Rebeca González, el ángel de pelo azabache que la televisión expulsó27 min read

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Rebeca González protagonizó la primera demanda de una actriz contra un canal privado de televisión en Venezuela

A los 4 años interrumpió un recital que ofrecía la artista mundial Berta Singerman en el Teatro Municipal. Brotó así la enfant terrible de la televisión venezolana. A los 18 años encendió unos cigarrillos explosivos en la cara de Amalia Pérez Díaz y a los 23 años entabló tres demandas contra Venevision. Esta es la crónica de la trepidante vida artística de Rebeca González, la actriz sobresaliente de la escuela Juana Sujo, la niña consentida de Renny Ottolina, la comadre de Carlos Andrés Pérez, la caraqueña de El Valle que sigue siendo tan desenfadada como Una muchacha llamada Milagros, aquella malandrita que protagonizara en los años 1970…

 

Un día, el  ángel de pelo azabache más bello de la televisión venezolana fue expulsado del paraíso de los famosos. Rebeca González se había rebelado contra Venevision, el canal que la consagró con sus dos mayores triunfos como actriz, Peregrina (1973) y Una muchacha llamada Milagros (1974).

Debo reconocer que así como me trataron muy mal en Venevision, también me trataron muy bien. Ellos cambiaron cuando los amenacé con la demanda”.

Era la primera vez que una actriz en Venezuela se jugaba su destino emprendiendo una disputa contra la industria de la producción teledramática. Al menos, con tanta repercusión mediática.

Desde la paz de su casa en La Tahona, en el municipio El Hatillo, donde nos recibe, admite que el desencuentro con la empresa Venevision pudo manejarse de un modo más reposado. Mantiene, eso sí, que sus exigencias fueron  –y siguen siendo–  legítimas.

Rebeca González
Rebeca González aparece en su caracterización de Peregrina

Aquel litigio de páginas y páginas de medios impresos constituye, según su convicción, parte de su legado para que ahora sean respetadas generaciones de artistas.

Le cortaron las alas durante el escandaloso episodio de 1975, pero la joven figura nunca extravió su vuelo. Su estrella tampoco perdió la esencia. Con los años aumentó el halo de leyenda que la envuelve desde entonces.

Rebeca González no repite vestuario

La demanda a Venevision fue por razones eminentemente de trabajo”, activa así su memoria Rebeca González. Creo que influyó mi juventud, pero yo tenía razón, querían aumentarme el sueldo y quitarme la asignación por vestuario”.

El contrato con la planta televisora estipulaba que la actriz no podía repetir vestuario ni calzados ni accesorios. Un tratamiento exclusivo para su talento excepcional.

 

Rebeca González
Rebeca González, niña prodigio del arte dramático.

Yo le explicaba a Ángel del Cerro  – productor y ejecutivo de telenovelas en Venevision  que esa decisión era un maltrato laboral, que me estaban devaluando, que yo era una trabajadora y que no podían hacerme eso. Era un despido injustificado. Ángel del Cerro argumentaba que los demás actores del canal y de RCTV habían comenzado a exigir el mismo privilegio”.

Rebeca González define a Ángel del Cerro como un ejecutivo de alto vuelo profesional,  impecable en muchas de sus observaciones, pero que en ese caso no resultó atinado. Recuerda que en cierta ocasión el jerarca de la telenovela le recriminó haberla visto en pantalla con prendas repetidas y, a partir de ahí, fue cuando el canal le colocó como asesora de imagen a la también actriz, hoy fallecida, Herminia Martínez.

Herminia, que se vestía tan bien, se encargaba de combinar mis prendas porque yo no lo sabía hacer. Era una jefa de imagen y yo estaba feliz porque siempre me llevé bien con Herminia y con doña Concha, su mamá”.

El canal y la actriz dejaron sin efecto el impasse. La protagonista había ganado la primera demanda.

El nombre de Rebeca González va primero

Dolida con el trato que comenzaba a recibir de la planta, sintió motivos para quejarse por segunda ocasión. Ahora, por el tratamiento de su nombre.  No aceptaba igualdad de crédito con la actriz Claudia Islas, a quien Venevisión había traído de México para incorporarla a La otra  (1975), la telenovela que, según la cronología de Rebeca González, sustituyó en el horario estelar a Una muchacha llamada Milagros.

Rebeca González
Rebeca González y Amelia Román en La rival.

