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Príncipe Harry admite que vivir en realeza es una "mezcla entre show y un zoológico", y que prefiere California

Vanguardia reseña que la nueva vida del príncipe Harry en California le ha abierto un mundo de posibilidades insospechadas. Sin duda se siente más libre y relajado en el mundo del espectáculo que en la encorsetada corte británica. De ahí el rap que se marcó en su recorrido en bus por los Ángeles tomando el té con James Corden en The Late Late Show. Este programa precedió a la escandalosa, a la vez que relajada entrevista que los duques de Sussex concedieron a Oprah Winfrey.

Ahora Harry da un paso más en sus arranques de naturalidad y ha dejado a más de uno con la boca abierta tras su intervención en el podcast Armchair Expert, presentado por los actores Dax Shepard y Monica Padman. El príncipe acudía para promocionar su nuevo proyecto con Oprah. Pero en la hora y media de charla aceptó preguntas sobre todo tipo de temas, desde sus primeras citas de incógnito con Meghan Markle, hasta cómo era realmente su vida en el seno de la familia real británica.

En este programa que cada lunes y jueves invita a un personaje célebre para hablar de aspectos que celebran "el desorden del ser humano" y tratan el tema de la salud mental, Harry revela que su vida entre los Windsor era "una mezcla entre El show de Truman y estar en un zoo", en alusión a la película en la que Jim Carrey descubre que su vida es, en realidad, un programa de televisión.

El hijo pequeño del príncipe Carlos admite que ya había querido dejar la casa real cuando era un veinteañero por el sufrimiento que había vivido su madre en el seno familiar y por el acoso mediático que padeció la malograda lady Di. Esta razón, como ya ha explicado en otras ocasiones, también influyó para que los duques de Sussex se instalaran en América con su hijo, Archie. Quería evitar a toda costa que su esposa sufriera lo mismo que su madre.

Según Harry, las funciones reales “eran mi trabajo. Había que sonreír y aguantar. Sobrellevarlo. Tenía poco más de veinte años y pensaba que no quería ese trabajo, que no quería estar ahí. No quería dedicarme a eso. Mira lo que le ocurrió a mi madre, ¿Cómo voy a sentar la cabeza y tener una esposa y una familia cuando sé que va a ocurrir otra vez?". Asimismo, recuerda una de las frases que su mujer le dijo tras su experiencia en la casa real: "No se necesita ser una princesa, se puede crear una vida que será mejor que la de cualquier princesa".

Después reveló que Meghan, que había atravesado por una depresión tras su boda, le animó a buscar ayuda y a hacer terapia cuando vio que siempre estaba enojado. Según el príncipe, esta terapia le ayudó a "romper la burbuja" y a dejar de quejarse.

Harry se siente aliviado por haber puesto un mar de por medio entre él y su familia y en el podcast revela que su vida en Los Ángeles le ha permitido "levantar cabeza". "Me siento diferente, mis hombros están relajados, también los suyos [de Meghan]. Puedes caminar sintiéndote un poco más libre, puedo llevar a Archie en la parte trasera de mi bicicleta. Nunca habría tenido la oportunidad de hacerlo [en Inglaterra]".

Pero además de los altibajos por los que la pareja ha pasado, el príncipe ha recuperado anécdotas de una de sus primeras citas con Meghan, que hasta ahora no se conocían.

"La primera vez que Meghan y yo nos reunimos para que ella viniera a quedarse conmigo [en el palacio de Kensington], quedamos en un supermercado en Londres, fingiendo que no nos conocíamos, así que nos enviábamos mensajes de texto desde un pasillo a otro", explica en el podcast.

"Había gente que me miraba, me echaba miradas raras y se acercaba para decirme "Hola", o cualquier cosa. Le envié un mensaje diciendo: "¿Es éste el correcto?", y ella me dijo: "No, tú lo que quieres es papel de pergamino", y yo dije: "¿Dónde está el papel de pergamino?". Fue divertido".

El príncipe recuerda que él "llevaba puesta una gorra de béisbol, iba mirando al suelo, no sé cuántas veces he hecho eso [ir mirando al suelo] al caminar por la calle tratando de pasar inadvertido. Es como, oh, una señal de tráfico; oh, el perro de alguien. Y es increíble cuantos chicles ves (en el suelo). Es un desastre”.

Fuente: Vanguardia

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