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Scotty Bowers: el proxeneta que ayudó a la comunidad LGBTQ en los 40 y 50

En plenos años cuarenta y cincuenta, el prejuicio fanático contra los homosexuales y bisexuales era terrible en California, así como en el resto de los Estados Unidos.

La homosexualidad era considerada como una enfermedad mental y en las calles se hablaba del “Lavender Scare” (Terror lavanda o lila), una denominación que hacía referencia a la persecución que sufría la comunidad LGBT en aquella década.

Los seres terrenales no podían ser libres y tampoco las estrellas de Hollywood. Sin embargo, allí estaba Scotty Bowers.

Cupido en la estación

Mientras se desarrollaba la era dorada de Hollywood, existía entre las sombras de las estrellas un personaje de lo más cinematográfico.

Bowers, el individuo en cuestión, combatió en la Segunda Guerra Mundial y cuando terminó el conflicto bélico se mudó a Los Ángeles. Consiguió trabajo en una estación de servicio Richfield, en Hollywood Boulevard, y al poco tiempo encontró su vocación escondida: se convirtió en el organizador oficial de los encuentros sexuales clandestinos de los famosos.

Hay una grotesca elipsis entre su trabajo con las mangueras de la estación y su proxenetismo relacionada a un encuentro que le cambió la vida a él y probablemente a decenas de celebridades.

Cuando Bowers rondaba los 23, el actor nominado al Oscar Walter Pidgeon se le acercó y lo invitó a subir a su auto. Se fueron juntos a la casa de la estrella, hicieron lo suyo y Pidgeon le ofreció 20 dólares de propina. Ese fue el puntapié inicial de las aventuras de Scotty tras bambalinas.

Pidgeon empezó a hacer correr la bola de que había un Cupido de carne y hueso en Richfield mientras Bowers preparaba la escenografía.

El proxeneta decidió que a cada persona que clamara sus servicios le ofrecería a cambio de unos pocos dólares un lugar en una cama king size de un remolque estacionado cerca de la estación. Lo que sucedía en ese colchón encuentra su sonorización perfecta en el rechinar de los resortes.

El anfitrión veía alrededor de dos o tres personas al día y así de lunes a viernes, las veinticuatro horas y durante décadas. En sus fiestas podían participar homosexuales, bisexuales, heterosexuales, él mismo. A nadie le decía que no.

Mientras algunos cargaban gasolina, Bowers vivía como una estrella de Hollywood sin saber actuar (varias veces le preguntaron si había pensado dedicarse a la actuación y él aseguró que lo suyo era otra cosa).

Pasaron por su estación de servicio apellidos importantes que querían deshinibirse, hacer aquello que no podían hacer a la luz del día.

Scotty afirmó que le presentó a Katharine Hepburn 150 mujeres; que Cary Grant y Rock Hudson se encontraron en su remolque; que él mismo se acostó con Spencer Tracy y Vivien Leigh; que participó de un trío con Ava Gardner y Lana Turner y de otro con Grant y Randolph Scott; que se acostó con J. Edgar Hoover; que arregló relaciones sexuales salvajes para el Duque y la Duquesa de Windsor.

Y nunca delató a nadie. Bowers hizo públicos los nombres de estas personas que celebraron su negocio después de que murieran porque entendió que ya no podía hacerles daño.

Ningún vivo fue apuntado con el dedo por Scotty, que siempre se mantuvo fiel a sus principios y entendió que lo que pasaba en Richfield quedaba en Richfield. En los ochenta, Cupido frenó el carro por el estallido del Sida.

La leyenda

¿Qué hay de cierto en la alocada historia de Scotty Bowers? La idea de esta nota no es que sea como el guión de esas películas en las que el personaje principal se despierta en los últimos cinco minutos y todo fue un sueño, pero vale poner en duda la veracidad de las anécdotas.

Las andanzas del personaje se hicieron conocidas gracias al libro de memorias que Bowers publicó en 2012 “Full Service: My Adventures in Hollywood and the Secret Sex Lives of the Stars”.

A lo largo de sus 96 (murió en 2019), Scotty no ofreció ninguna prueba, pero hubo directores de cine, actores, políticos y periodistas que a la larga aceptaron su historia y hablaron como si los sucesos hubieran existido al pie de la letra.

Janet Maslin, crítica de libros de The New York Times, escribió que lo que dijo el proxeneta fue “supuestamente cierto”. Sobre lo mismo dudó Charles Kaiser, del Washington Post: “¿Podemos creer esto? ¿La mitad?”.

Matt Tyrnauer, director de un documental sobre la vida de Scotty, se dispuso a averiguar qué ocurrió desde el 1946 hasta 1980 en la estación Richfield.

Para el film Scotty and the Secret History of Hollywood, Tyrnauer encontró evidencia de apoyo al relato de Bowers. Aparecieron fotos, videos en Súper 8 y el testimonio de la columnista de chismes Liz Smith dando por cierta la versión sobre las mujeres de Hepburn (su testimonio vale también porque la actriz era amiga suya).

Robert Hofler, autor de una biografía del agente de Hollywood y corredor de poder Henry Willson, quien conocía personalmente a Bowers, dijo sobre Scotty: “No tenía nada de complicado, no tenía nada de culpable, no tenía nada de sucio. Esta fue la cosa más natural y maravillosa del mundo”.

El reconocimiento

En 2018, el proxeneta recibió un llamado de West Hollywood. Querían honrarlo en vida por haber sido un símbolo LGBT de Los Ángeles.

“Viví en el área durante mucho tiempo y recuerdo cuando West Hollywood ni siquiera era gay. Es posible que haya participado en la invención del arcoíris en West Hollywood y, si lo hice, estoy orgulloso de eso”, dijo Bowers al recibir el reconocimiento.

El cineasta Trynauer aseguró que Scotty “ayudó a construir la ciudad como una figura clave en la comunidad LGBTIQ durante décadas en la que confiaban y veneraban muchos hombres y mujeres que fueron, décadas atrás, víctimas de la represión, la marginación y la violencia a manos del escuadrón antivicio y otros opresores efectivo”.

Quienes se refieren a él y el propio Bowers coinciden en algo: lo que se hizo no fue bueno, pero sirvió. “La gente tenía que hacerlo. Era peligroso no hacerlo”, le dijo el protagonista del cuento a The New York Times.

“Espero haber brindado tanto placer como el que obtuve yo mismo" y “Ni una sola vez he sentido vergüenza, culpa o remordimiento por lo que hice. Todo lo contrario", son dos frases que resumen sus intenciones y se pueden leer en sus memorias.

La figura cobró preponderancia con el estreno en Netflix de la serie Hollywood. En esa historia hay un personaje que está claramente inspirado en él que se llama Ernie West y es interpretado por Dylan McDermott.

Ryan Murphy, showrunner de Hollywood, fue otro de los que destacaron su importancia en el colectivo LGBT. “Hubo un momento en el que la gente tenía que ir a esta estación de servicio para ser ellos mismos, para poder expresar su sexualidad, para poder expresar su fantasía”, reconoció el director en diálogo con Vanity Fair.

En los próximos años, de acomodarse las piezas del rompecabezas, Luca Guadagnino, director de Call Me by Your Name, llevará al cine la historia personal de Bowers.

Detrás del guión están Seth Rogen y Evan Goldberg, dos nombres asociados a películas que exploran y desafían los límites de lo políticamente correcto.

Fuente: Clarín

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