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Naturaleza del trabajo en la cuarta revolución tecnológica ¿Estás inmerso y no te has enterado?

La revolución tecnológica está aquí. Por poco que rasguemos la realidad, y con todas las salvedades, se asemeja a la situación social que se produjo con la transformación con motivo de la revolución industrial.

El trabajo vuelve a ser invisible. Gran parte de los trabajadores a nivel mundial han pasado de trabajar en las fábricas a trabajar en sus casas. Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), datos de 2019 previos a la pandemia, el número de trabajadores en domicilio ya son 260 millones en todo el mundo. Un 7,9% del empleo mundial. Ahora, a raíz de la pandemia, el número se va a ver incrementado considerablemente.

Pero cuidado. Hay que vigilar que esta revolución que ha supuesto el trabajo a domicilio, y que ha sido positiva para preservar la salud y el empleo, no nos lleve de nuevo a la precarización del trabajo, a la depauperación de los salarios, y a que siempre pierdan los mismos.

Y es que esta realidad ya encierra planos claroscuros. Según datos de la OIT, los trabajadores a domicilio perciben unos ingresos un 13% menores en el Reino Unido o un 22% menores en EEUU que los asalariados que desarrollan su trabajo en la empresa. Se profundiza la dualidad en el mercado laboral, la brecha entre outsiders y los insiders, entre los que están inmersos en la temporalidad perpetua y los que tienen un empleo fijo y protección social.

Y como siempre, se repite el clásico: el género vuelve a marcar diferencias. De ese menor salario de entrada, las mujeres conforman el mayor porcentaje: 147 millones son mujeres (56%), ya que son las que tienen mayor propensión a compaginar el trabajo con el rol del cuidado.

La realidad de esta cuarta revolución tecnológica repite patrones: el del trabajo indecente. Genera incertidumbre, por ejemplo, en el horario laboral, con riesgo a desdibujarse al tener que conciliar; otorga una menor protección social, incluso hay países que los consideran trabajadores independientes y quedan fuera del amparo social.

La realidad es un hecho. No podemos poner puertas al mar. Cierto. Pero sí podemos poner diques de contención que garanticen que las condiciones laborales no se diluyan hasta ser inexistentes.

¿Quiénes tienen la capacidad de poner esos diques al mar? Las organizaciones sindicales supranacionales y también la UE. Solo desde una política concertada que les dé mayor visibilidad se otorgará una mayor protección.

La libertad sindical y recuperar la negociación colectiva en España, previa a la reforma del Partido Popular, es imprescindible. Los datos de afiliación y desempleo del mes de marzo pueden marcar una tendencia.

Precisamente, estamos definiendo el futuro del trabajo. No volvamos a viejos patrones. Esta oportunidad no la podemos perder, sería imperdonable. El trabajo decente o es digno o no es ni decente ni trabajo.

Fuente: 20MINUTOS.ES

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