20 de mayo: una reelección sin celebración por el deslave del chavismo

Dos años después de un proceso electoral plagado de irregularidades, la deriva autoritaria del grupo en el poder ha llevado al país al borde del caos

20 de mayo
El tarjetón electoral del 20 de mayo lo muestra. Allí solo hay partidos proclives al chavismo (Archivo)

Al momento de publicar esta nota, son las 11:30 de la mañana en Caracas y en medios oficiales de televisión, como VTV, no hay referencias al 20 de mayo de 2018. El chavismo, tan eficiente posicionando etiquetas a través de sus trolls y sus bots, no tiene una para conmemorar los dos años de la "reelección" de Nicolás Maduro; ni las páginas web de VTV, Telesur, el Ministerio de Comunicación e Información o Últimas Noticias (que no es oficial, pero es oficiosa), tienen menciones a la fecha.

Sería demasiado ingenuo atribuir esto a un olvido, para un régimen político capaz de conmemorar los ocho años de que Chávez visitó Caicara de Maturín, y cosas por el estilo. El chavismo, devenido en madurismo, sabe que sobre las últimas elecciones pesan demasiadas dudas, y que han terminado siendo la jugada política desesperada que ha deslizado al país por el camino de la ilegitimidad.

Recordar el 20 de mayo (no se descarta que lo hagan más adelante en el día), es recordar, necesariamente, el desafío de la presidencia interina de Guaidó; y recordarle también a sectores como Avanzada Progresista, que hoy parece más cercana a Maduro que a la oposición, que en algún momento ellos también impugnaron ese proceso, para luego dejar vencer la demanda en el Tribunal Supremo de Justicia por "decaimiento", es decir, que los demandantes no hacen ninguna gestión para que el proceso avance.

Dinamita autoritaria

Desde las elecciones parlamentarias de 2015, el país ha venido en un proceso de deriva autoritaria. Mucho antes, en 2009, ya el Gobierno de Hugo Chávez había montado la arquitectura legal de la dictadura, empezando por las leyes del poder comunal. Pero nunca las había ejercido. Eso, por supuesto, marca un punto de inflexión cuando el chavismo pierde por avalancha las elecciones de la Asamblea Nacional.

Un movimiento político democrático habría reconocido su nueva posición en minoría, pero el régimen, en primera instancia, dinamitó la posibilidad de un referendo revocatorio; y luego alteró tanto las condiciones para los procesos de alcaldes y gobernadores de 2017, que prácticamente dejó inutilizado el sistema electoral.

Las elecciones de mayo de 2018, hay que recordarlo, son un hijo bastardo de los procesos de negociación de República Dominicana en 2017. Convocadas unilateralmente por Maduro luego del fracaso de esas negociaciones (por negarse a firmar el acuerdo, Julio Borges debió ir al exilio bajo amenaza de cárcel), tuvieron otra consecuencia: el desprendimiento, sin solución de continuidad hasta hoy, de Henri Falcón, una de las figuras más controvertidas de la política venezolana.

Falcón rompió el acuerdo opositor de acudir a esas elecciones, junto con Javier Bertucci, pastor evangélico al que difícilmente puede calificarse de figura política; luego de los supuestos comicios, que tuvieron un récord de abstención incluso si se consideraran como reales las cifras del Consejo Nacional Electoral, impugnó el proceso argumentando fraude. Pero luego no siguió impulsándolo en el Consejo Nacional Electoral.

Las consecuencias a hoy

Para por lo menos 60 países, Nicolás Maduro no es presidente formal de Venezuela; lo es Juan Guaidó, porque desde el 10 de enero de 2020, consideran estos países, Venezuela no tiene presidente y el del Parlamento es quien debe asumir hasta que se realicen nuevas elecciones.

El 10 de enero de 2019, Maduro tuvo que invitar al presidente de Osetia del Sur, un territorio no reconocido como país por la ONU, para llegar a siete presidentes que lo acompañaron en una toma de posesión ante un Tribunal Supremo de Justicia en el que Maikel Moreno, su presidente, se enredó para tomarle juramento. Un acto absolutamente ausente de representatividad democrática.

De allí en adelante, la deriva totalitaria del régimen ha aumentado. El proceso del 20 de mayo de 2020, con la instalación de la Asamblea Constituyente también en un proceso electoral totalmente deslegitimado en 2017, representan hitos en un camino en el que el sistema político se ha ido alejando, cada vez más, de unas elecciones que cumplan con "mínimos estándares democráticos": mínimos estándares que no hubo en 2017 ni en 2020.

Sin embargo, en igualdad de condiciones, esos mínimos estándares estarán ausentes nuevamente este año o el que viene, si se realizan unas elecciones parlamentarias en las que la figura de los partidos cercanos a Falcón vienen ganando fuerza, y en medio de grupos que sostienen que hay que participar a cualquier costo.

La deriva totalitaria del país, dos años después, se ve reforzada por una emigración masiva y por un jefe de Estado que es el segundo político más impopular de Venezuela, Maduro, según todos los sondeos; y por una factura de déficits democráticos tan alta que imposibilita al régimen revertir aunque sea parcialmente el proceso para ganar legitimidad.

La propuesta de Estados Unidos de un Consejo de Gobierno, con cinco miembros, sigue siendo la fórmula asumida por la oposición para intentar revertir el proceso hacia el autoritarismo de la forma que menos costo social tiene: mediante un proceso electoral con garantías y supervisión internacional.

Algo a lo que el chavismo se seguírá negando, porque, desde hace cinco años, los números de la oposición doblan a los suyos. Y porque sus reflejos democráticos, si alguna vez los tuvo, han quedado tan atrás que ni siquiera son recordables.

¡DIVERTIDO! Masterchef Presentó su Nuevo Videojuego en iOS y Android

¡DIVERTIDO! Masterchef Presentó su Nuevo Videojuego en iOS y Android

¡NO HAY GASOLINA! Producción en El Palito sigue paralizada