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Barbora Skrlova: la mujer detrás de la verdadera historia de la película "La Huérfana"

La imagen espantó a los policías. En el sótano húmedo y frío, adentro de una jaula, los dos niños estaban golpeados, quemados y desnutridos. En un rincón, apenas visible en la oscuridad, una niña lloraba desconsoladamente. Así empieza el relato reseñado por Clarín.

Ella dijo llamarse Anika y haber sido víctima, al igual que los pequeños, de la brutalidad y los abusos de su madre y de su tía.

Pero todo era mentira, parte de un plan siniestro ideado por una psicópata que de niña tenía poco y de perversa, mucho. Su nombre, en realidad, era Barbora Skrlova, tenía 33 años y un pasado tan oscuro como espeluznante.

Era el año 2007 y los hechos sacudieron a la República Checa. El horror y la escalofriante presencia de esta niña-mujer que formaba parte de una secta mantuvo en vilo a una sociedad que era testigo, sin quererlo, de cómo la maldad puede cruzar todos los límites.

Tan macabra fue su historia que logró cruzar fronteras, llegar a Hollywood e inspirar una película. Producida por Leonardo DiCaprio y protagonizada por Vera Farminga, “La huérfana” aterrorizó a los espectadores que ni en sus peores sueños imaginaban que estaba inspirada en un caso real. Este.

¿Quién es Barbora Skrlova?

Su vida es un misterio. No se conoce nada de sus padres ni de su infancia. Sólo se sabe que nació en lo que en ese entonces era Checoslovaquia y que padecía hipopituitarismo, una condición que presenta una disminución anormal de las hormonas secretadas por la glándula hipófisis.

En su caso, un déficit crónico de somatotropina, la hormona del crecimiento, lo que le permitía parecer una niña de 13 años. O lo que quisiera.

Pero este no era su verdadero problema. Ella escondía mucho más. Barbora tenía un trastorno de identidad múltiple, además de rasgos psicopáticos, esquizofrénicos y violentos. Y un gran poder para manipular a gusto.

Por todo esto, pasó su adolescencia internada en un psiquiátrico. De donde nunca se supo cuándo ni por qué salió.

Lo cierto es que brillante y lúcida como era, decidió utilizar la enfermedad para su beneficio. Se enmascaró a conveniencia tras diferentes personalidades y de este modo fue avanzando en la vida y engañando a quien se le cruzara en su camino.

Así, haciéndose pasar por una indefensa niña, sus primeros años transcurrieron de familia en familia. Aseguraba que era una pobre huérfana maltratada al tiempo que rogaba ser adoptada y convencía a las autoridades que nunca castigaban sus mentiras.

Las nuevas víctimas

Los años pasaron y dos nuevos personajes se sumaron a su perfecta puesta en escena. Klara y Katherina Mauerová provenían de una familia checa de clase media. A pesar de que intentaban llevar una vida normal, las hermanas padecían esquizofrenia.

En sus alucinaciones creían ser Juana de Arco y decían tener una misión divina por delante. Encajaban perfecto en los siniestros planes de nuestra protagonista.

Klara Mauerová estudiaba pedagogía en la universidad. Durante sus prácticas conoció a “la niña”, mantuvieron varias charlas y enseguida se hicieron amigas. Esta vez, Barbora -y según sus propias palabras- había sido maltratada en un centro de menores de donde decía haber escapado. Estaba buscando un nuevo hogar en el que la quisieran.

Fue así que Klara, que recién se había divorciado, la llevó a vivir junto a sus hijos y su hermana a su casa de Kurim, una localidad rural del sudeste del país. Una decisión que cambiaría su vida. Para mal.

Horror en Kurim

Los primeros tiempos fueron soñados. Todo era felicidad. Fines de semana de campamento y una nueva vida ensamblada que sólo traía alegría. Tan bien estaban las cosas, que las hermanas adoptaron “extraoficialmente” a la que creían era una dulce huérfana.

Hábil y cautivadora, Barbora no tardó en involucrar a las Mauerová en El Movimiento Grial, una secta que practicaba las enseñanzas de la obra En la luz de la verdad – Mensaje del grial de Abd-ru-shin y que buscaba el conocimiento propio, del mundo y de Dios.

