El desmadre de Argentina y los bufones de aquí4 min read

Cuesta creer que apenas en 2015 celebrábamos la liberación del yugo chavista del pueblo argentino, y la noche del domingo se conociera que Cristina Fernández, acorraladísima por tantas pruebas de corrupción, ganara las elecciones. Por poco margen, pero ganó.

Y claro que sé que el presidente  electo es Alberto Fernández, pero las ínfulas con las que esta aliada dela dictadura madurista en Venezuela giraba órdenes al presidente Mauricio Macri para que se encargara de la economía de aquí a diciembre, dejaban ver la baba de venganza que ha de mojar pronto a la Casa Rosada.

No hay consuelo. Aunque por poco margen, Macri y el proyecto de recuperación, que pasaba por ajustar tarifas de los servicios, sincerar la paridad cambiaria, reinstitucionalizar a Argentina y, claro que todo esto teniendo que acudir a planes de ajustes, fue derrotado.

La fiesta fue para el totalitarismo que ahora, imagino, hará de las suyas para atornillarse por siempre, como lo hizo en Nicaragua Daniel Ortega, porque el regreso de los dictadores viene siempre con la idea de entronizarse.

Queda allá ahora en manos de Alberto Fernández pasar por desgraciado títere o controlar a su loca. Ojalá lo segundo.

Me pregunto, claro está: ¿con que guita, con qué dinero podrá contar el gobierno de los Fernández para recuperar a Argentina, si ahora no los asistirá la petrochequera que antes los salvó desde Caracas?

Tanto los salvó en sus compromisos con el fondo monetario internacional porque Chávez salió al auxilio de su pana Néstor, como los embarró hasta el cuello, porque aún nos es prohibido olvidar los negocios con los bonos de los que se investigan los provechos personales de los presidentes. Adquiridos a dólar protegido, revendidos al dólar paralelo.

Qué patriotas… o mejor dicho, qué patotas, como allá en Argentina se llama a las bandas de ladrones.

No tendrán auxilio, imagino en este tiempo, aunque deberemos estar pendientes de si como antes le mandaron maletines llenos de dólares a Cristina, quién sabe si fueron cinco millones para su uso particular en campaña, ahora Nicolás Maduro decidiera enviarle maletines de oro, o entregarle una mina, porque Cristina es su gobernadora en Argentina.

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La estupidez suprema del día, aunque obviamente había que esperarla, es la del festín de régimen madurista con los resultados argentinos, al punto que el propio Diosdado Cabello le envió un mensaje de alerta a los Estados Unidos.

Cuidado y les llega la brisa bolivariana, les dijo, porque así les ha dado por llamar a su plan del foro de Sao Paulo, de desestabilizar a la región para ver si luego asaltan los tesoros nacionales para nutrir a las oligarquías políticas y económicas del comunismo.

Pero claro, que si digo que ha sido una estupidez, es porque me obligo a decirles por qué de paso digo que es suprema.

Dicen los compinches de Maduro que Macri fue derrotado porque devaluó al peso y porque maltrató a los que más sufren.

Hoy impactan a Venezuela los testimonios de los enfermos de cáncer, quienes dicen que si no eres rico te mueres.

Hoy alarman a Venezuela las angustias de las madres de los neonatos condenados a muerte en los hospitales porque no hay ni cómo curarles una infección.

Y hoy, para no adentrarme en referencias sociales deprimentes de nuestra tragedia humanitaria, que es culpa de este régimen compinche de la Cristina electa vicepresidenta en Argentina… hoy mismo,  se produjo un bajón de sueldo a causa del gobierno catastrófico de Venezuela.

Hasta la semana pasada, el aumento escaso del salario decretado por Maduro se convertía en 15 dólares, cuando para comprar comida una familia necesitaba 150 dólares.

Hoy mismo, con el dólar disparado a más de 25.000, el sueldo apenas es de 12 dólares y la canasta debe estar rondando los 200 dólares.

Desgracia es desgracia. Que se gocen la pírrica y lamentable vuelta al poder de los compinches en Argentina.

Pero eso que en mala hora llaman “brisa bolivariana”, en Venezuela sólo aviva el incendio que se está llevando todo a su paso.

Es la pura verdad.

Duélale a quien le duela.