Este 21 de noviembre de nuevo el bien contra el mal

En El Caguán, la zona que hace muchos años le desmilitarizó el gobierno de Colombia a las guerrillas de las Farc, hubo un bombardeo recientemente, en el que murieron menores de edad. Menores de edad que habían sido reclutados por las organizaciones narco terroristas bajo el mando de los famosos amigos del régimen venezolano, Iván Márquez y Jesús Santrich.

Ciertamente es crítico un daño tan grave como la muerte de menores en acciones bélicas y en eso le han querido dar hasta por el cielo de la boca al gobierno democrático de Iván Duque. Como si no hubiera espacio para pensar y sentenciar, antes que cualquiera otra cosa, que el crimen, pecado original, estriba en la recluta de muchachitos y muchachitas por parte de delincuentes, para llevarlos al delito y para que en tiempos de discusiones sobre el costo de la guerra, sean usados como escudos humanos.

Estos escudos humanos allá en Colombia, niños víctimas del enfrentamiento entre el estado democrático y las narcoguerrillas, tienen tanta significación como las decisiones del régimen venezolano de ubicar a centenares de familias en viviendas otorgadas por el partido en zonas militares, por ejemplo. En todo el país.

La organización Fundaredes encabezada por el profesor Javier Tarazona , ha dicho en esta fecha que organizaciones irregulares en la frontera entre Táchira y Norte de Santander, Venezuela y Colombia, son cerca de 20.000 los niños que han terminado en las garras de irregulares, incluyendo redes de tráfico sexual. Y  esto es, sin duda, un crimen imperdonable.

Este 21 de noviembre hay 2 eventos en cada uno de estos países, que bien dan para decir que de nuevo se enfrentan el bien y el mal.

Toma sus previsiones Colombia, sabiendo que infiltrados de por medio, por cierto en tiempos de muchas ganas de desestabilizarla por parte de los integrantes del Foro de Sao Paolo. El paro general convocado por los radicales opuestos al presidente Duque, propone para muchos, el extravío de algunas muy legítimas movilizaciones reivindicativas, con la grotesca intención de desatar en ese país lo mismo que viene sufriendo Chile. Intento de derrocamiento del gobierno en funciones. 

En Venezuela, toma sus decisiones el movimiento estudiantil, que ha anunciado que marchará  hacia fuerte Tiuna, al Oeste de Caracas, territorio en el que el régimen madurista dice tener dominio y al que bajo el mando de Diosdado Cabello ha sido también convocada una movilización cívico militar. Así es, al mismo lugar.

En uno y otro caso, lo del 21 de noviembre plantea el choque entre el bien y el mal. Entre fuerzas por la libertad y la democracia contra fuerzas que responden a un proyecto de asalto a los derechos de la gente para apropiarse de los tesoros nacionales y engordar  a élites corruptas en distintas partes del mundo.

En el caso de Colombia, el gobierno de Duque da paso a la protesta radical opositora y dice que no permitirá la desestabilización.  En el caso de Venezuela, puede uno anticipar que a los estudiantes el régimen madurista no le va a dar paso a las instalaciones militares.

Y el tema de los estudiantes demócratas a zonas militares venezolanas, tiene por objeto algo que para cualquier aferrado malignamente al poder resulta atemorizante:  una palabra de paz, un mensaje de conciencia, una voz de garantía, que no buscan confrontación armada, sino más bien que uniformados desistan de usar las armas, como sucedió en Bolivia recientemente.

Por nuestra hermandad con el país que ha recibido al mayor número de desplazados venezolanos, deseamos que el terrorismo no se salga con la suya. Dios salve a Colombia de nuestras plagas.

Por nuestro compromiso con la liberación de un país que nos pertenece, libre, próspero, y nos pertenece a nosotros, a nuestros hijos y nietos; lo que resulta obligante no es sólo encomendar a Dios a los estudiantes. Hay que acompañarlos.

Es la pura verdad, duélale a quien le duela.

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