En el Pérez Carreño el lavado de manos contra el Covid-19 se hace con tobos

Durante el ultimo trimestre de 2019 la Encuesta Nacional de Hospitales rompió con la burbuja de normalidad que se empeña el Ministerio de Salud en mostrar. Carlos Alvarado a quien se le ha visto últimamente por la llegada del Covid-19 suele fingir demencia sobre el estado de los centros médicos en Venezuela.

La realidad es aplastante e inocultable. Basta solo con caminar por cualquier pasillo de hospitales en Caracas para confirmar que la cifra dada por Julio Castro a principios del 2020 la padecen a diario sin excepción, pacientes, familiares, médicos y trabajadores. El 70% de la infraestructura hospitalaria en el país no cuenta con servicio regular de agua.

Preocupados por la pandemia del Coronavirus, médicos del hospital Miguel Pérez Carreño nos envían fotografías de como se encuentran distintas áreas. Pipotes con agua en cada rincón. Habitaciones, baños y hasta en el pabellón sus trabajadores la almacenan para tener como lavarse las manos y limpiar los pasillos.

"Se pide que constantemente nos lavemos las manos y lo hacemos pero con tobos porque aquí el agua llega a veces", aseguró uno de los médicos de guardia, quien además aseguró que materiales como tapaboca, guantes u otros implementos desechables muchas veces son llevados por ellos mismos quien buscando protegerse los compran.

Paredes y pisos exhiben hoy la suciedad de la ausencia total de materiales de limpieza como el cloro que es básico y en Venezuela que un hospital lo tenga es "un milagro".

El Miguel Pérez Carreño es un hospital universitario fundado en 1970 por donde han pasado profesionales de alto calibre y hoy exhibe las huellas del despojo y la incapacidad. El deficit de personal que ha tenido que migrar del país y hacia otros oficios golpea directamente a los pacientes.

Hoy cuando usted esta leyendo esta nota este hospital Tipo IV cuenta solo con 4 camas aptas en la Unidad de Cuidados Intensivos de 47 que deberían estar habilitadas. Dos para adultos y dos pediátricas. La angustia del personal sobrepasa las paredes donde a diario enfrentan las peores situaciones.

"Nosotros cargamos agua. A veces tenemos que ayudar a los pacientes porque llegan aquí en malas condiciones, desnutridos y recién operados deben cargar con tobos de agua de un piso a otro", dice una camarera. Como ella cientos de trabajadores que no se atreven a hablar para evitar represalias.

Enfermeras del J. M. de los Ríos por ejemplo han denunciado que solo ven el agua salir por los grifos martes o jueves. A veces la dejan por 24 horas otros días solo por 45 minutos y ahí comienza la rutina de recoger el recurso en cualquier recipiente que sirva. Tobos, botellas de refresco, pipotes o potes de jugo.

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