De la noticia a la caída del Muro de Berlín: así lo vivió un corresponsal soviético

Foto: EFE

Mijalí Voronénkov, corresponsal de la agencia soviética TASS en Berlín entre 1987 y 1993, rememoró la escalada que vivió desde que cubrió el anuncio de la caída del Muro de Berlín hasta que cruzó hacia la República Federal de Alemania.

Hace 30 años Voronénkov fue uno de los primeros periodistas en informar sobre la decisión de la República Democrática Alemana de permitir el libre tránsito hacia el occidente de Berlín.

“Era una rueda de prensa ordinaria. Nadie esperaba ninguna noticia bomba”, recordó.

Tras las declaraciones del portavoz de gobierno soviético en Alemania, Günter Schabowski, un “silencio sepulcral” se adueñó del lugar.

El corresponsal de la TASS aseguró que la única pregunta que se cruzó por la mente de los reporteros fue ““¿Cuándo?¿cuándo?¿cuándo?”, a lo que Schabowski respondió “inmediatamente”.

El periodista de la agencia soviética fue a toda prisa a la sede de su trabajo (que, casualmente, se encontraba en el mismo edificio en que se dio la rueda de prensa).

“Subí hasta la cuarta planta sin respirar y di el urgente. El redactor jefe en Moscú tardó siete minutos en ponerlo en la línea. Mi colega me sirvió un cognac para tranquilizarme”, dijo.

Voronénkov explicó que la intranquilidad se sumió entre sus colegas, pues, pensaban que se trataba una avanzada militar por parte de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). “Todos nos asustamos”, admitió”. Sin embargo, bastó que pasaran algunas horas para que se aplacaran sus miedos.

El reportero de 72 años reveló que a la salida de su trabajo se topó con un grupo de berlineses que hicieron hueco al Muro. Voronénkov vió la oportunidad y cruzó.

“Crucé como periodista, no como ciudadano soviético. Tenía que verlo con mis propios ojos. Era un delito, pero tenía curiosidad”, reconoció. Puede ser que la curiosidad periodística guiara sus pasos, pero no tardó en participar como uno más del júbilo de los berlineses, reseñó EFE.

La sensación era de felicidad, de que estábamos ante un milagro. Era un sentimiento muy sincero. Niños, adultos y viejos, todos participaban de la fiesta. Yo también bebí champán, me abracé y me besé con auténticos desconocidos”, agregó.

Voronénkov pensó que que había cometido un delito y que sería deportado. Pero no pasó mucho para que cayera en cuenta sobre las implicaciones históricas que tendría la caída del Muro de Berlín: una apertura a la globalización, un fracaso del modelo soviético.

 

Con información de EFE

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