Creo que el artista venezolano siempre debe estar de primero”, justifica las razones para oponerse a los ejecutivos. “Para resolverlo, en Venevision decidieron colocar el título La otra a la telenovela, porque en efecto cualquiera de la dos podía ser la otra”.

Así quedó resuelto un asunto que precipitó el final de una producción por demás accidentada.

A Rebeca González le rompen el contrato en la cara

A pesar de los ruidos en el camino, Rebeca González reapareció de forma estelar en Mamá (1975), al lado de la argentina Libertad Lamarque, en lo que representó su última telenovela para la planta.

Solo he sido una defensora de los derechos de los trabajadores del medio, he sido sindicalista, pero nunca he sido una diva”.

No todos pensaron así. Cansados de la piedra en el zapato que significó tanta reafirmación artística de Rebeca González –no ego, aclara– fue llamada a la oficina de Enrique Cuzcó. El influyente director de Venevision tomó el contrato en sus manos y lo rompió en la cara de la actriz. No se valoró que aún le quedaban dos años de vigencia. “Les dije que no había problema. Pero, sí había”.

Rebeca González

Explica que, al menos en la época de su mayor gloria, los canales estipulaban pagar por el uso de la imagen de un actor en el mercado internacional (regalías o royalties) una suma equivalente a la transmisión de la telenovela en al menos 4 países de la totalidad de países que lograra venderse. El resto, que era mayoría, iba para provecho de la empresa y de los ejecutivos.

En el caso de Una muchacha llamada Milagros la cifra resultaba jugosa porque se trataba de un producto, según cálculos de su protagonista, colocado en alrededor de 80 países.

Entendiendo mis derechos, yo les dije que como mi contrato había sido anulado por el señor Enrique Cuzcó, ahora tenían que pagarme no por los 3 o´ 4 países que el contrato indicaba sino por cada país donde salían mis telenovelas”.

Rebeca González
Rebeca González en dos imágenes. Una, con El Puma y la otra, con José Bardina

Su argumento era que al no existir un contrato, su imagen ya no era propiedad de Venevision sino de ella. Se planteó el tercer y más complejo pleito.

A partir de este altercado, pasó a ser la artista más incómoda de la industria. “Yo no diría que la artista sino la persona más incómoda”, evalúa de sí misma. “La gente y mis compañeros del canal no se me acercaban porque tenían miedo”.

“Los canales son los que provocan, yo no”

Cuenta que una vez fue distinguida con el premio Meridiano de Oro, de prestigio durante aquellos años de 1970, y la entrega de la estatuilla se realizaría en los estudios de Venevision, el canal que había prohibido su ingreso.

A mí esa negativa no me importó. Yo llegué con un traje precioso que me compré especialmente para esa ocasión y me senté en la caseta de Venevision para ver si me lo entregaban ahí, en la calle. Joaquín Riviera, que era muy inteligente, se dio cuenta y salió rápido a buscarme y me metió en el estudio grande del canal, donde todos –actores, técnicos, prensa e invitados– estaban cuchicheando”.

Rebeca González

Sentada como la estrella que era, fue llamada por Gilberto Correa, maestro de ceremonia de la gala, a recibir el premio y, para calmar la expectativa de tanta gente, pidió permiso para dirigirse a la audiencia durante un corte comercial.

Dije: ´Préstame el micrófono Gilberto´. Y él me lo dio. Entonces, manifesté: `Yo he venido a recibir el Meridiano que ustedes como público me están dando y que debo agradecer porque me tienen como figura emblemática, mas estoy en el canal que me botó a patadas, que me hizo la vida imposible y al cual sé que no volveré a entrar”.

Días después, cuando creía que cada situación estaba en su lugar, Gustavo Cisneros –presidente de Venevision–  llamó a su casa, cerca de las 9:00 de la noche. “Me dijo: `Rebeca, te ofrezco 500 mil bolívares, lo cual era mucho dinero, para que dejemos la demanda y salgamos dándonos las manos por televisión´”. No aceptó. La querella se saldó en tribunales. Rebeca salió airosa.

Rebeca González
En una muchacha llamada Milagros, José Luis Rodríguez se convierte en El puma

Contrario a su advertencia de nunca más cruzar las puertas del canal, la polémica artista volvió a entrar a Venevision. En 1997 formó parte de las actrices que el programa Sábado Sensacional reunió para rendir homenaje a la maestra del teledrama Delia Fiallo, de quien había protagonizado dos de sus historias.

