De maestra a señora de servicio: conozca la historia de miseria de las docentes de Carabobo

Foto: Dayrí Blanco

Belkis Colmenares no puede evitar relatar su situación sin quebrase. Para ella no es fácil haber visto a su hija de 19 años renunciar a su sueño de ser maratonista. Tenía las condiciones, la preparación y las ganas, pero la crisis la empujó a migrar y ahora trabaja como doméstica en Cúcuta.

«No tuve más opción que dejarla ir, aquí no tenía ni para comprarle toallas sanitarias», narró quien le ha dedicado más de 20 años a la docencia y no puede mantener a su familia. Ella tiene dos hijos mas, uno de 15 y otro de 17 años. Ambos son beisbolistas, con un talento que se refleja en los números y estadísticas de las ligas juveniles que conforman, pero la estaba pasando muy mal.

En dos semanas tienen pautada una competencia nacional, pero aún no saben si asistirán. Los dos son pitcher y sus equipos cuentas con ellos, pero su madre no tiene para comprarles los zapatos que necesitan. «Ni si quiera tienen monos para entrenar, los que tienen están todos rotos».

Mientras tanto, ellos dos trabajan descargando mercancía de gandolas para ganarse 40 mil bolívares cada uno y ayudar con lo básico en la casa. «Anoche estuvieron en eso hasta la 1 am y a mí me da mucho dolor, ellos no tienen que pasar por eso. Y de lo único que hablamos es de como haremos para resolver el día a día».

Belkis, además de ser maestra en una escuela nacional en Naguanagua, es buhonera. «Vendo harina o cualquier otra cosa». También le ha tocado lavar y hacer labores domésticas en diferentes casas, y en las noches lava platos en un hotel. «Eso hace que baje mi rendimiento en todo sentido, llego cansada a dar clases y casi no atiendo a mis hijos».

Su historia de hacer varias cosas a la vez para poder sobrevivir no es inédita. Rocío Duarte es docente tipo 3 con maestría y gana 150 mil bolívares quincenal. «Eso se me va en cinco cositas en el el supermercado». Tiene una hija de siete años y por cumplir netamente con su alimentación trabaja en la mañana en la escuela, y da tareas dirigidas en más tardes. «No tengo tiempo para mi hija, y a ella solo le puedo dar la comida más necesaria, no la llevo al parque, al cine, ni a recrearse a ningún lado porque no tengo dinero para eso».

Por todos esos motivos, ellas y un nutrido grupo de docentes salieron a protestar la mañana de este martes, en la plaza Rafael Urdaneta de Naguanagua, durante la primera jornada de las 72 horas de paralización convocadas en todo el país, que se cumplió en 90% en la entidad. El miércoles estarán en la Plaza Bolívar de Valencia, y el jueves marcharán desde la sede del rectorado de la universidad de Carabobo, hasta la avenida Cedeño.

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