Habitantes de Tumeremo temen perder su única forma de sustento con el cierre de minas 

Foto: Jhoalys Siverio

En Tumeremo, al sur del estado Bolívar, no solo los mineros viven de la minería. En los distintos campamentos trabajan cocineras, asisten vendedores informales y los comerciantes del pueblo también se benefician de las compras.

La situación económica ha desmejorado para ellos con el cierre de más de 30 minas, hoy tomadas por el Ejército. La excusa es controlar la minería ilegal, pero lugareños aseguran que es el propio Ejército el que se queda con el oro.

Son pocas las ventas para los vendedores informales. No es igual vender en las minas que en el pueblo.

"Desde que nos cerraron las minas, el comerciante ya no vende. Yo vendo perros calientes, a veces vendo un paquetito de pan nada más. ¿De dónde nos mantenemos? De las minas, porque aquí no hay empresa para uno trabajar", manifestó Aidee Arévalo.

El comandante del Fuerte Tarabay, Ernesto Solís, ya les dio plaza hasta el 20 de diciembre para desalojar resto de las minas. La preocupación del pueblo no es solo que ocurra una masacre, sino cómo van a subsistir si ven en la minería su única y principal forma de sustento.

"Tenemos un mes sin tener para comer, pidiendo en las calles. Pero Maduro entrega una bolsa de comida y uno tiene que aplaudirle. No, no es justo", cuestionó Karon Jiménez  habitante de Tumeremo.

Gabriela Araque tiene a toda su familia trabajando en las minas Vuelvan Caras, Sindicato y Catalinas, incluyendo a su esposo. De su esposo no sabe nada, pero ya el trabajo minero no es igual. Deben buscar minas más pequeñas o entran por trochas a riesgo de ser ejecutados.

"Tengo una hija de dos meses y ni siquiera tengo para sustentar bien, una hija de seis años y una hermana de 14 años, que para que pudiera ir al liceo, entre todos tuvimos que comprarle las cosas. Eso me da mucha tristeza", relató Araque.

Los problemas en Tumeremo no se centran solo en lo económico por el cierre de minas. También padecen la precariedad de los servicios públicos.

"Aparte de la problemática de la minaz tenemos el problema de la luz, el agua, el gas, el combustible. Llegan tres gandolas y con una surten las dos bombas, las otras dos gandolas las pasan completitas para el Fuerte Tarabay. Aquí todos lo han visto", denunció Eliana Caña, habitante de Tumeremo.

Hay quienes de trabajar en las minas, ahora venden café o helados de 'teta' en la plaza. Nada se compara a los ingresos que tenían antes. Lugareños afirman que están pasando hambre y no hay autoridad que les dé respuesta a su destino ni a las denuncias contra el comandante Ernesto Solís. A él le atribuyen cientos de ejecuciones extrajudiciales y desapariciones forzosas.

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