Antes había sido panelista del programa Horángel y los 12 del signo, cuando la invitada fue la actriz argentina Libertad Lamarque. ”Enrique Cuzcó y Ángel del Cerro ya habían perdido el poder”.

Con la dimensión de los retos enfrentados, Rebeca González objeta a quien la descalifique por  su naturaleza provocadora. “Los canales son los que provocan, yo no”, corrige. “Como ellos tienen en sus manos los libretos, los escritores y las posibilidades creen que pueden hacer contigo lo que les da la gana y eso no es así. Solo exigí respeto y eso es parte de mi legado”.

Dónde surgió el espíritu rebelde de Rebeca González

Los enfrentamientos en Venevision no constituyen las únicas polémicas en la vida de Rebeca González. Le antecede una colección de confrontaciones en el medio.

Cuando solo tenía 4 años acudió al Teatro Municipal. Allí se presentaría la artista mundial Berta Singerman, una recitadora admirada por su padre, Héctor González. Eso no bastó para que la extrovertida Rebeca se levantara de la silla y protestara por el olvido de una estrofa de La loca Luz Caraballo, el poema de Andrés Eloy Blanco. “Yo me paré y le reclamé: `Señora, usted se comió una estrofa. Yo sí me la sé´”. La función se detuvo.

Rebeca González
Rebeca González debutó a los 3 años de edad en la televisión venezolana

Singerman, una rusa que había huido del nazismo y radicado en Argentina, invitó a la pequeña venezolana a que demostrara su vena de recitadora.  “Berta Singerman me dijo: ´Súbete al escenario, que yo te voy a ver ´”.

Poseída por su precoz vocación al desafío, Rebeca respondió: “`Con mucho gusto, señora´ y me fui al escenario y recité”. Desde ese momento se hizo adicta a la adrenalina de la ovación pública.

El explosivo desencuentro con Amalia Pérez Díaz

Artísticamente, Rebeca González nació casi en simultáneo con la televisión venezolana y cuando explica sus razones para ser actriz o cuando asoma su pensamiento sobre el medio se advierte en ella una disciplina profesional rígida. Casi tanto como, dicen, regía la actitud de Amalia Pérez Díaz, la actriz escuela de RCTV.

 “Yo fui de aquellos que no se sintieron felices trabajando con Amalia Pérez Díaz”, dice con un verbo rotundo para desestimar comparaciones. “Yo me crié prácticamente con Amalia Pérez Díaz; pero, tuvimos unas palabras muy duras cuando me dijo en una obra de teatro que yo como actriz era una niña de pecho (…) No volví a hacer la obra de teatro”.

La pieza se llamaba Lo que el mayordomo vio, del autor británico Joe Orton. En el elenco estaban incluidos Orlando Urdaneta y Belén Díaz. Doña Amalia pensó que podía sustituirme con cualquiera y no lo logró. La obra murió. Le demostré que no era verdad lo que ella decía”.

Las consideraciones de doña Amalia se habrían basado en que Rebeca González no se dejó condicionar durante la función que asistiría el doctor Rafael Caldera, el presidente para la época.

“Amalia Pérez Díaz nos quiso imponer que si alguien del elenco tenía en plena función un error mínimo tenía que pagar 2 bolívares y si un actor tenía un furcio (incorrección oral) tenía que pagar 5 bolívares y si a un actor se le caía algún objeto tenía que pagar 10 bolívares".

No estuvo de acuerdo con eso. "Eran multas que ella establecía porque ella era doña Amalia Pérez Díaz”. (Rebeca exagera su gesto en la boca mientras abre sus manos para pronunciar el nombre).

Rebeca González
Rebeca González en 2019 (Foto: Daniela Valentina Leal)

El dinero recolectado se utilizaría para celebrar luego de cada función en cualquier restaurante de la ciudad. “Yo no pagué nada. Aquel día llegó el presidente Caldera, se sentó, se abrió el telón y comenzó la función. Esa fue la última vez que se hizo”.

“Era una falta de respeto para el espectador, sabes por qué, porque en medio de la función, si a un actor se le caía algo, Amalia Pérez Díaz decía en la sala 5 bolívares y seguía con el parlamento de la obra. El público estaba escuchando eso de 2 bolívares, 5 bolívares, 10 bolívares. Llegaba Orlandito y hacía tal cosa y le decía en plena función 2 bolívares".

