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Hazel Leal: “Mis telenovelas están en el corazón de los venezolanos”

Hazel Leal admite su temblor de artista debutante frente a Hilda Vera, pero ese temor superado lo convirtió en fortaleza para, años después, asumir con dignidad el protagónico de una plebeya en La hija de nadie. Su trayectoria, toda en RCTV, pasa por la grabación casi fatal en el set de Roberta y culmina con su personaje de Candelaria en Pobre Negro. Esta es la crónica de una actriz que consolidó con Mayra Alejandra una de las amistades más fraternas que se recuerden en la farándula venezolana.

Hazel Leal estaba llena de temblores el día de su estreno como actriz en La hija de Juana Crespo, en la Radio Caracas Televisión de 1977. Se enfrentaba a la monumental Hilda Vera, elevada a la cima artística con su papel cinematográfico de La garza en El pez que fuma.

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Dos imágenes. Hazel Leal en Los aventureros, del ciclo de Rómulo Gallegos, y en un unitario de Simón Bolívar y Manuela Sáenz, con Flavio Caballero y Mayra Alejandra.

 

Sabía que su papel resultaba satélite, de presencia esporádica; sin embargo, la debutante Hazel lo tomaba como un gran inicio. Cuatro años antes había representado al estado Miranda en Miss Venezuela 1973 y ahora le entusiasmaba pertenecer a un ciclo de telenovelas de ruptura que contaban historias dramáticas basándose en la realidad urbana.

A la diminuta caraqueña, entonces de condición soltera y doncella, le costaba asumir la preñez de un personaje menor de edad. Pero, el autor, Salvador Garmendia, tenía claro que describía, junto con José Ignacio Cabrujas, una de las calamidades de la familia venezolana de la época, el embarazo adolescente.

Modosa, ansiosa y acompañada por Fanny, su inseparable madre, Hazel se codeaba, gracias al impulso de su maestro Nelson Ortega, con lo que ella califica de actorazos. Estaba deslumbrada.

A mí me nombraban a Hilda Vera y yo me aterraba”, comenta desde aquella selva bien podada que son los jardines del Hotel Ávila, en San Bernardino, donde nos hemos encontrado. “La verdad es que cuando me inicié yo repetía mucho las escenas  y la señora Hilda Vera me hacía sentir que yo estaba perdida y que era una muchachita que ella no sabía de dónde había salido”.

Mayra Alejandra  –la protagonista– observó el trance, se acercó al estudio y llamó a la compañera que apenas conocía. A partir de ese momento nació una de las amistades más fraternas de la farándula venezolana.

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En sus viajes de vacaciones con su amiga Mayra Alejandra.

 

Ese día, delante de mi mamá, Mayrita me dijo: `Hazel, para que no te asustes yo te voy a apuntar la escena. Quédate tranquila que yo te voy a apoyar. Verás que te va a salir bien´. Eso es algo que no tiene precio. Mayra me apuntó toda la escena con Hilda Vera, me dio las indicaciones porque aunque mi profesor era Nelson Ortega a mí me asustaba el aparatico, el apuntador. Desde ahí, Mayra Alejandra y yo fuimos amigas para siempre, hasta su muerte en 2014”.

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La actriz caraqueña asegura que sus raíces venezolanas son profundas y es eso lo que la mantiene en el país.  (Foto: Daniela Valentina Leal).

 

Hazel detiene la conversación y se disculpa porque sus ojos se han vuelto lágrimas. “Es que aparte de hacerme recordar a mi mamá y a Mayra, también acaba de morir la mamá de Jeannette Rodríguez y nosotras somos muy amigas. Lo peor es que Jeannette, por cuestiones de pasaporte, no puede entrar al país, ¿sabes lo que significa no poder despedir a tu mamá?”.

Así fue el comienzo de la cita con la actriz venezolana Hazel Leal, La hija de nadie.

