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    ¿Cómo sabemos que las vacunas para el COVID-19 no serán peligrosas? Descubre lo que dicen los expertos

    ABC indica que científicos y compañías farmacéuticas de todo el mundo trabajan a destajo para conseguir varias vacunas que acaben con la pandemia de COVID-19. Estos días empresas como Pfizer o Moderna han publicado sus resultados en notas de prensa que dispararon las acciones en las bolsas y que parecían pelear por conseguir la vacuna más espectacular. Además, si antes de la pandemia desarrollar una vacuna llevaba generalmente diez años, hoy se están inyectando fármacos tras menos de un año de pruebas. Por eso, muchas personas desconfían y se plantean si las vacunas son realmente seguras, y si alguien protege a los ciudadanos de los intereses comerciales de las farmacéuticas.

    Por eso, varios expertos han respondido a la siguiente pregunta: ¿Cómo sabemos que las vacunas para el coronavirus no serán peligrosas?

    1. Porque serán aprobadas por agencias reguladoras

    «Las vacunas que se aprueben serán seguras y eficaces», ha afirmado Agustín Portela, responsable de la evaluación clínica de vacunas humanas en la Agencia Española de Medicamentos y Productos Secundarios (AEMPS). «No puede quedar ninguna duda o suspicacia: se van a cumplir los mismos estándares con la COVID-19 que con cualquier otra vacuna de las que ya están en el calendario vacunal, y que nos han permitido eliminar enfermedades terribles como el sarampión o la rubeola».

    «No puede quedar ninguna duda o suspicacia: se van a cumplir los mismos estándares con la COVID-19 que con cualquier otra vacuna de las que ya están en el calendario vacunal»

    «Las vacunas son los productos sanitarios más seguros del mundo porque se van a aplicar en muchas ocasiones a personas sanas, por eso NUNCA se comercializará una vacuna que no sea eficaz y, sobretodo, segura», ha coincidido Francisco Álvarez, coordinador del comité asesor de vacunas de la Asociación Española de Pediatría (AEP). «Y esto no va a ser distinto con las vacunas de la COVID-19. Cuando salgan al mercado serán seguras y eficaces».

    «Nunca se han hecho tantas vacunas tan rápido», ha añadido Jaime Pérez, vocal de la Asociación Española de Vacunología (AEV). «Lo importante es que se está haciendo sin saltarse ningún paso. Gracias a mayores inversiones de recursos, los pasos se están haciendo paralelo, pero no se está saltando nada».

    En la actualidad existen 14 vacunas en el calendario vacunal en España, de las que se administran alrededor de 15 millones cada año. Todas ellas han sido aprobadas por la AEMPS, una agencia estatal que depende del Ministerio de Sanidad, tras analizar y contrastar los estudios preclínicos hechos en animales, los ensayos clínicos de eficacia y seguridad y verificar que se cumplen los requisitos de la calidad de producción. En el caso de la COVID-19, el proceso será el mismo.

    Además, estas vacunas serán aprobadas también por la Agencia Europea de Medicamentos (EMA), donde expertos de los países de la Unión Europea votarán si aprobar o no los candidatos a vacuna, evitando así que un país tuviera la tentación de beneficiar a una empresa farmacéutica nacional. En Estados Unidos, la responsable de la aprobación será la prestigiosa «Food and Drug Administration» (FDA). Esta agencia ya ha anunciado que emitirá en directo el encuentro del comité para analizar la aprobación de la vacuna de Pfizer y BioNTech, la primera en obtener resultados de eficacia.

    Según la Coalición Internacional de Autoridades Reguladoras de Medicamentos, todas estos organismos comparten la filosofía de tomar decisiones independientes, robustas y basadas en evidencias científicas para determinar la eficacia, seguridad y calidad de las vacunas, así como de vigilar de forma continua cada fármaco desde el comienzo de su administración al público.

    2. Porque son los medicamentos más vigilados

    Las vacunas son medicamentos muy especiales porque se administran a personas sanas, con el objetivo de prevenir futuras infecciones. Por eso, sus requisitos de seguridad son los más exigentes entre los medicamentos.