Cuenta que a mitad de función, en el intermedio, se dirigió al público: "`Señores, en nombre de la señora Amalia Pérez Díaz pido disculpas porque lo que se está haciendo no se debe hacer´. Yo soy una persona que respeta la actuación mía como la de los demás y al público que ha pagado su entrada para venir aquí, al teatro Alberto de Paz y Mateos. Nos vemos después del receso. Y la función continuó esa noche, pero fue sacada de cartelera. Doña Amalia y yo nunca más nos hablamos sino cuando coincidimos en el set de televisión”.

Rebeca González
Junto con Pepeto López y Orlando Urdaneta

Ocurrió que para esa misma fecha, ambas actrices conformaron el elenco de la telenovela Corazón de madre (RCTV, 1969), junto con Elio Rubens. “Ella era mi madre y recuerdo que yo fumaba cigarrillos de marca Lido y ella también. Pero un día llegó al estudio y dijo que había dejado el hábito. Sin embargo, a cada momento me decía `Rebeca dame un cigarro de los tuyos´, y dame otro y dame otro y dame otro. Yo estaba hasta aquí (se toca su cabeza). Entonces un día decidí ir a la Casa Mágica y compré cigarros explosivos. Cuando llegué al canal, me pidió cigarro y le dije: `Tome doña Amalia´. Se lo prendí, esperé que funcionara y eso empezó a explotar (Rebeca emite sonidos de explosivos).  Ella protestó diciendo `Esta Rebeca, cómo es posible que me haya dado cigarros explosivos´. Le respondí: `Es que yo los fumo así´”.

Rebeca González
La actriz ofreció cigarros explosivos a Amalia Pérez Díaz

Como era de esperarse, el hecho trascendió. Rebeca, previendo lo que venía, se adelantó y se dirigió a la oficina del señor Billy Phelps, directivo del canal y quien, según cuenta la actriz, le dispensaba simpatía. Le ofreció detalles de lo sucedido.

Dije que la señora Amalia Pérez Díaz se había quemado la cara y los ojos por unos cigarros explosivos que yo le había dado para evitar que me fumara todos mis cigarros y que por tanto esa noche no podía salir Corazón de madre porque me iría a mi casa y porque la señora Amalia estaba quemada”.

El señor Phelps habría dicho a Rebeca González que antes de irse a su casa debía grabar la escena. Pero la joven figura ripostó que no podía hacerlo por cuanto su compañera no estaba apta para salir en cámara. El argumento resultó válido. Le permitieron irse y esa noche RCTV anunció a la audiencia que quedaba suspendida la transmisión del capítulo de Corazón de madre debido a la enfermedad de una primera actriz.

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Cuando se le cuestiona la poca consideración a una profesional admirada, Rebeca González vuelve a desestimar ese punto de vista.

Yo realmente nunca la admiré. Uno admira a quien admira. No estoy cayendo en una tragedia griega por decir lo que estoy diciendo. No la admiré ni como actriz ni como ser humano. Yo te voy a decir siempre la verdad, no voy a andar escondiéndome”.

En cambio, menciona nombres ante los cuales inclina su cabeza: “María Teresa Acosta, Giove Campuzano, Esperanza Magaz, Gustavo Rodríguez, Javier Vidal, Julie Restifo, Alberto Álvarez, Alberto Marín, Juan Iturbide, Amanda Gutiérrez, todos actores de primera”.

Rebeca González, la sobresaliente niña de El Valle

Isabel Rebeca González Casanova nació en la clínica Atías, en una fecha que ella misma confirma, el 30 de agosto de 1951, siendo la mayor de tres hijos de don Héctor y doña Isabel, ambos de la gran Caracas.

Rebeca González

Aunque Héctor González celebraba que su primogénita recitara a Andrés Eloy Blanco en Lo de hoy, programa conducido en RCTV por Renny  Ottolina, Rebeca dice que los tres años que tenía era poca edad para tomar en cuenta la trascendencia de lo que hacía.

Eran recitales de hasta 45 minutos. ¿Cómo me los aprendía? Papá tenía el método de repetírmelos varias veces en la noche, luego me dormía y al día siguiente los recordaba. Apelaba a la memoria del sueño, que es el método interpretativo del ruso Stanislavski y que yo sigo con mis alumnos”.

