Esta es la jugada de la semana ¿Quién ganó?

AN caraotadigital
Foto: Cortesía

La ganada de mano de los diputados opositores al régimen de Nicolás Maduro casi hay que premiarla como la número 1 de las jugadas políticas de la semana. Con algo de edad, quien nos escuche sabrá recordar a Juan Vené, cuando decía: ¡¡¡ Vuélvemela a poner!!! Y aquí se las repongo.

La operación Alacrán, de la que acusan encabezar al ministro madurista Tarek El Aissami, había estallado ya en Venezuela con la implicación de una decena de diputados que desde hace muchos meses encubrían con supuestas misiones al exterior, la encomienda de llevar cartas de buena conducta de enchufados en casos graves de corrupción. Fueron a Washington, fueron a Bogotá, fueron a Roma y fueron y fueron tanto que, al parecer, perdieron todo límite.

Ya fuera de control, de pudor, de dignidad, algunos de ellos protagonizaron el intento de comprar a punta de billetes verdes, dólares estadounidenses, ofertas de 50.000 ahora y hasta cerca de un millón en la víspera de la elección de la directiva parlamentaria el próximo 5 de enero, la conciencia y el voto de sus colegas diputados. Algunos cayeron. La verdad final se cuantificará justo el día de la instalación de la Asamblea.

La violencia en la que reviven en show a la Asamblea Constituyente y al Tribunal Supremo, ambas instituciones dominadas por Nicolás Maduro y sus acólitos, hace pensar que el intento de compra a diputados no estaba saliendo bien del todo. Vino la inhabilitación de cuatro: Luis Stefanelli, Carlos Lozano, Hernán Alemán y Jorge Millán.

Apenas unas horas después ya era muy fuerte la tesis, por mi no comprobada, aclaro, de que los suplentes de estos nuevos perseguidos políticos podrían ser presa del alacrán rojo, del animal madurista, del corruptor con muchos dólares en las manos. Y entonces, en sesión extraordinaria, Juan Guaidó y los diputados antidictadura, batearon home run.

La jugada de la semana ha sido la reforma al Reglamento  Interior y de Debates del Parlamento venezolano, que es ley de la República y que en consecuencia sus cambios reposan como facultades constitucionales de los diputados. Se cambió la ley, para permitir el voto a distancia, por vías electrónicas de los diputados que por las garras violentas del régimen madurista no pueden hacer acto de presencia en el Palacio Federal Legislativo y su hemiciclo de sesiones.

La jugada, legal, audaz, que abatió las quijadas de Maduro y sus cómplices alacranes, obviamente iba a ser repelida por el ilegítimo Tribunal Supremo dominado por Maduro, quien lleva a cuestas centenares de sentencias descalificando las decisiones del legítimo Parlamento.  Eso ocurrió, pero además, con muestrario abierto del sadismo con que actúa un régimen contra las almas en venta.  Diputados que antes defenestraron a ese tribunal madurista, fueron los encargados de visitarlo para pedir otra puñalada contra el Poder Legislativo. Prostitución es prostitución, con sus chulos, con sus cuerpos mercantilizados.

El próximo 5 de enero apuesten que, además de la decisión de violencia dispuesta a sitiar el Palacio Federal Legislativo, en esa casa no habrá ni luz, mucho menos internet, porque lo del voto electrónico termina de blindar, aunque a los alacranes rojos nunca le dieron las cuentas, el pacto político opositor que va a reelegir a Juan Guaidó y a permitir que continúe al frente de los procesos por la liberación de Venezuela, en los que 2020 tiene que ser tiempo de mayor eficacia, mayor creatividad, y ojalá mayor unidad, no sólo interna en Venezuela, sino también del concierto de países que desconocen a Maduro y apoyan a Juan Guaidó.

