«Fue muy fuerte ver a niños morir»: bacteria en la Chet llevó a la muerte a 8 bebés

Foto: Dayrí Blanco

Lorena Rodríguez mira a su bebé todo el día. Le cuesta creer que lo tiene, no solo en sus brazos, sino en su casa, vivo, recuperándose. Fueron dos meses de angustia, desesperación y de esperar lo peor en cualquier momento, como pasó con ocho niños en el último mes en la terapia intensiva neonatal de la Ciudad Hospitalaria Dr. Enrique Tejera (CHET) de Valencia, donde la presencia de una bacteria fue el argumento constante de los especialistas del lugar, tras la complicación de estos recién nacidos antes de sus muertes.

Ella estuvo ahí dos meses, desde el 29 de julio, un día después del nacimiento de su segundo hijo, Mathías, quien fue llevado al centro de salud más importante de la región por no tener esófago. Ahí fue operado y estaba en retén, evolucionando favorablemente hasta que a principios de septiembre comenzó lo que ella llama como «la tortura de la bacteria», que provocó que al bebé lo enviarán a cuidados intensivos y lo entubaran, como sucedió con el resto de los ocho pacientes que estaban en el sitio y que fallecieron de forma progresiva.

«Era doloroso para mí ver a las mamis llorando, yo lloraba con ellas, mi hijo estaba muy grave y pensaba que solo faltaba él. Seguían entrando niños con una condición y salían con otra, dijeron que había una sepsis ahí, y seguían muriendo», relató Lorena mientras alimentaba a Mathías a través de una sonda que aún no le han retirado.

En la CHET nadie da información sobre esa contaminación que habría sido el detonante de estos fallecimientos. Solo le admitían a los familiares que los niños estaban graves y que debían comprar determinado antibiótico para tratar de combatir la bacteria adquirida en el lugar.

«Yo lo que hacía era llorar. Fue muy fuerte ver a niños morir que entraban con una cosa muy leve y de repente salían con esa bacteria y ya está listo, mueren, presentía que me tocaría a mi. Se debe hacer algo inmediatamente, matar esa bacteria, el gobierno tiene que saber, yo no lo se, no soy médico».

Tampoco se conoce versión oficial ni se ha comunicado sobre algún protocolo de saneamiento. «Los papis llevaron cloro y desinfectante para supuestamente matar la bacteria, pero sabemos que eso no es suficiente, hay otros productos especiales y debe actuar Insalud, el gobierno, eso no queda en manos de los papis, a ellos les queda es el dolor de cada día, de la muerte de sus niños, de lo que se vivió cada día ahí».

Durante esos dos meses, Lorena no solo vivió el drama de la bacteria, sino que tuvo que enfrentar la crisis del sistema de salud en primera persona. «Yo soy de bajos recursos, me tocó pedir dinero en la calle, y colaboraciones a otros papás y a mi familia, para los insumos de mi hijo como inyectadoras, jeringas, guantes, medicinas, cosas que no teníamos, pero se hacía lo posible».

Además, le tocó dormir en las peores condiciones. «Lo hacía en el piso de la emergencia con el papá de mi hijo. Aún tenía los puntos y fue muy doloroso e incómodo».

Aunque Mathías está en casa, el temor de Lorena sigue latente. El bebé necesita otra cirugía para conectarle el estómago con el esófago y que por fin pueda alimentarse de una forma normal, sin sondas y sin tener un drenaje en su cuello. Pero solo imaginar volver a pasar algunos días en la CHET es algo que la llena de mucha angustia.

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