En el J.M de los Ríos se respira a muerte y sus madres nos contaron sus dolorosas historias (crónica)

Captura de pantalla

A pesar de que la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) en agosto de este año amplió su medida de protección a pacientes del departamento de hematología del Hospital J. M. de los Ríos, los niños siguen falleciendo y en condiciones deplorables.

En menos de 24 horas fallecieron Crisbelys Rujano y Nahia Pernalete, ambas amparadas por estas medias; sus muertes demuestran la poca o nula intención del Estado para evitar que la vida de estos pacientes sigan en riesgo.

Paredes destruidas, basureros rebasados, niños pacientes sentados en escaleras y pasillos, madres corriendo de un lugar a otro.

“Para poder subir en el ascensor debes pegarte a la puerta y gritar “pacienteee” y darle dos golpecitos para que la ascensorista baje a donde estés”, me dice una enfermera que así se convierte en mi complice no solicitada; logro acceder al piso de hematología, donde más de 20 pacientes y sus acompañantes, sus madres en su mayoría, esperan en una sala sin aire acondicionado entre tapabocas y una humedad absorbente.

En la primera silla, al entrar, se encuentra una madre con su hijo recostado en sus piernas. No quiere hablar acerca de lo sucedido, hace poco más de 24 horas, es duro e incómodo.

Una de las madres del fondo escucha y decide acercarse, comenta que ella ya ha participado en ruedas de prensa para hablar de la situación, no solo de la que pasa con su hija, si no la de todas las madres.

La madre de uno de los pacientes de hematología, me invita a sentarnos en el pasillo para hablar en “privado” ya que no es conveniente que nos vean hablando de lo que pasó.

“Nahia Pernalete falleció el sábado, faltando solo un mes para cumplir los tres años de edad y cumpliendo su tratamiento completo. No tienen información exacta de la causa de muerte, ni los padres han tenido acceso al acta de defunción, pero comentan que puede ser por una bacteria en el quirófano de la unidad que ocasionó meningitis en al menos una de las pacientes. La otra paciente fallecida fue Crisbelys Rujano, de tres años de edad, y estaba en espera por trasplante de médula”, comentó.

Luisana, madre de Shalom otra paciente del departamento, tiene más de un año esperando por el medicamento “exjade”, me explica que sin este el cuerpo no es capaz de procesar el hierro obtenido en la sangre luego de las transfusiones, que a la larga al no consumirse, ocasiona que los órganos dejen de funcionar debidamente en pacientes hematológicos.

Ambas madres deciden a acompañarme a buscar a la mamá de la niña Crisbelys, que desde hace horas había estado en la morgue del hospital esperando la entrega del cuerpo de la niña y el acta de defunción para saber la causa que le arrebató a su hija.

Primer escenario: la farmacia del hospital a oscuras con varias cajas en el piso y madres de pacientes entregando unas pocas donaciones que acababan de llegar, que incluyen gasa, máscaras y unos cuantos guantes.

Al seguir bajando al último piso, donde se encuentra la morgue, el escenario se hace más oscuro y frío. Pasillos sin luz, cubículos abandonados, rejas cerradas oxidadas y una señora impidiendo el paso al abandonado lugar.

“ella se fue corriendo porque al parecer una de las madres le va a donar una caja donde la van a enterrar” y con esa frase las dos madres quedaron congeladas al instante, y a la vez con la necesidad de huir, donde jamás quisieran entrar.

Esta no es más que unas pocas de las tantas historias de este hospital, una de las pocas de niños fallecidos, que ni en cifras se convierten porque nunca se sabe la verdadera razón de sus muertes porque no hay manera de llevar el control.

Son los testimoniales de algunas de las madres, que valientemente deciden contar sus historias, para tener una idea de lo que sucede en ese hospital.

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