Aun con buenas cartas, podemos perder la partida

Aníbal Sánchez. Foto: Caraota Digital

Aníbal Sánchez 

¡Así muchos no lo entiendan, lo vamos a explicar! Los excesos del régimen son su debilidad y pudieran dar ventaja a la oposición para avanzar en una solución pacífica negociada. Citando a Robert Dahl “la salida de los gobiernos autocráticos depende del alto costo de la represión y del bajo costo de su salida”. Este efecto está evidenciado en su primera parte con el informe de la alta comisionada para los derechos humanos, el cual visibiliza la crisis venezolana, el estado de urgencia y los efectos de la violación a derechos esenciales. Faltaría desarrollar la estrategia para bajar costo a ‘su salida’ por medio de una ruta electoral.

Si queremos avanzar en una solución pacífica negociada, les corresponderá a las distintas expresiones de la sociedad civil defender e impulsar el diálogo y una instancia de resolución de conflictos que permita lograr una solución política y electoral.  Deberán vencer la polarización divisionista y excluyente, promovida desde el Gobierno y replicada por sectores de la oposición que tienen sus propios intereses.

Debemos comprender la necesidad de abrirle paso a un nuevo ambiente de convivencia política sin impunidad, con el reconocimiento y entendimiento que haga posible la reconstrucción económica y social de Venezuela.  En algún momento han pensado que parar la negociación favorece al Gobierno, gana más tiempo; y si la dirigencia opositora que se arroga la representación del descontento nacional sigue sosteniendo que lo único sobre lo que se debe dialogar es la salida de Maduro, debemos tener claro que al no valorar los condicionantes no estarían preparados para acordar y llevar adelante una solución política.

Existen sectores a los que los domina el cálculo de los costos, administran las repercusiones de defender un acercamiento, el diálogo y la negociación. Creen que hablar de ir a Oslo, Suecia o Barbados pueda ser interpretado como una ingenuidad, irresponsabilidad o traición, pues posicionan la matriz que sería un acto de complicidad; no hay una valoración sobre la posibilidad y necesidad de mantener ese escenario internacional.

Esos actores políticos que se niegan a la negociación no están interpretando o dando correcta lectura al sentir nacional en favor de una solución política. En ocasiones se dejan llevar por lo que quieren escuchar, autoreforzándose en lo que leen en las redes sociales, y restándole credibilidad a las encuestas como las de Datanálisis, Hercon, Datincorp, Consultores 21 y Delphos que reflejan un creciente clamor a favor de una solución negociada y salida electoral.

El papel de la presión internacional es importante en estos escenarios, pero por sí solas las sanciones no son eficaces para provocar un cambio político. Algunos son de la opinión contraria, pues las mismas agudizan la crisis preexistente y aumenta con esto la diáspora de quienes deberían quedarse luchando en su país por un mejor futuro, situación esta que se contrasta con las nuevas regulaciones impuestas en los países destinos. Y paradójicamente a esto, el envío de remesas podría disminuir el efecto de las sanciones y la presión interna, convirtiéndose en un oxigenante.

Algunos estrategas estadounidenses apuestan al endurecimiento y aumento de las sanciones, pues creen que ahorcando la economía lograrán el cese del gobierno. No ponderan correctamente el efecto de la dependencia del gobierno, que se la ha ingeniado para aumentar y sostener sus mecanismos de control social y, reflejo de esto, hasta los pone a marchar con sus cajas CLAP.

Al mismo tiempo, los empresarios privados cada vez cuentan menos con incentivos que les permitan oxigenar y dinamizar la economía. Al contrario, cada vez son más los que liberan trabajadores, mientras la base social-clientelar sigue sustentando la relación en la administración pública.

Insistir en aumentar el grado de las sanciones podría fortalecer el pretexto de su responsabilidad en la crisis, aunque en el informe sobre los derechos humanos quedó claro cuáles eran los hechos preexistentes. Pero no podemos olvidar la óptica política ante una población sumida en el hambre y la desesperación.

En este escenario de desconexión entre algunos actores con influenciadores y el sentir nacional, nos tocará explicar una y otra vez la necesidad de no desperdiciar las oportunidades de lograr una solución pacífica y negociada, pues corremos el riesgo de que aun con cartas sobre la mesa ¡otro nos gane la partida!

Régimen forajido cercado

Sin ojos, sin justicia