El rebusque: forma de supervivencia para los venezolanos en Cúcuta

Foto: Referencial

Todos los días, por las calles de Cúcuta, es común encontrar venezolanos en diversas actividades del rebusque.

Lavaderos de carros, salones de belleza, barberías, gimnasios, y la calle en general, se han convertido en receptores de la población venezolana.

Cuidar carros frente a un colegio de Cúcuta fue la única alternativa que encontró Jesús Alberto Portillo: decidió hacerlo después de varios intentos de buscar empleo formal en Cúcuta y ser rechazado por no tener papeles.

Portillo se fue de Venezuela, como las 167.957 personas que, según Migración Colombia, se quedaron en Norte de Santander, publicó La Opinión, de Cúcuta.

En 2017 decidió salir del país, y a pesar de que siempre iba a Cúcuta como  turista y comprador, acoplarse a la vida colombiana no fue tan fácil

“Acá me estoy ganando a las personas personas con educación y respeto, pues otros venezolanos cometieron muchos errores y por eso había cierta discriminación hacia nosotros”, agregó.

Su título de ingeniero de sistemas está engavetado. No le sirvió para librarse del rebusque, que aunque no lo hace sentir cómodo, le ha servido para obtener su sustento diario.

“Estoy trabajando en algo que no me gusta, porque yo estudié y sé que del otro lado, el del estudio, es mejor la situación”, dijo.

Los ingresos por cuidar carros varían, algunas veces logra llevarse hasta $30.000 al día, pero ahora, por las vacaciones, no alcanza ni a los $15.000.

“Hay que idearse cómo ahorrar el dinero, primero pagar $7.000 diarios de arriendo y luego comprar lo de comer”, dijo.

Portillo es consciente de que la situación de informalidad de Cúcuta y el área metropolitana para los mismos cucuteños, es crítica.

“Acá en Colombia hay que aprovechar cada momento, porque uno entiende que los cucuteños también están pasando una situación fuerte”, agregó.

Yesenia Hernández vende agua y gaseosas en la Diagonal Santander, tiene 3 hijos de 13, 10 y 7 años, a quienes dejó en su país natal, y a los que no ha podido ver desde hace más de cuatro meses.

Su promedio de ganancias está entre $20.000 en un día “flojo”, y $40.000 cuando le va bien; sin embargo, de este dinero no puede ahorrar nada, pues se le va en hospedaje y la alimentación del día para ella y su esposo.

De acuerdo con un estudio realizado por la Banca de las Oportunidades y WOCCU Colombia, el ingreso mensual de los venezolanos que trabajan en la informalidad en las zonas de frontera es de entre $0 y $150.000, similar a su ponderación de gastos.

Estos ingresos estarían cercanos al indicador de pobreza extrema medido por el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane), cuando la inversión para la canasta básica no supera los $117.605 al mes.

Freddy Castro, director de la Banca de las Oportunidades, explicó que 53,8% de los inmigrantes venezolanos encuestados desarrolla una actividad económica independiente, que no se distingue de lo formal o informal.

Sin embargo, en lo que no existe duda, es que los independientes, que no cuentan con el Permiso Especial de Permanencia (PEP), no pueden acceder a servicios básicos como salud, por lo que “terminan viviendo una situación de vulnerabilidad económica”.

Además, señala que más de 80% de estos venezolanos tienen a más de dos personas a su cargo.

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