Indolencia y desidia:  apagones en Puerto Cabello son de más de 12 horas 

Foto: referencial

Virginia Suárez siente que ya no puede ser más creativa. Ella ha hecho de todo durante las horas de apagones en Puerto Cabello para entretener a sus hijos. No ha sido fácil, porque a ella también le afecta y cansa estar por 12 horas o más sorteando el típico calor de la costa carabobeña y dejar de dormir para intentar refrescar a sus dos niños en medio de la oscuridad.

20 horas. Ese fue el tiempo que estuvieron sin electricidad durante la noche del domingo, y la mañana y tarde del lunes. «Fue intenso, pero gracias a Dios no había plagas», exclamó cargada de resignación porque esta no es la primera vez que le tocar vivir un corte de este tipo.

Todo empezó el el 3 de septiembre del 2018 con la caída de una torre de la línea 115kv Valle Seco-Bárbula, circuito que surte de energía a 80% del municipio, y cuya única solución de Corpoelec fue conectar toda esa demanda de energía a una red vieja que estaba en desuso y que colapsa con frecuencia.

A veces se quedan sin servicio por más de 60 horas, en otras ocasiones tienen «suerte» y les llega en menos de 24 horas, pero la norma es que sea más de 12. Virginia usa siempre el mismo cartón. Lo tiene reservado para este tipo de apagones que se ha repetido en cuatro oportunidades desde hace un año. Lo usa para tratar de echarle algo de aire a sus hijos, pero no es suficiente.

«Me ha tocado bañarlos en la madruga y duermen hasta desnudos porque el calor es realmente insoportable». Con el amanecer ella se levanta cansada y empieza otro problema: mantener entretenidos a los niños, que sin electricidad no van a la escuela.

«Les canto, les leo, les bailo y hasta les invento cuentos». En las noches juegan con las sombras en las paredes, hacen adivinanzas y tratan de no moverse mucho para no sudar. Pero es una tarea muy difícil: «el varón de seis años se aburre fácilmente, y la hembra de tres lo imita en todo».

Todo esto lo vive mientras las preocupaciones no se apartan de su mente. «Lo más importante es que no se dañe la comida, así que me enfoco en que no se abra mucho la nevera para conservar el frío, pero después de 12 horas eso es inútil y hay que cocinar todo o comprar hielo».

Esta vez al menos tenía comida. En otras oportunidades no ha sido así y le ha tocado que caminar de un lugar a otro para comprar algo. «Casi todo está cerrado porque no tienen planta eléctrica, y donde sí abren solo reciben bolívares o dólares en efectivo, y yo no tengo ninguna de esas dos opciones».

Estos apagones ya no sorprenden a los porteños, quienes esperan nerviosos el siguiente porque saben que aún no ha sido reparada la raíz del problema.

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