Si seguimos así va a ser mucho más difícil…

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Diosdado Cabello, número 2 del régimen que hostiga a Venezuela, se ha hecho un festín esta semana con los extremos a los que ha llegado la confrontación entre grupos opositores, más aún, cuando después del caso de la destitución del embajador Humberto Calderón Berti, sobrevino el caso de los diputados que habrían traicionado la lucha por la libertad, a cambio de prestarle servicios a personajes señalados por graves casos de corrupción, específicamente en la importación de alimentos y los supermercados Clap.

Y digo que ha hecho un festín el tipo, no sólo porque las acusaciones que van y vienen entre grupos opositores le sirvieron como nunca antes de producto valiosísimo para su escatológico programa de televisión, sino que además el saldo le es positivo como vicepresidente del partido madurista, por sembrar más intriga y por alzarse con el trofeo del “divide y vencerás”.

Sólo por eso, y entendiendo yo que los venezolanos de bien enfrentamos realmente una guerra declarada por estos tipos, entre quienes cuenta la confesión de Delcy Rodríguez, de estar adelantando una venganza contra todos nosotros; comparto con ustedes lo siguiente: han sido pésimamente manejados estos temas, que son muy graves, si, pero que justamente por eso jamás debieron tornarse en lo que ahora son, armas para el enemigo.

Y no estoy diciendo que esos casos hay que ocultarlos, que hay que callarlos. Lo que estoy diciendo es que prácticamente todos los factores opositores y los que se dicen más opositores, y los que se llaman otra clase de oposición, todos, terminaron siguiendo al pie de la letra la cartilla de lo que no debió hacerse.

Si quieren, que se molesten todos con este servidor, pero por silencios de unos, por escándalos de otros, por decisiones poco inteligentes sin tomar en cuenta a la opinión pública, y tanto más; ha crecido el número de personas que no creen en nadie, que generalizan al decir que el régimen y la oposición son la misma porquería, que aquí no hay nada más que hacer si no vienen fuerzas extranjeras a repartir plomo contra el régimen y contra quienes han dirigido políticamente la contra.

Dejo claro que es de felicitar el rigor, profesionalísimo,  hasta para exponer documentos y relatar el oficio de su indagatoria, de los colegas periodistas de Armando Info, que han ventilado un caso sin ejercer de jueces, aunque sin esconder conclusiones de su investigación.

El trabajo sobre el intento de unos nueve parlamentarios de lavarle la cara a los empresarios ligados, por lo sencillo, a casos de corrupción grave en la importación de alimentos para el gobierno de Nicolás Maduro, iba a ser publicado, y mucho más cuando los colegas de Armando.Info sufren desde hace muchos meses un forzado exilio, justamente a causa de amenazas de este grupo ligado al régimen, con vara alta en los tribunales de Maduro, de llevarlos tras las rejas por cumplir el deber de informar.

El silencio político que se habría guardado por muchos meses, y el estruendo político desbocado de casi todos los sectores, sapos y culebras de por medio, acusaciones tan o más graves que las que se hacen al régimen que arruina a los venezolanos, a partir de la publicación del reportaje hace una semana, le dan vigor a la dictadura.

En este caso, no luce inteligente, ni tácticamente correcto el nombramiento de una comisión investigadora en la que resaltan nombres que justa o injustamente, pero en todo caso objetivamente, atraviesan por muy serios cuestionamientos en la opinión pública.

Esa es la verdad. La fuerza de la decisión de investigar, caiga quien caiga, se debilitó por esos nombramientos, que suman, desgraciadamente suman, a la sensación, muy mala por ser generalizadora, de que la oposición le ha dado un golpe bajo al sufrido pueblo de Venezuela.

Ese cabildeo en Colombia y en Estados Unidos para que alguno no fuese objeto de sanciones internacionales y otros salieran de las listas de sancionados, será un crimen del que comprobadamente lo haya llevado a cabo. Pero la oposición venezolana, la inmensa mayoría de almas buenas que claman y luchan por cambio, no puede reducirse a la vendetta de unos pocos.

Gracias, amigos periodistas de Armando.Info, además por decir cuántos son, quiénes serían, y por qué ustedes los señalan de venderle el alma al diablo. Son totalmente un contraste con algunos altos dirigentes políticos, que cada vez que agarran rabietas por las pugnas internas y desde hace mucho tiempo, salen diciendo que hay gente cogiendo plata, que hay gente negociando con el gobierno, aunque nunca precisaron quién y por qué.

El presidente interino Juan Guaidó, que tenía cero por ciento de popularidad a finales de 2018 y que por asumir con valentía sus compromisos el 23 de enero llegó a escalar por sobre un 60 por ciento,  venía recuperando un descenso de hasta 20 puntos por el desgaste que le causa una lucha que no ha podido lograr el cese de la usurpación.

La más baja puntuación, la de Datanalisis, antes de estos escándalos le registraba rebotando desde un 40 a un 43 por ciento. Pronto es para saber una nueva realidad estadística, pero sería cosa de imbéciles no asumir que Guaidó ha sido lesionado.