Guiada por el amor paterno, la niña no sabía qué significaba estar en televisión. Yo solo iba a un sitio y recitaba y a veces me presentaba, veía luces intensas y había olor a pintura, pero no creía que estaba en televisión y que alguien me estaba viendo. Recuerdo que cuando llegaba a mi casa colocaba sillitas para que otros niños se sentaran y yo me colocaba detrás del televisor para que alguien me viera. Unos decían que me veían pero otros decían que no”.

Artísticamente fue bautizada como Rebeca González. Así lo decidió quien pasó a ser su segundo padre, el presentador Ottolina, quien convencido del talento temprano llamó a Gilberto Pinto, entonces director de la escuela Juana Sujo, para que aceptara a aquel prodigio adolescente.

Rebeca González
En el set con Renny Ottolina, su padre artístico

Pinto autorizó mi ingreso siendo yo menor de edad. La escuela cobraba 15 bolívares mensuales y mi familia no los tenía, pero mi papá Renny pagó un año por adelantado. A veces se acercaba a la escuela y cuando me veía decía que no estaba malgastando su dinero. Me hizo feliz saber que se sentía orgulloso de mí”.

En aquella promoción de Rebeca González también egresaron alumnos que luego se convirtieron en celebridades nacionales, Guillermo González, Ana Castell, Henry Salvat, Martha Mijares y Francis Rueda. “Pero los únicos que nos graduamos con 99 puntos fuimos Guillermito y yo”.

Rebeca, Lupita y Adita, la trilogía del 4

Alrededor de 1966, Rebeca González probó el éxito televisivo cuando RCTV la colocó, al lado de Orlando Urdaneta, en Las aventuras de Robert y Akela, una serie de historias en un contexto de boy scouts.

Sin embargo, fue en 1973, en la telenovela Peregrina, cuando el país la consideró una celebridad absoluta. Encabezar ese elenco no representó, así lo cuenta, un hecho extraordinario.

Para mi época, esas cosas no tenían el mismo valor de ahora. El hecho de protagonizar no es como ahora que los actores piensan que van a tener mucho dinero y los verá mucha gente. Yo lo viví normal, enfrentar un personaje nuevo, que me costaba mucho sus características, creo que lo logré y gracias a Dios fue un éxito insospechado. Todavía en la calle me llaman Peregrina. Eso es maravilloso”.

Al terminar la fábula de los gitanos del circo, recibe una notificación: “´No tienes vacaciones, sigues con Una muchacha llamada Milagros y ese título me encantó, así que empecé a darle vida a ese personaje sin dejarme llevar solo por las acotaciones del director”.

Rebeca González

Esa autonomía creativa avivó su espíritu independiente. “Pero no había pugnas con el director. Yo siempre coincidía con Grazio D´Ángelo. Lo hacíamos en consenso. A ellos les gustaba y a veces yo pedía que ni ensayáramos, sino que grabáramos de una vez”.

Tampoco representó un punto de conflicto compartir escenas con Lupita Ferrer ni Adita Riera, las otros dos actrices que conformaron junto con Rebeca la trilogía más exitosa de Venevision en los años de 1970.

Siempre fuimos amigas. A Lupita le sirvió que yo agarrara el espacio estelar porque ella iba a su matrimonio. Adita es una amiga incomparable, hija de Chela D´ Gar, imagínate, con quien trabajé toda mi vida”.

Recuerda que Adita Riera protagonizaba La señorita Elena en el estudio contiguo al suyo. Éramos felices almorzando juntas en el restaurante de Venevision, éramos unas personas realmente felices. Comíamos, me preguntaba cómo podía resolver algún parlamento, yo le sugería y ella aceptaba o no”.

Rebeca González
La escritora Delia Fiallo, autora de Peregrina y Una muchacha llamada Milagros.

Y con respecto a Lupita Ferrer dice que la incursión de la zulianita en Hollywood (Los Hijos de Sánchez, 1978) fue trascendente porque se trataba de una venezolana que llegaba a la meca del cine mundial. “Era una venezolana amiga y excelente actriz”.

Milagros, el principio de la telenovela Leonela

Aunque Rebeca González no recuerde disfrutándose frente a la pantalla, sus escenas y su belleza fueron regalos televisivos para el país; y su dicción resultaba una melodía a los oídos.

