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Urgente cuestionario para Biden

Echadas las cartas en Estados Unidos, aunque reste ver el desenlace de los procesos judiciales iniciados por la causa Trump, llegó la hora de tomar apuntes sobre lo que debemos esperar los venezolanos.

Joe Biden debe dejar claro, y de la manera más inmediata, que ni llevar a su país al más mínimo riesgo de ser una potencia en manos totalitarias, ni ser un gigante que ampare a estructuras políticas criminales, serán signos de su gobierno.

Cuando en septiembre sentenció que respecto de Cuba y Venezuela, Donald Trump había fracasado, y que su eventual plan de gobierno consistiría en volver a la "línea Obama", generó grandes dudas.

Es verdad que Obama fue el primero en decretar que el régimen de Nicolás Maduro
representaba para su país una amenaza inusual y extraordinaria, pero los hechos posteriores fueron de todo, menos de contundencia en la promoción de un cambio.

En los meses finales de 2016, cuando a sus tantos delitos Nicolás Maduro sumaba el de haberle robado a los venezolanos el derecho a juzgarlo políticamente en un referendo revocatorio, Obama y el Papa Francisco le echaron agua helada a un pueblo que "hervía", reclamando sus derechos contra el mandón abusador.

Ese anuncio de diálogo auspiciado, según se anunciara, por El Vaticano, incluso paró en seco una convocatoria a una marcha gigantesca hacia las sedes del gobierno en Caracas. Obama fue el gran promotor, y Nicolas Maduro el más beneficiado.

El régimen venezolano logró tiempo a su favor y, como siempre, se burló de unos acuerdos que supuestamente consistían en el freno a la represión, la liberación de los presos políticos y el respeto a la construcción de un camino hacia una solución electoral libre, justa y verificable.

En 2017 el régimen venezolano, para favorecer sus negocios y omitir todo control
parlamentario, decidió usar a sus magistrados del Tribunal comandado por Maikel Moreno para darle un más contundente golpe de estado al legítimo poder legislativo, y a raíz de ese acto se desató tal ola represiva y criminal, que hoy mismo forma parte importante de las acusaciones contra Maduro y sus colaboradores en las Naciones Unidas y en le Corte Penal Internacional.

Joe Biden ha sostenido que en los cuatro años del gobierno de Trump, el pueblo de Venezuela se hizo más débil y sufrido, mientras que Nicolás Maduro se hizo más fuerte.

En esos cuatro años (2017-2021), Nicolás Maduro comandó acciones que costaron la vida a centenares de protestantes, violó la constitución al robarle nuevamente al pueblo el derecho a decidir (ahora sobre si quería iniciar un proceso constituyente), creó a su medida una ilegal asamblea constituyente para atasajar a la legítima Asamblea Nacional, se robó los partidos políticos más importantes de la oposición, trampeó brutalmente todos los procesos electorales y hasta se coronó "reelecto".

Es cierto que el pueblo se hizo más débil, porque en ese período se produjeron varias olas de éxodos masivos, habida cuenta de que Maduro había arruinado plenamente a Venezuela y cerraba toda posibilidad de solución pacífica.

Y es ahí, en esa coyuntura, en la que por hambre, por enfermedades y por ruina, comienza a hablarse en Venezuela de una agravada crisis humanitaria, que la administración Trump comienza a presionar por la salida de Maduro con las sanciones, no fue antes.

De modo que Biden, si frente a la catástrofe humanitaria que se vive hoy en Venezuela,
piensa que en realidad Maduro está más sólido; como quiera que ya lo calificó de dictador, deberá aclarar pronto si va a mantener las sanciones ideadas para forzar la aceptación de un mecanismo como el que se había propuesto (Marco de Transición a la Democracia), o volverá al plan Obama, que reoxigenó al régimen totalitario.

Si va a aplicar una tercera opción, sería muy bueno, incluso para su país, que tenga en cuenta el sentido de urgencia que debe darle a la resolución de un problema, que ya radica en Venezuela, frente a las costas estadounidenses, a los más importantes enemigos políticos y comerciales, además de organizaciones del terrorismo y el narcotráfico; según se apunta de los auxilios por los que sigue de pié Nicolás Maduro.

La ruina de la actividad de producción y refinación de crudo en Venezuela, fue cosa previa a las sanciones, y de hecho a Hugo Chávez y a Maduro se les acusa de haber destruído a Petróleos de Venezuela y haber dilapidado la mayor fortuna que en toda su historia hubiera tenido la República por causa del negocio de los hidrocarburos.

¿Mantendrá Joe Biden el embargo internacional a las transacciones petroleras que tengan que ver directamente con el régimen de Nicolás Maduro?

Luego que en Venezuela se arruinó el principal negocio, el régimen acudió a una nueva fuente de extracción, en el tristemente célebre arco minero, que hoy afecta a casi el 50 por ciento del territorio, y que se ha convertido en un ducto de operaciones ilegales de oro, coltán, diamantes y muchos recursos más, añadiendo que representa también un grave expediente de crímenes ambientales y desplazamientos y exterminio de poblaciones nativas.

¿Va a mantener Joe Biden los embargos a las transacciones de estos recursos por vía del
régimen madurista, y va a mantener también la vigilancia y contención de las operaciones de contrabando del oro y los diamantes de sangre, en las que participarían grupos armados terroristas del más diverso origen?

En 2020 el Comando Sur, bajo instrucciones del presidente Donald Trump, encabezó una
operación naval en aguas del Mar Caribe, en la que se supuso que se atacaría al crimen
organizado, particularmente el narcotráfico, que estaba aprovechando las circunstancias de la pandemia para fortalecer a sus estructuras, incluyendo supuestamente a regímenes como el de Venezuela.

¿Mantendrá Joe Biden ese apresto operacional, e incluso la tesis de que pudiera estar
mandando en Venezuela, no solo una dictadura, sino una estructura inoculada por el narcotráfico?

Una a una, las preguntas sobre lo que será el trato que Estados Unidos dará a la catástrofe humanitaria, política y de seguridad hemisférica, que se vive en Venezuela, podría obligar a escribir una lista muy larga.

Por lo pronto, dadas las fechas y eventos pautados en el complicado calendario venezolano, Joe Biden debería aclarar este pequeño cuestionario:

1. ¿Considera usted que el evento electoral pautado por el régimen de Maduro para
supuestamente escoger una nueva Asamblea Nacional este 6 de diciembre, es un fraude?

2. ¿Considera usted que la institución de la presidencia interina es legítima y debe ser
reconocida por su gobierno hasta que cese la usurpación en Venezuela y un nuevo gobierno transitorio lleve al país a elecciones presidenciales libres, justas y verificables?

3. ¿Considera usted que si el evento del 6 de diciembre es un fraude, su gobierno deberá reconocer la vigencia de la actual Asamblea Nacional, hasta que se celebren elecciones parlamentarias libres y verificables?

En Estados Unidos, las respuestas a estas preguntas también serán una guía de lo que se viene, luego de tan ruda campaña electoral, en la que a juzgar por los resultados en Florida, algo caló el discurso de que Biden pudiera representar un peligro para la libertad y la democracia.

Ojalá aclare todo rápido el señor Joe Biden, y que si de rectificar la política de Trump se trata, halle una fórmula mucho más efectiva, que finalmente ayude al cambio en Venezuela, en vez de darle tiempo y recursos a quien arruinó la vida de tan maravillosa nación.

Será de felicitar al presidente Biden, que su triunfo, sea en realidad algo bueno para el triunfo que sueña la inmensa mayoría de los venezolanos.

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