de adelantar las políticas en materia de exteriores.

Y si para un venezolano común la estrategia de no hacer nada en relación con el Esequibo (como en cualquier otro tema) es patente, para los expertos lo es mucho más. Los internacionalistas han reclamado esta inacción, que no es simplemente otra inacción, porque aquí hubo mucho más que eso: hubo interés político, hubo compra de lealtades, y solo cuando el boom petrolero pasó, una Venezuela debilitada que no puede hacer más que corear consignas (el Sol sale por el Esequibo; sí, sale por el Esequibo) empieza a ver que, en efecto, este año puede perder, completamente, sus derechos sobre el territorio si el Tribunal de La Haya falla a favor del statu quo.

¿Qué hacer ante semejante entuerto, y más uno que deja (más) en ridículo a eso que a fuerza de mejor definición seguimos llamando Fuerza Armada Nacional? Fácil, acusamos al objetivo de turno, que es Juan Guaidó.

Uno, por cierto, más fuerte que los anteriores en tanto y en cuanto Tarek William Saab, parte de la tramoya en la que ha devenido un país en el que la Constitución quedó abolida en 2017, no puede meterlo preso y olvidarse de él durante cinco años por lo menos.

Por supuesto, hasta ahora hablamos del principio número 3.

El principio número 4 queda reflejado en el pinche mensaje de audio de la supuesta Vanessa Neumann (que pareciera el de una gringa que aprendió español en Madrid), sobre el Foreign Commonwealth Office, es decir, el ministerio de Exteriores y de Relaciones con la Mancomunidad británica.

Un comentario de una funcionaria de segunda, deshilado, y además editado para recalcar lo que quiere escuchar Jorge Rodríguez, se convierte en toda una conjura para entregarle el Esequibo a la ExxonMobil, objeto de una investigación de un “fiscal” coludido para ser parte del molino del Estado contra el individuo.

La verdad de las cosas está implícita en la respuesta que el propio Guaidó ha dado esta tarde, más allá de reiterar que “el Esequibo es Venezuela”: “hay dictaduras funcionales (…) en Venezuela nada funciona”. El éxito de Guyana en materia petrolera contrasta con el fracaso del país con las mayores de reservas de petróleo del mundo, objeto de una rara mezcla de miedo con piedad para los televidentes de Amazon Prime en una ficción de Jack Ryan, porque al mismo tiempo, ha arrojado a millones de personas fuera de su territorio.

Porque en el fondo, tanto en el caso de Guyana como en el resto, de lo que se trata es de que no hay cómo esconder la tragedia que vive Venezuela bajo el madurismo. Ni con Goebbels como libro de cabecera. Sobre todo, en estos tiempos, ni con la más famosa de estas leyes: “una mentira repetida cien veces (ya no) se convierte en verdad”.

Ni que Saab impute a Guaidó por traición a la Patria, una que viene de lejos y en la que el presidente interino, obviamente, no tiene nada que ver. Los traidores, lo tiene claro Google, lo tienen claro los venezolanos, son otros.

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