Las abominables torturas del régimen contra militares presos

Las esposas de Johnny Mejías, Carlos Macsotay, Ruperto Molina, Leonardo De Gouveia y Abraham Suárez, relataron cómo estos cinco militares han sido sometidos a tratos crueles y torturas en la Dirección General de Contrainteligencia Militar (Dgcim).

Los prisioneros han recibido maltratos, golpes, intentos de asfixia con bolsas plásticas, e incluso, son obligados a tomar agua del inodoro.

Las esposas denunciaron al Diario Las Américas cómo sobreviven en el lugar donde reina el abuso, el castigo y la violación a los DDHH.

Johnny Rafael Mejías Laya, coronel. Denuncia María Gabriela de Mejías

“Mi esposo ha sido víctima de tortura. Por más de 40 días no supimos de su paradero y cuando logramos saber de él, conocimos que fue golpeado con barrotes de madera. Lo obligaron a tomar agua del inodoro, fue asfixiado con bolsas plásticas. Le dislocaron el hombro derecho. Durante ocho días no le permitieron ir al baño a hacer sus necesidades, y se vio obligado a hacérselas encima. Esto le causó graves infecciones. Estuvo con las manos atadas a la espalda y con los ojos vendados por más de treinta días, siendo torturado física y psicológicamente.

Mejías Laya fue el militar que aparece en un cuarto con los ojos vendados y esposado, tirado en el suelo, en el video que logró realizar el teniente de la Aviación Ronald Alirio Dugarte, presentado en la Organización de Estados Americanos.

Carlos Gustavo Macsotay Rauseo, capitán de corbeta. Denuncia Natsibet Evangelina Rivero García

Durante cinco días fue sometido a tratos crueles e inhumanos (golpes, patadas, asfixia con bolsas plásticas y esposado a una silla con los ojos vendados) luego fue llevado al tribunal militar, por los supuestos delitos de Instigación a la Rebelión, Traición a la Patria y Falta al Decoro Militar. En la audiencia mostró a la juez, Mayor del Ejército Claudia Carolina Pérez de Mogollón, las heridas de la tortura, pero ésta hizo caso omiso, alegando que eso no era de su competencia. Fue confinado a una celda sin baño. Debía hacer sus necesidades en bolsas y potes plásticos que sacaba cada semana. A los 37 días de su detención pudo ver a su familia. 

Ruperto Molina Ramírez, teniente coronel de la Aviación. Denuncia Keyla Flores

Fundador y creador del Grupo 20, que además ejercía el cargo de Comandante del Grupo. Uno de los oficiales más preparados en su especialidad de Fuerzas Especiales con preparación en EEUU.

Fue llevado a la sede de la DGCIM en Caracas, donde fue interrogado por el Mayor Blanco Hurtado, quien en compañía de otros cuatro funcionarios, le vendaron los ojos, le ataron las manos y comenzaron a golpearlo. De acuerdo con documento suscrito por la esposa Keyla Flores, allí estuvo 22 horas, donde además fue asfixiado con una soga que le colocaban alrededor del cuello hasta hacerlo desvanecer.

Leonardo De Gouveia De Sousa. Denuncia su esposa, Jessica Gimón

Lo detuvieron sin orden de aprehensión el pasado 20 de mayo, pasadas las 10 de la noche. Mientras regresaba a su lugar de trabajo, la base aérea Generalísimo Francisco de Miranda, conocida como La Carlota.

Allí lo llevaron a la sede de la DGCIM en Caracas, donde estuvo incomunicado durante cuatro días. Según reveló Gimón, fue torturado con golpes, asfixia mecánica por inmersión, lo mojaron para aplicarle electricidad a sus testículos. Le colocaron una pistola en la boca de manera violenta y le sacaron una muela. Sufrió golpes en las articulaciones, en la cabeza, el abdomen y en la espalda. En varias oportunidades perdió la conciencia, y le lanzaron agua para despertarlo.

Abraham Suárez, mayor. Denuncia Jimena Cedeño

De acuerdo con el testimonio de la esposa, fue detenido el 21 de mayo de 2018, por funcionarios de la DGCIM. Allí estuvo recluido siete días, tiempo durante el cual sufrió múltiples torturas físicas y psicológicas.

Duró más de cuatro días con las manos atadas a la espalda. Recibió patadas en diversas partes del cuerpo y en sus testículos. Ahora tiene una costilla fracturada. Le partieron la nariz, lo asfixiaron con bolsas plásticas y gas lacrimógeno. Le apretaron tan fuerte las esposas que perdió la sensibilidad en las manos. Mientras estuvo atado no podía ir al baño y sus necesidades se las hizo encima. 

Asimismo, sucio y golpeado fue presentado ante los tribunales. La jueza no hizo comentario alguno sobre su estado físico. Fue llevado a Ramo Verde, permaneció 11 días en la celda de castigo “El Tigrito”, donde tenían que hacer sus necesidades en envases plásticos. Después de 8 meses fue regresado a la DGCIM.

“Mi esposo se intentó suicidar dos veces. En la primera oportunidad duró quince días en el hospital militar en psiquiatría y fue regresado a la DGCIM. En la segunda oportunidad, no recibió ningún tipo de asistencia. Hasta el momento no lo han llevado a la consulta psiquiátrica. Él sufre de depresión constante. En la DGCIM no tienen acceso a la luz solar, ni al aire libre. Vive constantemente con una luz blanca, lo que representa una tortura psicológica. Nos preocupa su estado de salud”.

 

 

María Corina Machado caraotadigital

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