Más, cuando en medio de la estrambótica reacción a la publicación de Armando.Info, los señalados, en el mejor de los casos los sospechosos, han terminando acusando de corrupto al presidente interino y amenazando el acuerdo político que podría garantizar su permanencia en la presidencia de la Asamblea y en la presidencia interina, a partir del 5 de enero.

Lo dicho:  Maduro, Cabello, Los Rodríguez, el régimen en general hacen festín al extremo de la burla. Y en suma medida se burlan también del descorazonamiento del confundido pueblo opositor al que llegan a decirle que se vayan al Partido Socialista Unido de Venezuela:  ¡Válgame Dios! ¡Qué insulto!

¿Y Maduro? Pues jactancioso sentencia que Guaidó se autonoqueó y que lo que le espera es la cárcel. ¿En serio?… No lo hará,  no lo llevará a la cárcel, porque por más que el momento es para nosotros espinoso, sabe que Juan Guaidó tiene el don de la persistencia, el apoyo de más de 60 países, y siempre viva la posibilidad de levantarse y sorprender, con eso de sacudirse las pesadas cargas y liderar las luchas por venir.

II

La remoción del embajador Calderón Berti, fue también combustible para el incendio. Malazo el tratamiento que se le dio.

Y no estoy diciendo que fuese inamovible, pero es que para comenzar, las formas cuentan y los fondos, las razones, si no se aclaran, dan cabida a todo tipo de especulación y a que el régimen enemigo monte carpa y espectáculo.

No lo digo yo solamente. Que Calderón Berti no es un nombre al que se puede despachar con una carta de gracias y adiós. Que el hombre tiene prestigio mundial. Que no ha sido poco en referencia de hombre digno, de gerencia, y de política con “p” mayúscula. Que entre los nombramientos que hizo Guaidó en el mundo, el de Calderón para Colombia   fue de lo más celebrado.

Entonces, quien aconsejó ese despido de esa manera, aún habiendo motivos para prescindir de sus servicios, metió la pata hasta el cuello. Y es la verdad. Así se moleste quien se moleste. Es la verdad.

Luego el silencio. ¿Quién recomendó el silencio? ¿Quién creyó además que el doctor Humberto Calderón Berti no iba a hablar después del despido, y particularmente ese tipo de despido? ¡Por Dios!

Estalló la bomba, que termina también empeorando los niveles de confianza en la oposición toda, y dividiendo a los que le hacen frente a un régimen cruel y abiertamente corrupto. ¿Y hacía falta este episodio? ¿Acaso traía consigo algo nuevo?

Dado que no se ha terminado de explicar  cuáles son las razones del retiro del embajador en Colombia, pues reinó la suposición de que aquella medida tuvo que ver con las denuncias hechas entre marzo y abril sobre el supuesto despilfarro de unos recursos que se debieron usar para atender la situación especial de los militares que pasaron la frontera hacia Colombia el 23 de febrero y le dieron la espalda a Nicolás Maduro.

Bueno, y en vez de que se abra una guerra fratricida opositora con esto, ¿no cabe esperar que la Procuraduría colombiana, que la justicia colombiana, a la que dice Calderón Berti que elevó esa denuncia, diga realmente qué fue lo que pasó?

¿Las molestias por las designaciones en la empresa Monómeros, no las conocíamos ya? ¿La opinión de Calderón Berti sobre las negociaciones auspiciadas por Noruega, no las conocíamos ya? ¿El caso de la intoxicación de un diputado en Cúcuta, la muerte de su primo asistente y las circunstancias que rodearon esa tragedia, no las conocíamos ya?

No entiendo la conseja del silencio y mucho menos la búsqueda de semejante turbulencia, que afecta sin duda la confianza de los venezolanos en sus dirigentes, porque el daño es general. No es que hay ganadores en esta trifulca. No se entiende y más, cuando es la justicia colombiana la que nos deberá contar lo que ocurrió.

Calderón Berti dice no saber ni cuánto dinero era, ni de dónde venía.  Por aquella época se hizo un arroz con mango entre dinero para los militares y dineros para ayuda humanitaria; por estos días la propia agencia Usaid dejó claro que jamás ha dado recursos para el manejo del gobierno interino… pero en resumen, nada quedó claro.

Sé, de sobra, que habrá quien se moleste porque con sinceridad haya dedicado esta primera nota editorial del programa a cuidar el proceso de lucha por el cambio, a protegerlo de golpes a su credibilidad, a pedir cordura y mayor inteligencia estratégica contra un enemigo que ha arruinado nuestras vidas y que esta semana se goza nuestros errores.

Habrá quien se moleste porque yo piense ,que a pesar de todas las ramas malas, que se tendrán que aislar con gran sabiduría, la unidad es un árbol del que respira la esperanza de recuperar la libertad. Y hay que cuidar a la unidad que no es sólo de partidos, sino particularmente ciudadana, y en torno a Juan Guaidó se rearmó y se movió este año, porque en 2018 estaba aniquilada, es cierto, estaba aniquilada.