    «Hay que saber que las vacunas son probablemente los medicamentos más regulados, vigilados y seguros que existen», ha explicado a ABC Ignacio López Goñi, Catedrático de Microbiología en la Universidad de Navarra.

    También por administrarse a personas sanas, son probablemente los medicamentos que más recelo generan: «Si uno leyera despacio el prospecto del ibuprofeno probablemente se alarmaría, pero como nos encontramos mal, asumimos el riesgo y nos lo tomamos», ha añadido López Goñi. «El problema con las vacunas preventivas es que se administran cuando estamos sanos y nuestro nivel de asumir riesgos es mucho menor».

    «Si uno leyera despacio el prospecto del ibuprofeno probablemente se alarmaría, pero como nos encontramos mal, asumimos el riesgo y nos lo tomamos»

    3. Porque se tiene que demostrar su seguridad

    Como todo medicamento, las vacunas han de pasar estudios que demuestren que son seguras y eficaces, en animales y personas, y que su fabricación cumple los protocolos de seguridad y no altera el componente probado en dichos estudios.

    Para empezar, son probadas en cultivos celulares primero y en animales después, en lo que se conoce como ensayos preclínicos. Se suelen aplicar dosis más altas que las que se usarían en humanos, se investigan los efectos adversos, la activación del sistema inmunitario, el modo de administración y su capacidad de protección en animales frente a una infección experimental. Toda esta información se presenta a la agencia reguladora (encargada de aprobar o no una vacuna) y normalmente es necesaria para pasar a los ensayos clínicos, es decir, a los estudios hechos en voluntarios humanos.

    Por otro lado, los ensayos clínicos, hechos en humanos, se dividen en varias fases. Cada fase requiere reclutar a más personas y en todas se vigila la aparición de efectos adversos, aunque los objetivos de cada una son diferentes.

    En la fase I se evalúa la seguridad de la vacuna (efectos secundarios) y la inmunogenicidad (generación de anticuerpos e inmunidad celular) en decenas de personas.

    En la fase II se evalúa de nuevo la seguridad y la inmunogenicidad, y se prueban varias dosis e inoculaciones, esta vez en cientos de personas.

    En la fase III se evalúa eficacia de la vacuna, es decir, si la respuesta de anticuerpos o la inmunidad celular que activa es realmente capaz de evitar la infección o de evitar los síntomas más graves. Se reclutan miles de voluntarios (como mucho hasta 40.000, normalmente) y se hace un ensayo de doble ciego, donde los experimentadores o médicos no saben hasta el final quién se ha vacunado o quién ha recibido una infección placebo.

    En esta fase, los voluntarios hacen su vida normal y se infectan de forma natural. Cuando entre esos miles de personas se contagia un número determinado, como 50 o 100, se «abre el ciego», y se estudia quiénes de los infectados fueron vacunados o no. Esta información permite obtener el resultado de eficacia de la vacuna.

    «Durante todo el proceso los resultados son evaluados por agentes externos, que van dando su visto bueno y la autorización para pasar de una fase a la siguiente», explica Ignacio López-Goñi en « Microbioblog». «Cualquier resultado adverso sobre la seguridad o eficacia de la vacuna supone suspender los ensayos. Además, antes de su comercialización se publican los resultados para que los pueda revisar la comunidad científica».

    «Cualquier resultado adverso sobre la seguridad o eficacia de la vacuna supone suspender los ensayos. Además, antes de su comercialización se publican los resultados para que los pueda revisar la comunidad científica»

    Para garantizar la calidad de los datos recogidos durante los ensayos clínicos, intervienen numerosos centros sanitarios, muchas veces de diferentes países: es decir, se realizan ensayos multicéntricos y multinacionales.

    Una vez finalizada la evaluación recogida en los ensayos clínicos (esta evaluación ha de ser autorizada y no se puede cambiar sobre la marcha), las compañías farmacéuticas presentan un expediente de registro, con sus datos de calidad de fabricación y de experimentación tanto en animales como humanos, acompañado de numerosa documentación. Después de analizar esta información, las agencias reguladoras autorizan o no un medicamento, aunque a veces solicitan más información, o la ayuda de expertos en determinadas áeras.