Renny Ottolina la sometía a la lectura y grabación diaria del libro Platero y yo, del autor español Juan Ramón Jiménez. Ella se escuchaba y corregía los errores. De esa forma aprendió a respetar la palabra oral.

Rebeca González
La recordada protagonista explica como fue creada la escena de violación de Milagros.

Su forma distinta de decir los parlamentos en televisión fue un tributo a una nueva manera de actuar que se acentuó sobre todo en el carácter informal de Una muchacha llamada Milagros.

Rebeca González

Y fue el principio de lo que 10 años después, Delia Fiallo presentó como Leonela, donde la protagonista también se enamora de su violador. “Sí, Milagros pasó por esa experiencia primero que Leonela.  Recuerdo el día que hicimos esa escena, fue un disfrute espectacular”.

En este momento de la entrevista,Rebeca González olvida que se trata de un encuentro periodístico. Mueve sus manos y va contando la supuesta violación con un nivel emocional que despliega en lo que parece su set de grabación.

Disfruté los movimientos corporales que hacía mi personaje en aquellas mallas, porque lo que el público vio es una cosa, pero lo que nosotros hicimos fue algo más.Yo puse las manos en unas redes para simular distancias y cercanías con José Bardina, luego caminaba y corría dentro de tules para imaginar que aquello eran nubes. ¡Y la violación! Las manos retirando a aquel hombre que la violó. Pero, nunca nos tocamos ¡Nunca! A mí me gusta el arte, el arte para mí es algo fuera de lugar”.

El esposo de Rebeca González aromatiza ese momento ofreciendo un segundo café…

“Elio Roca me dio el mejor beso de la televisión”

Partidaria del acto creativo, a veces caía en la trampa de la ficción para confundirse. Le ocurrió con algún beso a sus galanes o cuando la fuerza de la escena implicaba violencia física. “Vamos a hablar del mejor beso –su rostro dibuja una sonrisa– ¿Por qué vamos a hablar del desagradable? Yo creo que Elio Roca me dio el mejor beso de la televisión”. El cantante argentino tuvo una participación en la telenovela Peregrina.

Rebeca González

El beso con Elio Roca fue una enajenación del personaje. Nos confundimos y trascendió a la prensa. Hubo enajenación en mí y en Elio Roca”.

Un hecho similar experimentó al lado de José Bardina. “Pero, ahí fue que él se enajenó. Bueno, yo también. Esta vez no fue con besos sino con cachetadas”. Se ríe.

Resulta que Delia Fiallo había acotado en el libreto de Una muchacha llamada Milagros que Bardina cacheteara a su compañera actriz hasta dejarla “como muerta”, que la golpeara “con los nudillos y con las dos manos”. No hubo ensayo sino grabación directa.

José comenzó a darme cachetadas, cachetadas y cachetadas y yo ni las sentía. Imagínate las manos de un catalán como José. En el estudio había tres camas y José me lanzó a la primera cama, me golpeó y me tiró al piso, luego me agarró y me siguió dando cachetadas y enseguida me lanzó a la otra cama y siguió dándome cachetadas. Entonces tuvo que bajar el director Grazzio D´Angelo y decir `Perdón, ya basta, la vas a matar´. Y fue cuando él y yo entramos en conciencia. Estábamos entregados. Entonces, yo lo que hacía era llorar. Cuando el director bajó, le dijo a José, ´Mira como la has puesto de morada´. Pero yo sentí que era una escena fabulosa, real, y cuando D´Angelo me enfrentó a un espejo yo parecía un monstruo.  Ellos estaban fascinados, aunque tuvieron que parar grabación y mandarme para mi casa”.

El hombre de hierro fue especial para mí”

La intensidad actoral que experimentó en la década de 1970 fue distinta en 1985 cuando protagonizó El hombre de hierro para Venezolana de Televisión.

“El hombre de hierro fue especial para mí porque se trataba de una obra de Rufino Blanco Fombona. También fue muy pero muy especial para mí por Javier Vidal. Me tocó trabajar con actores de esa talla, me tocó crear un personaje difícil y a mí me gustan las cosas difíciles, soy persona de retos, me gusta retar hasta la vida. Yo decía que con este personaje me podía enterrar”.

Rebeca González
Junto con Javier Vidal en El hombre de hierro.

