La estupidez sin rango y de verde oliva siguió resistiéndose

No es la primera vez que ocurre. Hace algunos años un coronelote, cada vez que había manifestaciones en la avenida universidad, o en la avenida Baralt de Caracas, cerca de algunos poderes públicos, no solo se escondía detrás de barricadas de metal y hasta de mujeres guardias nacionales cargadas de bombas lacrimógenas. El tipo colocaba un equipo de sonido enorme, y dejaba sonar música de Alí primera, mientras bajo sus órdenes se reprimía a manifestantes.

No conforme con la música que le gustaba a Chávez, el tipo de suma estupidez tomaba un micrófono o un perífono y empezaba a lanzarse unos discursos que no eran más que el remedo de lo que le oía a su amo Hugo Chávez en cadenas de radio y televisión.

A lo lejos pensaba yo que el tipo había encontrado una de las más eficientes formas de tortura. Porque unir gas del bueno, de ese que su jefe le había mandado a echar a los estudiantes, con detenciones arbitrarias, y una hemorragia discursiva de pistoladas chavistas, era el colmo del martirio.

Carente de creatividad, que ya haber pautado para este jueves una supuesta marcha internacional de la juventud al paseo los próceres era bastante penoso; Nicolás Maduro o algún jalamecate del tipo, quiso emular lo del coronelote aquel que torturaba con sus discursos como cantándole a las míseras represiones que ordenaba.  Unos tipos despojados de rango militar, vestidos de verde olivo, recibieron a algunos estudiantes que habían salido en marcha desde la Universidad Central de Venezuela.

Que aquí no se reprime a la gente. Que los militares no son como los de Chile y los de Bolivia. Que el problema de Venezuela son las sanciones internacionales. Que Donald Trump es enemigo del pueblo venezolano, y de ahí en adelante si hago un chorizo de estupideces, igual podré suponer que estaba en la cabeza de estos supuestos militares.

Tontos útiles, quienes sin identificación ni distintivos de jerarquías para hablarle paja a los estudiantes, no se dieron cuenta de que en realidad su estampa daba cuenta de que quienes en realidad nos preocupamos, con sinceridad, por la fuerza armada venezolana, entre otros asuntos denunciamos la pérdida de su disciplina, de su honor general, de su respeto, de sus principios y valores relatados por la Constitución; así como los confundidos con guasones estaban sin portanombres, sin grado en sus rebillas, esmirriados, desdibujados, convertidos en nada.   Así no puede ser nuestra Fuerza Armada.

No obstante la comiquita mala que menciono, al menos debo reconocer como bueno, que si bien hubo amenazas de represión en varias partes de Venezuela, la protesta sostenida de los estudiantes fue un visto bueno en una agenda, que el mismo líder opositor, el presidente interino Juan Guaidó, explica como vía a lograr que oyendo la voz del pueblo de verdad, cada vez sean más los civiles y militares que decidan no acompañar más la usurpación colmada de abusos y corruptelas encabezada por Maduro.

Los estudiantes de hoy, son legión que deriva de aquella que en 2007 insurgió cuando el cierre de radio caracas televisión exigiendo respeto a la libertad de expresión, misma de la que brotó el camino por la libertad emprendido  por nuestro actual presidente encargado de le república.

Y el transcurrir pacífico de la protesta estudiantil este jueves abona mucho el camino hacia la comprensión plena de que aquí nadie pide plomo, ni golpe de estado, sino una decisión pacífica, legal y constitucional, de los hombres en armas y aún bajo el mando de Maduro. No reprimir, no perseguir, no disparar, no torturar más al pueblo en su legítimo derecho a exigir el cese de la usurpación, porque la usurpación , si es asunto conspirativo, pues será de quien la ejerce y no de quien la denuncia y enfrenta.

El pueblo estudiantil venezolano llevó un mensaje a los militares. Y es que hace falta que los militares entiendan que es la hora de que abracen la constitución nacional y abandonen el yugo que está además comprometiendo el futuro propio y el de sus semejantes.

Bien por los estudiantes. Ojalá pronto digamos, bien por los militares.

Es la pura verdad, duélale a quien le duela.

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