    4. Porque su fabricación se vigila de forma muy estrecha

    Aparte de los ensayos de seguridad y eficacia en animales y personas, el propio proceso de producción de las vacunas se controla de forma muy estrecha.

    «Se tiene que demostrar que el proceso de fabricación siempre funciona igual, que todos y cada uno de los lotes de vacuna son indistinguibles de los empleados en el ensayo clínico», ha explicado Agustín Portela, experto de la AEMPS. «De hecho, a veces esta etapa es más exigente que los propios ensayos de eficacia: todo está previamente tabulado y escrito».

    «Se tiene que demostrar que el proceso de fabricación siempre funciona igual, que todos y cada uno de los lotes de vacuna son indistinguibles de los empleados en el ensayo clínico»

    Además, resulta especialmente complejo llevar a cabo el escalado, es decir, el aumento de la capacidad de producción. Con el objetivo de fabricar 100.000 o un millón de dosis a la semana, a veces hay que acondicionar diez plantas diferentes, o aumentar la capacidad de producción en distintas etapas. Pero siempre, en cada lugar se han de cumplir los requisitos exigidos.

    Afortunadamente, la mayoría de las vacunas para la COVID-19 que están en desarrollo, con excepción de las que se basan en ARN mensajero, como las de Pfizer/BioNTech, Moderna o CureVac, parten de una amplia experiencia previa, con mucho conocimieno, tecnología y hasta planes de producción ya desarrollados.

    5. Porque una vez aprobadas, continúa la vigilancia

    Después de la aprobación, y de superar los exigentes filtros que evalúan tanto los ensayos clínicos, los ensayos preclínicos como la calidad de la fabricación, comienza una etapa de «evaluación continua». Se trata de una «vigilancia que se mantiene mientras la vacuna se siga administrando», ha explicado Jaime Pérez, vocal de la AEV.

    A la vez que la vacuna se inyecta en decenas de miles o cientos de miles de personas, se lleva a cabo la vigilancia epidemiológica, en la que se analiza cómo protege a la vacuna en el mundo real, así como a distintos colectivos (por ejemplo diabéticos) y cuánto dura su protección.

    Es en esta etapa cuando se mide la efectividad de la vacuna, que es el grado de protección que confiere la vacuna en el entorno real, al margen de condiciones controladas y con más diversidad de casos. En esta etapa también influye la inmunidad de rebaño que pueda aparecer y que evita la dispersión del virus en la población cuando un cierto número de personas tiene inmunidad. Normalmente, la efectividad de la vacuna es inferior a la eficacia medida en ensayos clínicos.

    Por otro lado, se inicia la farmacovigilancia, que rastrea la aparición de efectos secundarios muy raros (por ejemplo, aquellos que aparecen en un caso cada un millón de personas) o que aparecen a más largo plazo.

    «Con todo esto se consigue (...) que las vacunas sean los medicamentos más seguros que existen», escribe López-Goñi. «Esto implica también que no debería extrañarnos que una vacuna que ya está en el mercado, pueda llegar a ser retirada, si se detecta algún problema durante esta fase IV —la de vigilancia epidemiológica—. Esto demostraría que el sistema de vigilancia funciona».

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    «Durante los próximos cincuenta años vamos a estar vigilando lo que ocurre con las vacunas de la COVID-19»

    «Durante los próximos cincuenta años vamos a estar vigilando lo que ocurre con las vacunas de la COVID-19», ha asegurado Agustín Portela. «Se investigarán sobre todo los efectos adversos y los fallos vacunales, en los que el fármaco ha dejado de funcionar».

