¿Por qué Bolivia enciende la luz?

Foto: Cortesía

Porque para ser líricos con una respuesta inicial, se trata del país bautizado con el nombre de un auténtico Libertador, Simón Bolívar, dictador para la guerra y finalmente cátedra humana de la fundación institucional de la República.

Mesa y Camacho no son unos bandoleros, como los quieren pintar el renunciado mandatario Evo y, por citar a dos de su estirpe, Nicolás Maduro y Diosdado Cabello. Ni lo ocurrido fue un golpe. En Bolivia esos dos nombres son muestrario de que sin extravío la razón es la razón, que en este caso y hasta por sobre de una revisión de actas pautada en la Organización de Estados Americanos, se centró en que el malamañoso presidente había llevado a cabo una estafa electoral, que en  cualquier parte del mundo significa violar el derecho humano a elegir y, en consecuencia se debe pagar con caros castigos.

Hubo el domingo en la noche quien ensalzará la actitud de Evo Morales, porque dio la cara y renunció. En ese aspecto me alineo. Sólo que me imagino que el tatequieto de las fuerzas policiales, el corrientazo de una fuerza armada que no sólo se negó a atropellar al pueblo, y la caída como naipes, renuncias de por medio, de ministros y parlamentarios, dejaron al chupadólares sin salida.

Chupadólares llamábamos al avión presidencial Airbus que se compró Hugo Chávez en 2002. Pero por lo sanguijuela que fue con los recursos venezolanos para que en Bolivia replicara una desgracia como la de nuestra nación, también a Evo podemos llamarlo así.

Claro que su renuncia, por de pronto, se imagina uno, significa menos sufrimiento, persecución, lesiones y muertes al pueblo boliviano; pero con dos deditos de frente, pensando un poquito, significa también que de Evo para abajo no querrán una suerte como por tantas violaciones a los derechos humanos, desde las estafas electorales y hasta los crímenes atroces de sangre, tienen tallada en la frente sus auspiciadores que subyugan a Venezuela.

El mal menor para él, la renuncia. Los cargos por los que se le juzguen, que sean ventilados y procesados con la mayor transparencia como para que no quede duda. Y que Mesa y Camacho, de irreductibles hoy, logren ser puerta de entrada a una era en la que la unidad, la eficiencia, la solidaridad social y la inteligencia para gobernar hacia un progreso sostenido, impidan reveses tan fatales como el de Nicaragua o tan inciertos como el de Argentina.

Inspira mucho lo de Bolivia porque además en las apuestas pesaba más la posibilidad de un derrocamiento al gobierno democrático de Chile, que la renuncia de un dictador en Bolivia. La calle y la unidad hablaron, insistieron y triunfaron en la tierra nombrada como Bolívar.

El Libertador, por mis creencias logro imaginar, debe estar gozando un triunfo popular por sobre quienes han traficado con su nombre y lo han secuestrado para oprimir a sus pueblos. Bolívar, el gran venezolano, seguro está pendiente de saber qué hizo su tierra natal el próximo 16 de noviembre, fecha en la que un chamo treintón como él, en tiempos de sus mayores glorias, ha convocado a la calle contra la usurpación.

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