Al cierre de la semana, el delegado de Donal Trump para el caso venezolano dio unas declaraciones desde Washington que, a estas alturas, culminando el año, parecen el desiderátum que le envía la Casa Blanca al aún ocupante del Palacio de Miraflores: se extremarán las sanciones para lograr el cambio político. Suena a nada nuevo, pero ya veremos.

No es alentador que si bien conocemos que las acciones contra el régimen que azota a Venezuela, serán más contundentes si hay un punto de encuentro entre Estados Unidos y la Unión Europea, el nuevo canciller de la unión, el español Josep Borrell, haya comenzado sus funciones en ese cargo con el aparente propósito de debilitar su posición frente a lo que ocurre en Venezuela.

En semanas anteriores más bien habíamos expresado algo de optimismo con Borrell, al criticar que la Unión Europea no había sido eficiente al unificar una firme posición respecto de Venezuela. Ahora mismo da la impresión de que lo que el nuevo vocero de la Unión decía era que firmemente habrá que calarse a Nicolás Maduro gobernando al país.

Varios partidos con representación en el Parlamento Europeo están acusando a Borrell de blandenguearse antes de plantar batalla y hasta de haber llegado a esa vocería o cancillería de la Unión a hacer lobby a favor de la dictadura venezolana. Lástima. Verdaderamente.

Hay que ser realistas, las cosas son como son, casi un año después Guaidó sigue donde estaba y Nicolás Maduro donde está. Si Maduro no se quiere marchar tenemos un problema. "Esto no se arreglar con invocaciones a la divinidad".

Eso dijo Borrell, quien si bien concitó el repudio de quienes acompañan a la mayoría de los venezolanos en su clamor de cambio cuanto antes, radical, con que se vayan Maduro y toda su corte, entonces logró el aplauso de la representante del partido Podemos, el partido de Pablo Iglesias, el partido que ha chupado millones de dólares del tesoro venezolano desde los tiempos de Hugo Chávez. Ese partido aplaude hasta descoyuntarse a Josep Borrell.

Mientras los demócratas de la Unión Europea  le gritan a Borrell que no olvide que hay cerca de 5 millones de venezolanos que han tenido que huir de su país por culpa de la persecución política y la brutal  crisis económica, que hay miles de ejecuciones extrajudiciales, políticos detenidos y torturados, acoso y amenaza a los disidentes;   la eurodiputada del partido de Pablo Iglesias se gana todos los tickets de entrada a la sala del repudio.  La cómplice dice que es necesario priorizar las respuesta a la crisis social y evitar que la población siga sufriendo las sanciones económicas impuestas al régimen.

Al menos habló de elecciones, la española representante del partido chupapetrodolares de Pablo Iglesias. Aunque supongo que se referirá a elecciones parlamentarias, que es lo único que el régimen madurista ha dicho  que procedería para el próximo año.

Mala pata lo de Borrell. Que venga el alacrán y que lo pique a él.

Retomemos mejor lo de la declaración de Elliot Abrams, quien con firmeza, en sentido correcto, habla del incremento de las sanciones y las presiones para llegar al punto en el que Maduro, sin truco ni más criminal propósito de perder tiempo, mientras aumenta la crisis humanitaria venezolana, posibilita un mecanismo de salida.

Dijimos que el anuncio del aumento de presión no parece nada nuevo ni alentador, pero otros asuntos dan para pensar más profundo. Rusia y China saben que Maduro tiene que irse. Rusia y China ya no le prestan dinero al régimen venezolano porque saben que les van a robar. Aunque Rusia y China no han retirado el apoyo político al dictador, según se infiere de lo dicho por Abrams, pareciera que igual van a ser elementos desencadenantes en un futuro no muy lejano.