A Hazel Leal la llamaban la pequeña Susana Duijm

Nacida en Caracas y criada en la parroquia Candelaria, Hazel es la segunda de siete hijos del matrimonio entre Óscar Lovera y Fanny Margarita Leal de Lovera. El Dj. Oscar Leal y la locutora Leila Leal son hermanos de la actriz; el periodista Dereck Blanco, su sobrino: “Es como un hijo para mí porque yo no tengo hijos. Dios quiso que fuese así”.

Antes de ser miss yo había estudiado modelaje con Marisol Mata. Ese era mi sueño. Cuando entré al certamen Miss Venezuela sabía que no iba a ganar porque no cumplía con los requisitos. No tenía cuerpo, era menor de edad, pero me daba proyección. Todavía no soñaba con ser actriz”.

En su casa resultaba una rareza las pretensiones de Hazel de convertirse en una personalidad pública cuando la timidez era su rasgo más característico. Contraviniendo su naturaleza se dejó tomar por Roger Molina Franco –así lo recuerda–  una fotografía de prensa que daba constancia de los atributos físicos para un reinado de belleza.

Fue cuando la organización del certamen Miss Venezuela le adjudicó la banda de Miranda. El gobernador de la entidad, Arnaldo Arocha, recibió en su despacho a quien más de uno veía a  una púber del Miss Princesita. “Mi mamá pensó que eso del certamen podía ayudarme con mi timidez”.

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De las pocas fotografías de la actriz como Miss Miranda 1973. Esta fue reseñada por el Diario 2001.

 

En cierta forma funcionó. A Hazel, la pequeña Susana Duijm, le entró el gusto por las cámaras y las luces y comenzó a estudiar teatro en la escuela Luz Columba.

La edición de 1973 de Miss Venezuela fue ganada por Desirée Rolando. De esas filas también salieron Hilda Carrero, convertida en actriz, y Cecilia Ramírez, luego presentadora de noticias.

Hazel Leal se convierte en La hija de nadie

El 9 de noviembre de 1981, RCTV apostó por la cara joven de Javier Vidal, un artista de piel blanca y delicadas formas, para interpretar  a un lord. A su lado, Hazel Leal, personificaría a Lady Marian, una plebeya de piel morena que encajaba en las búsquedas autorales de José Simón Escalona.

A pesar de que los periódicos daban a conocer el producto con el nombre Corazón rebelde el título que apareció el día del estreno fue La hija de nadie. La coprotagonista era Yajaira Orta en su personaje de Lady Lynn, un nombre que hacía guiño con el usado para referirse a Angélica Escalona, la hermana del escritor.

La actriz personificó a una plebeya llamada Lady Marian en La hija de nadie, escrita por José Simón Escalona.

Los actores de RCTV estaban exultantes en aquella Venezuela de riquezas mejor distribuidas. El canal había botado la casa por la ventana con la producción. Los trajes de época y un castillo como escenografía hicieron del producto televisivo un espectáculo para sintonizarlo a las 6:00 de la tarde.

Aunque era la recreación de El pequeño Lord, de la autora Olga Ruilópez, más de uno especuló sobre similitudes de La hija de nadie con la realidad que vivió, en el mes de julio de 1981, la corona británica tras la unión del príncipe Carlos con Lady Diana, una mujer de menor rango monárquico.

Yo quiero mucho a José Simón Escalona y fue él quien me dio esa gran oportunidad. Muchos no creían que la telenovela sería exitosa en ese horario. Sin embargo, yo sentí el apoyo, sobre todo, de veteranas como Rosario Prieto, Dilia Waikarán y Zoe Ducós. Era otro prototipo de actriz en la pantalla. De hecho, estábamos las dos morenas del canal en las telenovelas de mayor sintonía, Caridad Canelón con Elizabeth y yo con La hija de nadie”.

El siguiente proyecto en 1982 fue la miniserie Es por amor, nuevamente con Javier Vidal y el grupo Menudo en su etapa de mayor revuelo.

