Acuerdo de la OPS, el régimen y la oposición: ¿Un arreglo al borde del abismo?

El hecho de que este convenimiento derive en otros depende, paradójicamente, de cuánto empeore la situación del país

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¿Qué significa para el país el acuerdo que suscribieron el régimen de Nicolás Maduro y la Asamblea Nacional este martes para que la OPS brinde asistencia humanitaria en el marco de la epidemia de Covid-19?

¿Es el comienzo de una escalada de pequeños acuerdos que deriven en uno grande, o algo motivado por las circunstancias? ¿Por fin Venezuela le está "viendo las orejas al lobo" en la crisis del coronavirus?

Para John Magdaleno, esto es un acuerdo al borde del abismo. No se habría producido si el régimen no viera que hay amenazas adelante con el tema del Covid-19, y si la oposición no hubiera sufrido el fiasco de la Operación Gedeón, de la que aún Juan Guaidó no logra deslastrarse, y que le ha significado un derrumbe en las encuestas, advierte Magdaleno.

Magdaleno (y otro experto politólogo que pidió el anonimato) conversaron con Caraota Digital. Ambos perciben que hay un cambio de estrategia dentro de la oposición. Un cambio que viene del cisma de la Operación Gedeón.

Los factores dominantes ahora, dentro de la alianza opositora, son los que defienden acuerdos parciales, porque el acuerdo planteado desde el 23 de enero de 2019 (la fórmula del "cese de la usurpación") parece no ser posible.

El régimen, mientras tanto, no es que se ha fortalecido. Permanece extremadamente débil y a este miércoles, con protestas por gasolina en todo el país, mucho más, afirman los expertos. ¿Al punto de que pudiera estar dispuesto a negociar más cosas, y finalmente, lo que el politólogo anónimo señala que es lo único que jamás negociará, que es su aferramiento al poder?

Este experto indica que por ahora, el régimen no se siente lo suficientemente presionado como para ello.

El ascenso de PJ

Hace menos de un mes, se conoció de un posible cisma en el G4. Primero Justicia lanzaba comunicado aparte para desmarcarse de la operación Gedeón.

Se filtraron, también, supuestas desavenencias del grupo de Henrique Capriles con el resto de la alianza opositora, e incluso la amenaza de la separación.

PJ, particularmente, responsabilizaba a Leopoldo López del supuesto intento de contratar mercenarios.

Hoy se conoce, señala el politólogo anónimo, que ese cisma se evitó con la aceptación de un cambio de estrategia, al menos, temporal. Ese cambio se ve expresado en el acuerdo con la OMS.

Los sapos que hay que tragar

Para que por primera vez en cinco años el régimen de Nicolás Maduro suscribiera un documento de la naturaleza del presentado este martes, tuvo que tragar muchos sapos. Incluso, algunos que él mismo se sirvió.

La manera como el acuerdo con la OPS fue presentado por Jorge Rodríguez, ministro de Comunicación del régimen, fue más que elocuente: "Habíamos querido mantener en secreto la firma del acuerdo entre el Ministerio de Salud y el equipo de un sector de la oposición, del llamado G4. Pero como había publicaciones en medios cercanos, yo lo quiero leer".

Luego diría que "si el diablo quiere colaborar, con el diablo trabajaremos".

La oposición, por su parte, estaba, en apariencia, contenta, porque por primera vez obligaba a Maduro a aceptar algo: "luego de meses de insistencia y lucha, logramos que la OPS reciba la donación aprobada por la Asamblea Nacional para atender la pandemia en Venezuela", señalaba Juan Guaidó en Twitter.

Sin embargo, muy pronto empezó a recibir palazos de sus sectores más radicales. Uno de los que más se popularizó fue un tuit de Antonio Ledezma, exalcalde metropolitano, hoy viviendo en Madrid, que dijo lo siguiente:

¿Negociar con quién y por qué?

Para suscribir el acuerdo, por su parte, el régimen de Nicolás Maduro tuvo que ignorar una sentencia del Tribunal Supremo de Justicia: esa que le daba, la semana pasada, la presidencia de la AN a Luis Parra.

Por ello usa la fórmula de decir que acuerda con el G4, sin explicar por qué, en función de que poder tiene que hacerlo.

A sus seguidores y a sus cuadros más radicales les debe resultar muy difícil ­ entender por qué negocian con partidos como Voluntad Popular, al que hace apenas una semana acusaron por terrorismo.

En ese escenario, la excarcelación de Juan Márquez, tío de Juan Guaidó, es el típico intento del régimen de enlodar cualquier victoria de sus contrarios. Además de una muestra de cuánto utilizan a los presos políticos como fichas de negociación.

Mención aparte merece la reacción de parte del público en redes sociales. La política es un arte de negociación, de acuerdos: y que ellos en Venezuela sean tan extraños, muestra cuán profundo ha calado el mensaje (autoritario y falaz) de la antipolítica, divulgado desde el poder.

Incluso si la causa es extremadamente perentoria, como la del Covid-19, y el actor tiene tanta reputación como la OPS.

Poder duro vs. poder blando

En el fondo, señala John Magdaleno, el régimen sigue teniendo el poder duro, mientras que la oposición solo cuenta con poder blando. Lo está usando bien, señala, en esta oportunidad.

¿Qué podría desbalancear la situación? Magdaleno indica que la amenaza de la intervención militar ha dejado de ser creíble, o nunca fue creíble.

Si la crisis del Covid-19 o de la gasolina se volvieran incontrolables para el régimen, probablemente se vería obligado a negociar cosas y entregar, incluso, la posibilidad de unas elecciones limpias a cambio; o se podrían provocar fracturas a lo interno.

Pero en este momento, advierte, eso no luce en el horizonte, aunque el régimen está sufriendo "un agravamiento de sus dificultades sistémicas", que pueden llevar a fracturas dentro de la coalición dominante, señala John Magdaleno.

Al final de cuentas, señalan tanto él como el otro experto, ambas partes negociaron para no exponerse a mayores pérdidas.

Y en última instancia, el politólogo anónimo señala que la atención al Covid-19 es "una medalla que ambos pueden colgarse"; pero en la práctica, la situación de anomia del país continúa creciendo, y también la amenaza del Covid 19 en uno de los países peor preparados del mundo para enfrentarlo, según la OMS.

La OPS, sabemos, es subsidiaria de la Organización Mundial de la Salud, y puede enfocar sus recursos al país mucho mejor si ya tiene gente e infraestructura operativos en las próximas semanas.

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