Rebeca sabía que ya no estaba en un súper canal, sino en el canal 8, lo cual era visto como un descenso en su carrera. Significaba menos sintonía y menos mercadeo de sus telenovelas. Así que los esfuerzos actorales debían ser superiores para enganchar a una audiencia que estaba acostumbrada a los canales comerciales. Se sentía obligada a disminuir el peligro del fracaso.

Empecé a crear esa María de Blanco Fombona para que no se pareciera a otro personaje mío, porque en Venezuela hay muchos actores que todos sus personajes son iguales. Cuando hice los primeros capítulos, Ricardo Tirado y José Ignacio Cabrujas me dijeron `Rebeca, tú tenías que hacer El hombre de hierro, lo buscamos especialmente para ti, lo lograste y nosotros teníamos esa convicción. Lo tienes bordadito”.

Ciertamente, fue una producción cuidada, como casi todo lo realizado por Venezolana de Televisión en aquellos años. “¡Aquel vestuario que nos creó María de las Casas McGill! (vestuarista del canal 8 y antes Miss Venezuela 1965). Cuando Javier y yo nos poníamos el vestuario entrábamos de una vez en personajes. Las telas eran traídas de Francia, Inglaterra, Alemania. María de las Casas McGill era una persona maravillosa, exquisita. El vestuario que usaba para las camas era fabuloso”.

Rebeca González

Cada bulto de tela traído del exterior llegaba al canal con indicaciones precisas sobre el actor destino. Unos para Rebeca González, otros para Javier Vidal y otros para Rodolfo Drago, los tres protagonistas. “Sentí que me trataban como una actriz y eso también me generó más responsabilidad con la telenovela”.

Sus niveles de entrega no  los siente recompensados por la industria, pero sí por el público y por la prensa. “Fíjate cómo será de recompensada que Caraota Digital y tu blog Iconos Rotos están aquí a pesar de los años que tengo sin trabajar. Yo tengo en el Facebook dos cuentas y cinco mil personas en cada una”.

“Nunca utilicé a Carlos Andrés Pérez”

Desvaloriza el hecho de que su única hija –Suhail– tuviera por padrino al presidente Carlos Andrés Pérez para creerse con prerrogativas. “Nunca utilicé a Carlos Andrés Pérez para obtener algo”.

Rebeca González

Tampoco acepta que ante el veto impuesto, primero por Venevisión y luego en menor medida por RCTV, el presidente Pérez haya sido el responsable de llevarla a Venezolana de Televisión, el canal que el propio gobernante estatizara el 8 de abril de 1976. “No fue así, a mí me llamaron del canal 8. Es posible que él haya dado la orden, pero yo jamás se lo pedí”.

Cierto es que ese mismo año de la estatización, inmediato a su salida de Venevision, Rebeca apareció como protagonista en VTV de la telenovela Ana Isabel, una niña decente y consecutivamente en Páez, el centauro del llano.

Rebeca González

En cambio, acepta haber solicitado apoyo político para algunos compañeros de trabajo. Parte de esos favores concedidos, se dijo, fue posibilitar un viaje que el actor Mario Brito –El gran Lotario– necesitaba hacer a la isla de Cuba, de la cual había salido en los años de 1950 para instalarse en Venezuela como luchador libre y luego como actor de relevancia moderada.

Brito, afectado emocionalmente por no poder ver a su madre que estaba en situación de salud precaria, le habría pedido a Rebeca González que intercediera por él ante el mandatario de Miraflores para facilitar su ingreso a Cuba y despedirse así de su madre. Algo que resultaba imposible en el régimen dictatorial instaurado desde 1959 por Fidel Castro.

Rebeca González
Entre las dos vírgenes de la Caridad del Cobre que le dio su compañero actor, Lotario.

Lotario consiguió el traslado a su tierra de origen y también, sin problemas, un retorno feliz a Venezuela. ¿Cómo fue posible? La conversadora actriz guarda silencio.

Se supo que, en correspondencia con aquel gesto humanitario, un conmovido Lotario le regaló, en nombre de su madre, dos vírgenes de la Caridad del Cobre  –patrona de Cuba– a la muchacha Milagros y más de 40 años después siguen en la casa de Rebeca González, el ángel terrible de la televisión cuyo pelo azabache el tiempo ha pintado de un hermoso blanco.