Carabobeños no tienen cómo cocinar sin gas y sin electricidad

Dayrí Blanco

Miriam Bracho no olvidará la noche del lunes 22 de julio. Aún retumban en sus oídos el llanto de sus cinco hijos. Todos menores de 13 años. Cuando se calmaba uno, los otros se quejaban de las incomodidades que les provocó el apagón que aún persiste en Carabobo. La madrugada del martes fue igual, entre lágrimas por el calor y los zancudos.

Viven al sur de Valencia. Ahí, como en el resto de la entidad, pocos pudieron dormir tranquilos. "Fue imposible, estuvimos despiertos porque si con luz estamos asustados, con todo oscuro es peor porque los malandros aprovechan de meterse en las casas", relató Bertha García, quien vive en el sector Nueva Valencia del municipio Libertador.

Las dos coincidieron en la cola para cobrar la pensión en el Banco de Venezuela del centro de Valencia, donde ya tenían más de tres horas y no habían dejado entrar a nadie con el argumento de que no tenían sistema. "Pero la verdad es que no he visto que haya llegado ningún cajero y creo que ni planta eléctrica tienen". Aún así, seguían esperando.

Mientras tanto, tenían una preocupación común y que compartían con muchos en la cola: Cómo cocinarían. En la mayoría de las comunidades de Carabobo, el gas doméstico es un lujo, por lo que dependen de cocinas eléctricas. "Será que nos tocará buscar leña, porque algo tengo que darle de comer a mis cinco hijos, y dinero para comprar en la calle algo listo no tenemos, porque lo más probable es que ni la pensión la paguen hoy".

Este martes ha sido inusual en la región. Pese al apagón, muchos salieron durante la mañana a trabajar pero se devolvieron. No sabían de la suspensión de actividades laborales decretada por el régimen, mientras que el transporte público funcionó con las limitaciones originadas por las colas en las estaciones de servicio, y los comercios abrieron pero sin mecanismos de pagos por las fallas en las conexiones.