    6. Porque su investigación ha sido muy rápida, pero los requisitos son los mismos de siempre

    La pandemia del coronavirus ha llevado a que los plazos de la fase de experimentación se reduzcan al mínimo y el proceso de desarrollo de un fármaco pase de cinco a diez años a uno. Por así decirlo, se ha pasado de un modelo convencional de desarrollo de vacunas, a un modelo de pandemia, como ya ocurrió con la pandemia de gripe de 2009. Esto puede generar inquietud y la sensación de que no se han hecho las pruebas necesarias. ¿Quiere decir que se inyectarán fármacos sin garantías?

    «La evaluación que se va a hacer es exactamente la misma de siempre. No se está evitando ningún paso que pueda cuestionar la calidad del producto, su eficacia o seguridad. La diferencia es que muchos pasos se han hecho en paralelo, pero no se ha renunciado a ninguna parte del proceso», ha explicado Agustín Portela.

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    «La evaluación que se va a hacer es exactamente la misma de siempre. No se está evitando ningún paso que pueda cuestionar la calidad del producto, su eficacia o seguridad»

    La urgencia de la situación ha llevado a que las agencias reguladoras prioricen la aprobación de las vacunas frente al coronavirus. Por ejemplo, en la Agencia Europea del Medicamento, se ha impuesto la «rolling review», una evaluación continua, en la que las farmacéuticas no envían sus documentos cuando reúnen todos los requisitos de ensayos y de calidad de fabricación, sino a medida que los van teniendo. De esta forma, se evita un cuello de botella. Además, la EMA ha reducido los plazos del tiempo de revisión, se han creado mecanismos para acelerar la aprobación y se permitirá el uso compasivo de fármacos en determinadas circunstancias, entre otras medidas.

    Por otra parte, las fuertes inversiones de gobiernos, instituciones y farmacéuticas han permitido aumentar el tamaño de las muestras de voluntarios de los ensayos clínicos y reclutar más centros sanitarios para hacer dichas pruebas. Este apoyo también ha hecho posible llevar a cabo estos ensayos en países con mucha circulación del virus. De esta forma, se ha logrado tener antes el número de infectados, por vías naturales, requeridos para la fase III y los estudios de eficacia.

    «Se está trabajando con tamaños muestrales muy importantes que permiten ver la mayoría de efectos adversos», ha considerado Jaime Pérez. «Solo los efectos adversos muy raros, que aparecen por ejemplo en un caso cada 100.000, quedan fuera, y se detectarán durante la fase de vigilancia epidemiológica».

    Al mismo tiempo, en esta ocasión se han llevado a cabo varias fases de ensayos clínicos en paralelo, también gracias al fuerte apoyo económico e institucional. «No se está quitando ninguna etapa, se están haciendo solapadamente», ha recalcado Portela.

    Así, por ejemplo, en algún caso se ha iniciado la fase I de experimentación en humanos sin finalizar la fase de experimentación en animales, o se ha empezado a reclutar personas para la fase II antes de acabar la fase I.

    «Se ha asumido más riesgo en la fase I, porque a veces se ha iniciado sin resultados de experimentación en animales»

    «Se ha asumido más riesgo en la fase I, porque a veces se ha iniciado sin resultados de experimentación en animales», ha reconocido Agustín Portela. «Pero con matices, porque ya había experiencia con muchas vacunas probadas en cientos de miles de personas. No obstante, cuando llegue la aprobación tienen que estar listos todos los resultados de experimentación de siempre».

    Por último, gracias a las inversiones, varias compañías han comenzado la producción a riesgo de fármacos todavía no aprobados. «Si no sale bien, lo peor que puede pasar es que se elimine cierto producto. Pero el beneficio de tenerlo, tanto para la compañía como para la humanidad, supera con creces este riesgo», ha explicado Jaime Pérez, vocal de la Asociación Española de Vacunología.

    7. Porque lo que no se sabe sobre las nuevas vacunas no es excepcional

    Estos días también se han puesto en cuarentena los resultados de Pfizer/BioNTech o Moderna porque se desconoce la extensión de la duración de estas vacunas, si protegen frente a enfermedades severas o si protegen a personas mayores. En definitiva, ¿qué importancia tiene la información que todavía no se tiene sobre las nuevas vacunas?

