Clap, corrupción y control social: denuncia Transparencia Venezuela en Mérida

De acuerdo a varias ONG defensoras de derechos humanos en el estado Mérida, el programa de los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (Clap) del régimen de Nicolás Maduro, es usado como una herramienta de control social.

Mercedes de Freitas directora ejecutiva de Transparencia Venezuela, lamentó que lo más vil que ha hecho es usar la comida y las medicinas como una herramienta para el control político. "Es lo más bajo que ha ocurrido desde un gobierno para la ciudadanía", dijo.

Asimismo, señaló que también existe "un robo" desde la macro-estructura. "No se sabe donde compran, cómo lo distribuyen, quiénes son los beneficiarios, en cuánto lo pagaron, roban desde el de arriba hasta el de abajo", expresó de Freitas.

"La configuración y la estructura que tienen es de altísima corrupción, no hay rendición se cuentas ni acceso a la información, ni justicia", añadió.

Cristi Rangel, coordinadora de Transparencia Venezuela en Mérida, explicó que existe una asimetría en la cantidad de productos que llegan, a su juicio existe un alto número de denuncias en referencia a esa problemática, "hay un desbalance en el contenido de las cajas o bolsas, en algunos casos hay discriminación en determinadas comunidades porque exigen el carnet de la patria o no están haciendo militancia activa", afirmó.

Igualmente, Rangel agregó que la venta de alimentos en algunos sectores es regular, sin embargo, en otros llega una vez al año e incluso ninguna, "también se usa la entrega de alimentos para coaccionar la expresión popular sobre cualquier situación o funcionamiento de servicios, si la gente se quiere expresar entonces la quieren coaccionar y retirarle el beneficio y como hay un ambiente de hambre y desnutrición las personas por temor evitan denuciar", indicó.

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Por su parte Nelson Rivas, investigador del Observatorio de Derechos Humanos de la Universidad de Los Andes (ODH-ULA), dijo que la caja Clap es un mecanismo de control político y excluyente, relató que su padre el pasado 29 de octubre recibió la caja luego de un mes de la promesa de entrega.

Manifestó que la caja estaba compuesta por siete kilos de arroz, tres kilos de pasta, dos kilos de harina de maíz y dos kilos de leche. "Lo que más me llama la atención es que según mi padre la leche es lo peor de toda la caja porque sabe a sal y nisiquiera se disuelve en el café", comentó.

En ese sentido, Rivas aseveró que evidentemente es un producto de mala calidad que puede causar graves afectaciones al sistema digestivo en los adultos, "ahora no quiero imaginarme en los niños", finalizó Rivas.