Y hasta es de celebrar que no haya dado pista alguna sobre las conversaciones con el liderazgo opositor venezolano, con lo que se infiere que la línea de sintonía permanece entre el equipo de Guaidó y el de Donald Trump. Y no dijo nada porque en Venezuela no hay seguridad ni libertad. Ahora sólo opera el régimen por vía de la amenaza, el dinero y el exilio, para poder evitar la reelección de Guaidó en el Parlamento, piensa Abrams, en su declaración antesala  de lo que será la agudización del cerco a Maduro, porque representa, en el marco del Foro de Sao Paolo para la seguridad continental, y en el marco de una galopante crisis de refugiados, demasiada cosa mala como para rendírsele o darle cabida a perpetuarse.

Y fíjense cómo es de grave la cosa con el régimen que subyuga a Venezuela, que la Sra. Nancy Pelosi, la jefa de la bancada demócrata en el Congreso de los Estados Unidos, si bien es enemiga acérrima de Donald Trump, al extremo de haberle declarado juicio político en la Cámara de Representantes, sumó los votos de su bancada para la aprobación de la Ley Verdad, en la que se formaliza, se institucionaliza, el apoyo de su país a la causa de la liberación de Venezuela.

Pero es que además de la Ley Verdad, el Senado de Estados Unidos había incorporado en la víspera unos 400 millones de dólares al presupuesto ordinario de la nación para seguir apoyando la gestión encabezada por el presidente encargado Juan Guaidó. Fundamentalmente hay disposición económica para dar soporte humanitario, no sólo a los venezolanos, dentro de Venezuela, sino también a quienes se han ido, más de cuatro millones y medio de personas.

Y ya les había hablado de Rusia y China. Pues la Ley Verdad extrema la posibilidad de sancionar a quienes sigan ofreciendo soporte al régimen madurista. Rusia y China expresamente incluidos.

Aunque le pique la cosa al ocupante de Miraflores, este apoyo vale agradecerlo a sus principales propulsores, los senadores Bob Meléndez, demócrata, y el republicano Marco Rubio.

Al presidente Donald Trump habrá que esperarle. Por los momentos se descarta la prosecución del juicio político en su contra, dado su fortín republicano mayoritario en la cámara alta del Congreso. Pero también, desde este momento, porque sin duda al entrar el 2020, una medida de su parte en pro de la defensa nacional de los Estados Unidos, puede resultarle puntos a favor para su reelección y  asegurarle, por ejemplo, el estado de Florida, con su voto latino, ahora muy cubano venezolanizado. ¿Qué hará?

La presentación, esta semana del informe del Instituto Casla, justo el día en que la alta comisionada de los derechos humanos de la ONU, Michelle Bachelet, informaba al mundo que en Venezuela sigue imperando el terror, pueden ser asuntos que agraven un expediente que en algún instante se presente para justificar medidas más fuertes frente a Nicolás Maduro y su casta.

Donald Trump sabe que las torturas crueles a manos de cubanos importados por Maduro para su terror en las mazmorras, incluyendo abusos sexuales de los que no son exentos niños ni ancianos, son delitos frente a los que el mundo no puede permanecer indiferente.

Donald Trump sabe que si la ONU, por boca de Bachelet, sigue señalando que el régimen no le paró en nada a sus recomendaciones sobre la eliminación de las Fuerzas de Acciones Especiales, Faes, que están señaladas directamente de las ejecuciones extrajudiciales que están acabando con la vida de miles de personas, y tantas otras violaciones de derechos humanos, el mundo no puede, no debe, seguir siendo tibio o indiferente.

Y ahora, debe creer más, digo yo, por el informe de Transparencia Venezuela,  que este territorio está no sólo bajo el yugo de un régimen violento, corrupto y criminal, sino que en él campea la acción de las Farc, el ELN y bandas criminales de distinto tipo, que ejercen control pleno, por sobre los derechos de la gente a vivir en paz y sólo bajo el imperio de las leyes y de la justicia.

¿Qué hará Donald Trump con esa carta poderosa, muy poderosa en tiempos electorales? Bueno, si lo supiera, seguro que les contaría qué y cuándo. Lo que si estoy dispuesto a apostar es que por lógica elemental, de que algo va a hacer, algo va a hacer.

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