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Una antiheroína providencial: Filomena evitó que la tragedia de Madrid fuese mayor

ABC señala que los estragos que la borrasca Filomena ha dejado en la capital evitaron que la comunidad educativa del colegio La Salle La Paloma tuviera que lamentar, probablemente, una desgracia aún mayor que la que le tocó vivir.

Las 15 horas, momento en el que la deflagración hizo saltar por los aires el número 98 de la calle Toledo, no es una hora cualquiera. En condiciones normales, sin el patio dañado por la nieve, centenares de niños saldrían a jugar después de pasar por el comedor. El peligroso estado del mismo llevó a la dirección del centro a obligar a permanecer en las aulas a los pequeños. Y eso, afortunadamente, evito una tragedia a todas luces.
Basta con ver las imágenes aéreas para comprender la magnitud de lo que podría haber sucedido.

«Nuestro patio está hasta arriba de cascotes, ladrillos, escombros. Al poco de escuchar la tremenda explosión comenzamos a oír el llanto de los niños. Pensamos en lo peor», describió este miércoles a ABC Ana Belén Molina, una de las vecinas de la calle de la Paloma. Su inmueble, el número 15, está dos números arriba de la entrada del colegio. «La calle se llenó de padres que acudieron a por sus hijos. Se oían muchos llantos. El susto fue enorme», describió.

Los alumnos regresaron este miércoles a las aulas después de las vacaciones y de la borrasca. Solo un días después, sus más de 200 escolares –que resultaron ilesos– volverán forzosamente a las clases a distancia. Mientras se comprobará el estado del edificio.

Idéntica suerte corrió también la residencia de mayores Los Nogales, pared con pared con el edificio siniestrado. A pesar de lo aparatoso de la explosión, los servicios de Emergencias lograron desalojar el entorno en apenas media hora. A la compleja tarea, tal y como informó el portavoz de la Policía Nacional Víctor Fernández, se sumó el operativo especial que hubo que improvisar para aislar a los casos de Covid-19 que mantenían cuarentena en la residencia.

La incertidumbre también pesa ahora sobre los vecinos que, como Ana Belén, no sabían anoche si podrían o no volver a sus casas. «Me voy a dar un paseo, aunque esté lloviendo, y si no me dejan volver, no sé muy bien qué haré», decía resignada. «Poco ha pasado...», se consolaba.

Fuente: ABC Internacional

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