Cúcuta, el "paño de lágrimas" de la diáspora venezolana

A cuatro años del cierre fronterizo con Colombia, la ciudad de Cúcuta se ha convertido en una especie de "aliviadero" para los venezolanos que buscan productos de primera necesidad, empleo y educación.

Pese a las restricciones, diariamente miles de venezolanos cruzan hacia Colombia por el puente Simón Bolívar. La agencia efe visitó la frontera para constatar cómo sigue el flujo de migrantes en la zona.

Mayra Ríos es una enfermera venezolana de 35 años que viaja regularmente a Cúcuta, donde realiza trabajos informales. Diariamente sale del país para adquirir alimentos para poder alimentar a sus dos hijas.

"Todo está peor cada día, la inflación sube todos los días, las cosas que se consiguen son importadas, cuestan mucho", expresó a la agencia Efe.

Por su cabeza ha rondado la idea de migrar de manera definitiva como lo han hecho más de 4 millones de compatriotas. Sus palabras reflejan la desesperanza y la incertidumbre.

"Ya uno no ve un futuro, ya uno como que (dice) 'vamos a ver qué pasa mañana' y ya, vamos a vivir el día, no nos preocupemos por el futuro, cada día que pasa es peor, se hunde más el país, se hunde más el país", insistió.

Otro de los tantos venezolanos que continúa luchando por mantener un mínimo nivel de calidad de vida en su país es Luis Carrero, de 46 años, quien también viaja frecuentemente a Cúcuta desde Rubio.

Carrero cruza la frontera con la intención de comprar un medicamento para un sobrino que sufrió un infarto, por lo que con indignación se refiere a la escasez que ha deteriorado el sistema de salud en su país.

"Podemos decir que cada día que pasa en Venezuela es un día de sobrevivencia (...) en nuestro país se cuenta es por muertes", dijo a Efe refiriéndose a la mala atención en los hospitales.

 

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