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Con Javier Vidal repite en la serie Es por amor, que protagonizaron con el grupo musical Menudo en 1982

Hazel Leal casi pierde la vida grabando Roberta

Cuenta Hazel Leal que en 1987 cuando personificaba a La negra, la hermana de Tatiana Capote en Roberta, versión de Rafaela, presentía que no debía sentarse en el lugar seleccionado para la grabación de su escena.

Yo estaba nerviosa y empecé a reírme, y Carlos Montilla, que era mi pareja en la telenovela, me pidió que no me riera porque ya íbamos a entrar a escena. Pero yo le explicaba que eran mis nervios. No sabía por qué. Estábamos en el set con Mahuampi Acosta y cuando terminamos yo me quedé sentada e inmediatamente me cayó una madera pesada en la cabeza”.

Sin razón aparente, algo se había desprendido de la escenografía. La actriz debió ser hospitalizada. Hazel no culpa a nadie: “Tuve una fisura en la séptima apófisis trasversa de la columna vertebral. Si hubiese sido fractura me hubiese quedado en silla de ruedas, como pasó con la hija de Renny Ottolina. No quería pisar el canal, estaba todo el tiempo en consultas, debí ser atendida por un psiquiatra”.

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En la telenovela Estefanía personificó a Eglée Lanz, hija de Carmela, interpretada por la actriz Liliana Durán.

 

Los médicos le habrían explicado a Hazel que había atravesado por un hilo bidimensional, algo que en términos comunes podría parecerse a un estado de confusión, donde la persona observa lo que le pasó sin estar consciente de la gravedad de lo ocurrido. “RCTV se portó muy bien con la atención de mi salud”.

Parcialmente recuperada, siguió las grabaciones pero con el uso de un collarín.

Se despide de las pantallas con Pobre negro

Su último trabajo fue en 1989, cuando formó parte del elenco de Pobre Negro, una segunda versión realizada por RCTV de la obra de Rómulo Gallegos. Asegura que fue ella, en estado de consciencia absoluta, quien decidió abandonar la televisión. “Cuando yo me retiré había una recesión económica muy grande en RCTV y yo estaba por casarme. Soy sincera, yo pensé que luego de casada podía continuar, pero no fue así”.

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En Pobre Negro con Franklin Virgüez, Marlene Maseda, Carlos Villamizar, Tomás Henríquez y Antonio Machuca.

 

En un intento por recobrar su carreras, algunas versiones indican que el nombre de Hazel Leal fue recordado por Mayra Alejandra a Arquímedes Rivero, quienes ya se encontraban en Venevision; ella como actriz, y él como jerarca de los dramáticos.

“Es cierto que Arquímedes me llamó para reunirnos en Venevision, pero Mayra no intervino. Yo le dije a Arquímedes que no aceptaba. Mi negativa fue más por la intrascendencia del personaje que por el pago. Le aclaré que yo no quería estar en televisión solo por aparecer, porque yo estaba cómoda, que incluso contaba para ese momento con un chofer que me llevaba y me traía”.

De ese modo cerró un ciclo, pero Hazel Leal  sigue vinculada con lo artístico. Es intermediadora de arte, un puente entre artistas plásticos y compradores, una ocupación que, lo admite, se fragiliza cada vez más por la situación financiera del país. “El Ávila es el motivo de mayor venta en la pintura, tal vez porque muchos se van del país y se llevan ese paisaje y quienes están en Caracas quieren tenerlo en su casa”.

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Hazel Leal se desempeña en la actualidad como intermediadora de arte, es un puente entre artistas plásticos y compradores. (Foto: Daniela Valentina Leal)

 

Para mí es importante todo lo que hice en televisión, me llevé siempre bien con Javier Vidal y fui feliz grabando la serie con Menudo. Además, haber estado en La fiera, Sangre azul, Estefanía, Muñequita, El esposo de Anaís, Leonela, Miedo al amor, Bienvenida Esperanza, Campeón sin corona, Luz Marina, Rosa Campos provinciana, Luisana mía. Mis telenovelas están en el corazón de los venezolanos”.

 

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