    «Parece que ahora va a ser la primera vez que va a pasar, pero ninguna de las vacunas hoy autorizadas salió al mercado conociéndose cuánto dura la protección»

    «Parece que ahora va a ser la primera vez que va a pasar, pero ninguna de las vacunas hoy autorizadas salió al mercado conociéndose cuánto dura la protección», ha comentado Agustín Portela, experto en vacunas de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios. Según ha comentado, para averiguar cuánto se extiende la protección, gana importancia la vigilancia epidemiólogica, en la que se sigue a personas vacunadas en busca de fallos vacunales.

    En cuanto a las personas mayores y a los problemas asociados a ciertas dolencias, todavía se necesitan más datos para conocer el grado de protección que dan las vacunas.

    «Siempre es así: para incluir en los ensayos muchas enfermdades de base, como EPOC, diabetes, enfermedades cardiacas, o a mayores, hay que esperar a la aprobación. La única forma de saber qué ocurre es vacunar de forma amplia y permitir que la vigilancia epidemiológica detecte fallos en grupos de riesgo».

    Según Francisco Álvarez, experto en vacunas en la Asociación Española de Pediatría, en cuanto a quienes se vacunarán en primer lugar, ha recordado que «la prioridad son las personas mayores, sobre todo institucionalizadas, y los cuidadores sociosanitarios y los sanitarios». Solo al final las vacunas se extenderán a los niños: «Los niños son los últimos en entrar en los ensayos y por tanto serán los últimos en ser vacunados. Hay que tener en cuenta que no son los trasmisores de la enfermedad, como si ocurre en la gripe. Son infectados por adultos y, en general, sufren formas leves».

    Y, ¿qué ocurre con las mujeres embarazadas? «A no ser que se trabaje en una vacuna específica para mujeres embarazadas, las fases iniciales no suele incluirlas», ha comentado Agustín Portela. En esta ocasión, sin embargo, algunos ensayos sí las han incluido. «En función de los datos recogidos, se dirá si se recomienda o contraindica cada vacuna a mujeres embarazadas o lactantes».

    8. Porque incluso con ensayos más cortos, se detecta la gran mayoría de los efectos secundarios

    A pesar de que los ensayos se hayan realizado en un número alto de personas, o de que la vigilancia de las vacunas siempre se realice tras la aprobación, y dure muchos años, puede quedar la duda de si se están escapando efectos secundarios importantes antes de que las primeras personas se vacunen.

    Para Jaime Pérez, conviene hacer un balance entre riesgos y beneficios: «Es necesario hacer un seguimiento en un plazo adecuado, pero que no sea tan largo que impida actuar de forma ágil, porque está muriendo mucha gente por la COVID-19».

    En opinión de Agustín Portela: «Hay que tener en cuenta algo muy importante. Desde que se pusieron las primeras vacunas de gripe en los años 50, hemos ido aprendiendo cómo inducen la respuesta inmunitaria y qué problemas de seguridad dan», ha recordado. «En el calendario vacunal hay vacunas para 14 patógenos y cada año se ponen más de 15 millones de dosis. Por tanto, no partimos de cero, tenemos una experiencia muy amplia».

    Gracias a esa amplia experiencia, se ha averiguado que más del 90% de los efectos adversos aparecen en los primeros 40 días tras la administración: «Por tanto, un seguimiento de dos meses es claramente ventajoso en cuanto al balance entre riesgos y beneficios —balance entre el posible riesgo para el individuo de sufrir efectos adversos, y el beneficio de quedar protegido frente a la COVID-19—», ha explicado Jaime Pérez.

    También se ha averiguado que la mayoría de los efectos secundarios de las vacunas son leves y no duran más de uno o dos días: «Puede aparecer dolor muscular, dolor en el lugar de la inyección, fiebre o u unas pocas décimas de fiebre», ha proseguido Pérez. «En algunos casos se puede perder algo de la movilidad en la zona, o aparecer fatiga y cansancio que dure un día».

