Acerca de la palabra «tolerancia»

Por María Virginia Díaz, «Maíña»

El pasado 30 de junio se celebró en Nueva York el Desfile del Orgullo Gay, evento que tuvo sus réplicas en otras ciudades. En Madrid, por ejemplo, bajo las siglas MADO (Madrid Orgullo), las festividades comenzaron el viernes 28 de junio, y se extendieron hasta este domingo 7 de julio. Y es que la lucha por los derechos civiles del colectivo de lesbianas, gais, trans y bisexuales (LGTB) ha logrado grandes victorias en los países occidentales con la aprobación de leyes que castigan la discriminación y que equiparan legalmente a las parejas del mismo sexo, y esto es algo que debemos aplaudir. 

Después de infinidad de injusticias y crímenes atroces, las nuevas generaciones comienzan a ver como algo inexplicable la intolerancia que se paseaba a su gusto en el mundo en el que me tocó crecer.  Hoy, se proclama a gritos la tolerancia. Sin embargo, nunca me ha gustado esta palabra.

Si buscamos en el Diccionario de la Real Academia la palabra “tolerar”, encontraremos que nos habla de “llevar con paciencia, resistir, soportar”. Y es ese matiz de disgusto, de sobrellevar algo desagradable, lo que me incomoda del término. Leyendo sobre el tema me encuentro con que el propio Gandhi dijo: “No me gusta la palabra tolerancia, pero no encuentro otra mejor”. 

Por mi parte, cuando se debate sobre la diversidad humana, me parece más apropiado hablar de amor, de respeto, de admiración. El punto está en aprender a amar sin prejuicios y sin discriminación de ningún tipo.

Alfredo Ramírez escribió en La Prensa: “Como sociedad gastamos mucho tiempo queriendo saber con quién duermen los demás o lo que hacen en su vida privada, pero, ¿acaso amamos, respetamos o estamos con los demás por lo que hacen en su vida personal, o por lo que son como personas? (…) No es una cuestión de orgullo. Es una lucha por la libertad y el amor, y eso ni se cuestiona, ni se apoya. Con el respeto basta”.

Se trata de eso, de amar la diversidad de una humanidad en la que todos son diferentes en lo religioso, lo económico, lo social, lo profesional, lo personal, lo familiar, lo étnico, lo cultural. Se trata de ver la belleza de cada matiz; admirarlo y disfrutarlo. Se trata de amar.

Maíña
@mainadiaz

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