A quien se haya molestado mucho además, finalmente dejo el recordatorio, y para bien, siempre para bien, de uno de los pensamientos de Simón Bolívar, que pronunciaba todos los días, por allá en 2007, cuando con los estudiantes luchábamos por la libertad de expresión, luego del cierre de Radio Caracas Televisión:

“El que manda debe oír aunque sean las más duras verdades, y luego de escucharlas valerse de ellas, para corregir los males que generan los errores”.

Vamos Pa´lante. Juntos.

III

La reunión del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca el pasado martes 3 de diciembre en Bogotá, en lo personal, arrojó resultados incompletos. Y lo digo, no porque estuviera esperando que se decidiera la intervención por la fuerza militar en Venezuela, para lo cual está facultado el foro, sino porque esperaba más de sus órganos de inteligencia.

Es verdad que 29 funcionarios chavomaduristas fueron incluidos en una lista de sancionados y que en concreto, no podrán ingresar ni transitar en territorio de los 12 países signatarios del tratado.

Es verdad que en esa lista se registra a Nicolás Maduro, su esposa Cilia Flores, el número dos Diosdado Cabello y otras personas, incluso Alex Saab, sancionado antes por Estados Unidos, y aparentemente cabecilla de toda la movida de compra de diputados opsitores que ha estremecido a Venezuela esta semana.

Es verdad también que con esto del Tiar, quienes no habían querido expedir sanciones al régimen venezolano ya comienzan a hacerlo; pero en serio que yo esperaba ya que los organismos de inteligencia criminal y financiera hubieran presentado resultados más claros, sobre narcotráfico, lavado de dinero, contrabando de oro, de diamantes, de coltán, de involucramiento en la ola desestabilizadora de las democracias que a cuestas lleva una estela de sangre por esa suerte de guerra de mediana intensidad desatada en el continente; de afiliación a grupos terroristas del mundo entero. Nombres, apellidos, circunstancias.

Por ahora, siguen burlándose Maduro y sus acólitos, Por de pronto, esperemos que en la próxima reunión, vengan los expedientes sobre la mesa, que comprueben, que la permanencia de este régimen en el poder es ciertamente una amenaza a la seguridad del continente y de buena parte del mundo. Que no es exageración, por lo que los tiempos apremian.

IV

Mike Pompeo, el secretario de estado estadounidense habló unas horas antes de la reunión del Tiar, lo cual significó una buena retoma de nivel de vocerías para el caso venezolano. La semana anterior habían hablado el delegado especial Elliot Abrams y el jefe del Comando Sur, Almirante Craig Faller.

Algunos medios voltearon la tortilla con su declaración. Y muchas redes sociales de laboratorio contra el mundo libre agravaron la cosa, dejando ver que Estados Unidos aminoraba su apoyo a la causa de la libertad venezolana, al punto de que Pompeo retiró plenamente la opción militar de entre las posibilidades.

Es verdad que desinfla oir a Pompeo decir que algún día, que algún día, caerá Maduro. Pero es cierto, primero porque ese día va a llegar, y luego, porque no depende fundamentalmente de Pompeo, sino de nosotros mismos, de nuestra fuerza, de nuestra constancia y de nuestra unidad, que está hoy golpeada, pero que sin duda, ni está muerta, ni anda de parranda.

Mike Pompeo dijo exactamente que todas las opciones siguen sobre la mesa y que dado el impacto que tendría una intervención armada, por ahora se sigue apretando el cerco a Maduro cortándole su acceso a financiar su régimen corrupto y de terror. De hecho, apenas unas horas después de lo dicho, Estados Unidos sancionó a seis buques hallados en la violación de las restricciones petroleras al gobierno oprobioso de Venezuela.

Y recordemos que la semana pasada unimos para confeccionar una alerta, el que Donald Trump decretó el que los carteles mexicanos de la droga son organizaciones terroristas, como lo son las narcoguerrillas colombianas sobre las que huelgan datos de su albergue, protección y sociedad de negocios con el régimen venezolano.

También la semana pasada los militares estadounidenses denunciaron que en el negocio del narcotráfico continental el grupo de Maduro tomaba tajada como el transportista más seguro por aire y por mar…

Por eso digo yo, que los órganos de inteligencia de los doce países del Tiar, deben darse prisa con esos expedientes repletos de pruebas. Y no es que al llegar ese caudal de información probada se desate la guerra en Venezuela. Es que, entre la espada y la pared, verdaderamente entre la espada y la pared y hasta con un ultimátum de un foro que tiene atribución de intervenir, una cosa será la risita y la burla de hoy, y otra será la respuesta de un régimen obligado a pactar por las buenas su salida.

Por ahora, Maduro y Cabello, dicen que no son 15.000 los fusiles nuevos para sus milicias. Que son más de tres millones de armas, las que han repartido entre sus incondicionales.

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