    Pero, ¿qué hay de los efectos adversos más graves? «Las reacciones graves como por ejemplo la reacción alérgica grave o anafiláctica, ocurren en uno por cada millón o dos millones de dosis administradas, luego son muy infrecuentes», ha explicado Francisco Álvarez, de la AEP. «Las vacunas son muy seguras», ha vuelto a resaltar.

    «Podemos esperar que sea improbable que las nuevas vacunas de COVID-19 tengan efectos adversos severos más allá de un mes después»

    «En ninguna de las 14 vacunas que están en el calendario se ha identificado ninguna rección adversa grave meses después de su administración», ha continuado Portela. «Podemos esperar que sea improbable que las nuevas vacunas de COVID-19 tengan efectos adversos severos más allá de un mes después. A pesar de eso, los departamentos de farmacovigilancia de las agencias reguladoras lo estarán analizando. La EMA está coordinando un programa específico de reacciones adversas».

    En todo caso, es falso que la vacuna triple vírica esté vinculada al autismo, que administrar varias vacunas dañe al sistema inmunitario, que causen alergias o que contengan mercurio.

    Históricamente, entre cientos de vacunas algún fármaco ha emulado algún efecto adverso severo causado por el patógeno original, como una respuesta autoinmune. Por ejemplo, algunos virus causantes del dengue inducen una enfermedad muy severa en las segundas infecciones. Una de las vacunas causó también este efecto cuando llegó la segunda infección. «Con coronavirus, por ahora no tenemos ninguna evidencia de que una segunda infección pueda ser más grave», ha explicado Agustín Portela.

    Además, en 2003 se descubrió que la vacuna de gripe de 1976 causó un incremento de la incidencia del síndrome de Guillain-Barré (GBS) de un caso por cada 100.000 vacunados. Desde entonces, se han hecho nuevos análisis cada temporada de gripe y, en los casos en los que se ha observado un aumento de riesgo, ha estado en uno o dos casos adicionales por cada millón de dosis de vacunas administradas. De hecho, los resultados indican que una persona tendrá más probabildiad de padecer GBS tras infectarse de gripe que tras la vacunación, mientras que, además, la gripe está asociada a una enfermedad severa e incluso a la muerte con una cierta frecuencia en la población.

    En todo caso, a pesar de que los efectos severos sean muy raros: «Desde farmacovigilancia se va a vigilar y se van a tomar las medidas que sean necesarias: se retirará la vacuna si produce efectos adversos severos, o se excluirá de la vacunación a personas con ciertas patologías previas», ha resumido Agustín Portela, de la AEMPS.

    «Desde farmacovigilancia se va a vigilar y se van a tomar las medidas que sean necesarias: se retirará la vacuna si produce efectos adversos severos, o se excluirá de la vacunación a personas con ciertas patologías previas»

    9. Porque hay que poner las triunfales notas de prensa en contexto

    Estos días, Pfizer/BioNTech, Moderna o el Instituto Gamelaya han publicado notas de prensa con resultados muy llamativos que parecían competir por la vacuna más espectacular. Si una anunciaba el 90%, la siguiente el 92, y la tercera el 95%, causando impresionantes repuntes en las bolsas.

    «Si no se explica bien, esto puede generar desconfianza y verse como un mero juego bursátil», ha comentado Ignacio López-Goñi, Catedrático de Microbiología. «El que las primeras vacunas tengan unos resultados preliminares de más de 90% de eficacia es una grandísima noticia, pero que hay que saber poner en contexto. Hay que ser muy cautos, todavía hay muchos datos que se ignoran y es necesario más tiempo para confirmarlos y tener más información sobre seguridad y efectividad».

    Para Agustín Portela, experto en vacunas de la AEMPS, conviene tener en cuenta que los datos de eficacia son solo estimaciones que dependen de mucho de las peculiaridades de cada estudio, como la proporción de pacientes jóvenes o mayores. Y tampoco aclaran si evitan los casos severos. «Por tanto, esas diferencias numéricas de eficacia no significan nada». Por ahora, solo resta esperar. ABC España

     

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