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¡Bollito con agua de sardina! Esa es la comida que les dan a los niños del Hospital Central de Valencia

Bollito con agua de sardina, arroz o pasta. Esas son las opciones, por separado, de la comida que les dan a los más de 150 pacientes del área de pediatría de la Ciudad Hospitalaria Dr. Enrique Tejera (CHET) de Valencia, estado Carabobo.

Los padres reciben el plato y agradecen que existan fundaciones que apoyan con la alimentación de los niños. De otra manera su recuperación sería imposible. Se trata de 14 organizaciones que se han organizado para llevarles almuerzo todos los días, sin descanso. Pero no ha sido fácil. Cada vez son menos las donaciones que reciben.

Enfrentar la precariedad en medio de la cuarentena se ha convertido en todo un reto. “Es muy complicado patear calle con la pandemia y pedir que nos regalen arroz, un poquito de cebolla o de zanahoria”, relató la presidenta de la Asociación Civil Zadig Villarroel 9, María Gabriela Abreu.

En cuanto a infraestructura, el área de pediatría de la CHET está en buenas condiciones. “Ese no es el problema, sino la comida. A las autoridades les pido que ayuden. Ellos tienen los recursos y nosotros la voluntad, no está fácil la situación”, aseguró.

A Abreu se le ve recorriendo las calles de la ciudad en bicicleta buscando donativos. Lo mismo hacen otros 20 ciclistas y voluntarios de la fundación Dejando Sonrisas Venezuela. Su presidente, Jesús Díaz, coincidió en lo difícil que ha sido seguir con la labor durante los cuatro meses de pandemia.

Hace algunas semanas hicieron una rifa para recaudar fondos, pero no fue suficiente. “Nos fue bien, sin embargo, 70% de lo que logramos se invirtió en alimentos para las comidas que preparamos y llevamos a la CHET y a las casas de adultos mayores en condición de precariedad”.

Esto se tradujo en una reducción considerable en las ayudas de medicinas, insumos y pago de exámenes. “Es muy duro decirle que no a una madre cuando nos pide algo que no tenemos. Estamos muy limitados”.

El fin de semana pasaron por una situación muy complicada. “Hasta el último momento no teníamos la proteína para los 150 almuerzos de los niños del hospital y 300 adicionales que se prepararon para abuelitos de diferentes comunidades. Pero al final recibimos un donativo y lo logramos”, dijo José Rafael Lugo, voluntario del área de la cocina.

Quienes se dedican a esa labor de ir a buscar los donativos, llevarlos a donde se hacen las comidas, entregar los almuerzos en el hospital, también enfrentan una dura realidad. “No tenemos implementos de bioseguridad. Necesitamos protectores faciales, tapabocas, guantes, gel antibaterial. Porque también debemos cuidarnos para seguir trabajando”, aseguró Díaz.

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