Crisis política en Venezuela: momento de decisiones para Trump y Maduro (análisis)

La decisión de EEUU de no permitir (por los momentos) ingresar gasolina iraní eleva la apuesta de los actores de la crisis venezolana

Desde 2015, Cilia Flores ha limitado al extremo sus apariciones públicas, mucho más sus declaraciones, en medio de la crisis política en Venezuela. La "primera combatiente" cumple con su rol de apoyo de Nicolás Maduro en privado, según se dice, con total energía. Por eso, su presencia en un programa especial este jueves, afirmando que "de esta, Juan Guaidó no se salva", a propósito de la presunta invasión paramilitar desde las costas colombianas, resulta una muestra de cuán en serio apunta el régimen a Juan Guaidó desde el 3 de mayo.

Día tras día, sus principales voceros parecen estar abonando el terreno y sondeando el ambiente para proceder contra el líder de la oposición. Con extrema cautela, pero parecen tenerlo todo dispuesto.

Ese sondeo no es solo a lo interno: Maduro y el régimen parecen ya convencidos (pero aún necesitan estarlo al 100%) de que la llamada "amenaza creíble", de Estados Unidos no es creíble, y tienen razones para ello. Por ejemplo, el propio Elliott Abrams ha dicho la semana pasada que no hay posibilidades de una intervención militar en Venezuela.

La designación de James Story como embajador es otra señal de que EEUU apuesta, más que nunca, a la presión diplomática y finaciera (y no militar) contra el régimen.

Con el tanque en cero

Estados Unidos espera que esto "colapse solo". Que la presión de no tener gasolina haga que Maduro y su entorno sean compelidos a negociar con la oposición un desenlace pacífico a la crisis política en Venezuela. Estados Unidos y la dirigencia de la oposición están convencidos de que a Maduro, en algún momento, el sector militar y sus propias bases le pedirán que negocie un acuerdo político, ante la inviabilidad de sacar adelante el país.

Hasta ahora, el régimen de Maduro no ha dado ninguna señal, al menos pública, de que pretenda negociar algo. Apuesta todo a que en algún momento logrará dominar la variable clave, que es la de la falta de gasolina. Es lugar común ya decir que, al régimen, la pandemia del covid-19 le vino como anillo al dedo: le eliminó consumo de combustible, le permitió desmovilizar a la oposición, a la comunidad internacional (EEUU ha quedado prácticamente solo frente al tema venezolano, con Francia, Inglaterra y Alemania secundándolo, que no es poco); y le mejoró el discurso contra las sanciones de EEUU.

A ningún alma de buena fe en el mundo le costará entender que en este momento, sancionar a un país, más uno tan desvencijado como Venezuela, puede tener consecuencias sobre su igualmente desvencijada población, incluso aunque esas almas reconozcan perversidades en el régimen político imperante.

EEUU no va a pedir permiso

Un detalle no cuadra: esta desescalada de las amenazas militares se inscribe en el momento en que Estados Unidos tiene ya desplegado en el Caribe, con el propósito confeso de interceptar todo lo que salga de Venezuela que pueda ser o parecer droga, una flota militar como nunca antes.  Quizás juega a terminar de sellar los poros de las sanciones y sentarse a ver pasar el cadáver de su enemigo.

Esta semana, voceros como Julio Jiménez Gedler, "Julio Coco", señalaban que "si no van a sacar a Maduro, dejen que llegue la gasolina", en alusión a que Estados Unidos anunció su intención de interceptar los cinco buques cisterna que supuestamente vienen de Irán con gasolina para un país paralizado desde hace tres meses, y donde se augura que se avecina una grave crisis por falta de producción y distribución de alimentos.

Desde un punto muy diferente del espectro político, Francisco Rodríguez pide a la oposición "autorizar el ingreso" de gasolina a Venezuela. Olvida un que Irán es un enemigo de Estados Unidos, un enemigo militar. Estados Unidos no va a "pedir permiso" a la oposición venezolana para detener buques iraníes en el Caribe; no puede permitirse una alianza Irán-Venezuela en sus narices. Es geopolítica 101.

Recibiendo gasolina iraní, el régimen de Maduro eleva su desafío a EEUU, que en el último mes, ha visto llegar decenas de aviones con supuestos técnicos para levantar las refinerías de Falcón (a juzgar por la apariencia y los resultados, no han podido); y ahora ve llegar a los barcos, mucho más fáciles de detener.

El fundado temor de Julio Coco y de muchos otros es que Maduro logre resistir sin gasolina, mientras a su alrededor mueren miles de venezolanos; las fundadas expectativas de la oposición son que el régimen no podrá soportar el incremento exponencial de la protesta y tendrá que negociar o ver el quiebre interno; la fundada esperanza de Cilia Flores y Maduro es que el mundo seguirá concentrado en la pandemia, que los venezolanos resistirán sin salir de sus casas, que la ola de entusiasmo por Guaidó viene en plena retirada, y que en noviembre, Joe Biden será presidente de Estados Unidos. Por eso Maduro habla de perniles navideños en mayo, por muy loco que nos suene a los demás. Por eso dice "nos subestiman" cada vez que puede.

¿A qué apuesta Donald Trump, que ha comprometido tanto esfuerzo y prestigio en la crisis venezolana? Eso, solo Trump lo sabe, pero con el Covid-19, Venezuela puede ser su última carta (desesperada) para una carrera electoral que antes de la pandemia parecía sin enemigos y hoy corre el riesgo cierto de perder, aunque no está, ni mucho menos, perdido. Y ya no sabe si tiene un as o solo una carta cualquiera. Cosas de la incertidumbre mundial generada por el coronavirus.

Aguas encrespadas

Mientras tanto, la conflictividad en Venezuela crece, el país se hace cada vez más inasible, cada vez somos menos Estado y más caos. Las protestas se vuelven cada vez más cotidianas. La represión y las amenazas también aumentan.

Y aunque Guaidó sigue siendo un objetivo difícil, por su respaldo internacional, luce menos inaccesible, y sobre todo, menos cobijado por el resto de la oposición, que hace seis meses. La "operación Gedeón" ha significado un impacto de torpedo en su línea de flotación y ciertamente, las aguas bajan encrespadas entre Voluntad Popular y el resto de los partidos (no sé si no sería más prudente decir los restos de los partidos) que conforman el G9.

Porque PJ, la otra ala de la mancuerna que ha compuesto la política opositora estos cinco años, tiene sus propios fantasmas. Entre ellos, un tal Luis Parra.

Que alguien les diga a tirios y troyanos en la oposición que una arrechera, perdonen el localismo,  no es una estrategia. Y que después de 21 años, unos cuantos deberían tenerlo ya aprendido.

El régimen, en tanto, sigue deshojando la margarita de un paso (la defenestración de Guaidó) que se antojaría definitivo en el desenlace de esta crisis.Pero ya quedan pocas hojas.

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