La agrupación era dirigida por “El Doctor”. Para conservar la energía “pura”, esta especie de ente -de quien nunca se reveló la identidad- les pedía a sus fieles extraños sacrificios y rituales de sexo incestuoso a través de mensajes de texto. Ellas no sólo no se negaban sino que los cumplían sin cuestionar. Y con gusto.

Fascinadas, las hermanas seguían al pie de la letra sus órdenes. Estaban convencidas de que finalmente su misión había llegado y que “la niña” era un milagro del destino que había llegado a sus vidas para iluminarlas y guiarlas en el camino de la salvación.

La verdadera pesadilla llegó cuando Barbora comenzó a sentirse celosa de los hijos de Klara, Jakub y Ondrej, de 10 y 8 años. Para ponerlas en contra de los pequeños, los acusaba de haber cometido travesuras que ella misma realizaba. Eran siempre los culpables de todo lo malo que pasaba en la casa.

De este modo, el enojo de las mujeres crecía al mismo nivel que la crueldad de los castigos a los que los sometían. “El Doctor” y la misma Skrlova propusieron construir una jaula de hierro en el sótano para tenerlos alejados. Su madre y su tía lo aceptaron.

Ese fue el primer eslabón de una cadena de abusos infernales a los que expusieron a las criaturas. Desnudos y prácticamente sin comer, los obligaban a dormir sobre sus excrementos, los quemaban con cigarrillos, los golpeaban, los obligaban a bañarse en agua helada y hasta cortaron trozos de su piel para comérsela.

Las crónicas de la época revelan que era Barbora la que diseñaba y guiaba los tormentos, siempre en nombre de su guía “El Doctor”. Cruel y obsesionada con dañarlos y controlarlos, para ver su sufrimiento de manera permanente, instaló un sistema de cámaras en el sótano. Un gran paso en falso del plan perverso que había pergeñado.

El fin de los martirios

Los suplicios de los niños continuaron hasta el 10 de mayo de 2007. Quiso el destino que una familia vecina comprara un sistema de vigilancia similar para controlar a su bebé recién nacido.

Cuando intentaron usarlo, un error hizo que captaran la señal de la casa de las Mauerová y, horrorizados, vieran el estado en el que estaban las criaturas.

Frente semejante imagen, no dudaron en hacer la denuncia ante las autoridades. Lo que encontró la policía al llegar fue dantesco. En una jaula, uno de los pequeños estaba desmayado; el otro, en un estado deplorable, pedía ayuda a los gritos.

En el rincón, una niña lloraba, decía que había sido adoptada y acusaba a su madre y su tía de las torturas. Pero no era Anika, como le dijo a los conmovidos agentes.

En el hospital, uno de los niños murió; el otro sobrevivió. Fue gracias a su testimonio que se conoció la verdad sobre Barbora. Pero ella ya había escapado de la República Checa.

Una nueva personalidad, una nueva mentira

Con la ayuda de algunos miembros de El Movimiento Grial, Skrlova logró escapar a Noruega. Engordó, se rapó y se hizo pasar por un adolescente de 14 años.

En esta nueva versión, Barbora fue Adam. Decía que había huido de su casa para evitar declarar como testigo en un juicio. Otra vez utilizó su capacidad de manipular para relatar un pasado trágico. Otra vez conmovió a una familia que decidió adoptarla, cuidarla y enviarla a una reconocida escuela.

Sus extrañas conductas en el colegio llamaron la atención de los docentes. Extremadamente inteligente, su carácter introvertido y su negativa a practicar deportes grupales la delataron e hicieron que los maestros intentaran investigar su historia.

Siempre en alerta, frente al peligro de que se descubriera su oscuro secreto, Barbora volvió a desaparecer.

Pero la policía checa ya había emitido una orden de captura internacional. Su foto estaba por todos lados y rápidamente ella fue capturada en el norte de Noruega en enero de 2008. De regreso en su país, bajó del avión abrazando un oso de peluche.

¿El final de la historia?

Las sentencias de las tres mujeres se conocieron en 2009. Las penas fueron absurdamente irrisorias. El Tribunal Superior de Olomouc condenó a Klara a 12 años de prisión; a Katherina a 10. Como autora intelectual, Barbora Skrlova debía pasar cinco años tras las rejas.

En 2011, apeló y salió en libertad. Desde ese momento, nadie sabe dónde está. O quién será.

Fuente: Clarín

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