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    Ivonne Attas: “Al venezolano hay que quitarle la limosna que le han dado por vida”

    Llegó a Venezuela de 11 años, solo hablaba italiano y francés. Aquí se hizo actriz de la mano de Juana Sujo. Se recuerda con medias tobilleras junto con su amiga Doris Wells, protegidas ambas por el joven José Bardina. Ivonne Attas, la villana por excelencia, habló con @llabanero para la serie #Legendarios: Entregó la alcaldía de Baruta a un descortés Henrique Capriles, quien habría optado por dejarle la mano extendida durante la toma de posesión. Su gestión, sin embargo, ha superado el escrutinio de los años. Hoy, retirada, dice tener el panorama político más claro que Juan Guaidó. Así nos recibe la recordada Giovanna, la madona de los 7 puñales de Delia Fiallo.

     

    Ivonne Attas experimentó  –un año antes de su retiro–  su miedo más grande como actriz. Fue en 1977. La angustia que sentía no estaba ligada a una futura falta de oportunidades. Apenas contaba con 34 años de edad y a su lado grababa un grupo exitoso de artistas veteranas.

    Ivonne Attas
    "Yo no tenía ninguna intención de venirme a Venezuela si no hubiera sido por el espíritu de mi papá de ir cambiando de negocios". (Foto: Daniela Valentina Leal)

    La presencia de Eva Blanco, Reneé de Pallás, Amelia Román, Olga Castillo, Hilda Breer, Betty Ruth, Chela D´Gar y Esperanza Magaz le indicaban que su carrera iba si acaso por la mitad del camino. De modo que era otro el motivo de tanta desazón.

    Su intranquilidad tampoco se relacionaba con el inmediato desplazamiento profesional a un campo tan distinto como la política. Como se sabe, Ivonne Attas puede presumir de un respaldo popular como casi ninguna otra figura del entretenimiento que ha optado a cargos públicos. Fue viceministra, concejal y dos veces alcaldesa del exclusivo municipio Baruta.

    La villana favorita de la autora Delia Fiallo sabía que su miedo obedecía a la escena de muerte aparatosa que debía enfrentar su personaje en la telenovela Laura y Virginia. Se alteraba al imaginar a Grazio D´Angelo dando la orden de arrancar con la grabación. Ese instante, según dice, podía significar una vuelta sin retorno. Nunca antes había sentido tanto riesgo.

    Ivonne Attas
    "Todavía tengo fresco los nombres de los políticos que están y los que no deben estar" (Foto: Daniela Valentina Leal)

    Ese día llegó a Venevision y fue directamente al set. Vio la escalera montada en el estudio gigante del canal donde las cámaras registrarían los mejores planos de la fatalidad y no dejaba de pensar en qué pasaría si algo se salía de control.

    Su maestra Juana Sujo la había formado para asumir los compromisos. Sin protestar. Sin embargo, ese empeño de Delia Fiallo de descarrilarla, de hacerla saltar desde lo más alto, sobrepasaba su entereza anímica.

    Admitía que la sofisticada francesa Michelle Dubois, el personaje que desarrollaba, no podía seguir viviendo. Estaba de acuerdo con que se trataba de una fugitiva condenada a pagar por ser cómplice del mafioso Gino Ferrari (José Torres), quienes extorsionaban para hacerse de fortunas.

    De modo que Ivonne aceptaba con gusto que Michelle muriera. Pensaba, además, que el público estaría satisfecho con el desenlace. “Michelle era una divina, pero insoportable”, describe así el perfil.

    Lo que no comprendía era el peligro que en lo personal debía correr. Para calmarla, su compañero Lotario, quien interpretaba a su esbirro Bingo, le aseguró que contaba con su musculatura para sostenerla en la caída. “´Tú, tranquila, Ivonne, que yo te protejo´”, recuerda que le dijo el actor de campechano acento cubano.

    Grazio D´Angelo, el atribulado director, estaba al límite de las expectativas. La adrenalina de aquella caída alcanzaba al elenco, igualmente a los protagonistas Eduardo Serrano, Mary Soliani y se supone que hasta a la enemistada compañera de Ivonne Attas, Alejandra Pinedo.

    “Yo estaba llena de miedo porque no eran cuatro escalones, era una escalera monumental. Si caía mal era mi muerte segura. Y Lotario me repetía ´Cuando te empujen solo tienes que gritar y lanzarte, que yo te agarro´. Así lo hicimos”.

    No hubo nada que lamentar. Se había impuesto la maestría de quien durante más de una década venía personificando con excelencia el papel de villana en la televisión venezolana. La más memorable de todas.

    [Ivonne sabe que la conversación va para largo y no quiere interrupciones. Apaga el celular…]

    Ivonne Attas y la cachetada de la discordia

    Fue precisamente en la telenovela Laura y Virginia donde se generó el impasse nunca resuelto entre Ivonne Attas y Alejandra Pinedo.

    “Alejandrita pobrecita, no sé dónde está ahora, pero yo tenía que darle una bofetada que salió mal”, rememora Ivonne Attas. “Yo simplemente tenía que simular el manotón y ella debía seguir la secuencia, mientras que el coordinador general producía el sonido de la cachetada. Pero de parte de Alejandra no estuvo bien hecho el cálculo. Volteó la cara antes de tiempo y mi mano le agarró la oreja.  Alejandrita no sincronizó bien, se molestó y pensó que yo lo había hecho a propósito”.

    Ivonne Attas
    En la telenovela Laura y Virginia (1977), Ivonne Attas se interpone entre Alejandra Pinedo y Eduardo Serrano

    Aquello fue la comidilla del canal. En medio del círculo de actrices se consideraba que Alejandra Pinedo, hija de una leyenda de la actuación llamada Cristina Fontana, tenía el pedigrí actoral suficiente para pasar por alto un traspié semejante. Al fin y al cabo se trataba de una menudencia, de algo común cuando la emoción intermedia en un oficio como el drama. Lo cierto es que la joven Pinedo no aceptó el gesto de disculpas de Ivonne Attas y prefirió ponerle fin al compañerismo.

    “Alejandro Pinedo nunca más me habló y nunca lo entendí.  Todas las actrices que trabajaron conmigo recibieron golpes”, deja escapar más que una sonrisa. “Ni Lupita (Ferrer) ni Marina (Baura) se quejaron. Tampoco Adita (Riera) ni Rebequita (González), que por cierto es mi vecina”.

    [Ivonne se levanta y acude a la cocina. De vuelta, trae una bebida fría…]

    Ivonne Attas, la quinceañera de San Bernardino quiere ser actriz

    Cada noche, en la Caracas de 1959, Ivonne Attas embarcaba al Pontiac azul con techo blanco de José Bardina. Ella, de 15 años, regresaba de sus clases de interpretación. Él, con 20 años, transitaba la comodidad que estaba forjando con su oficio de contador. Todo un prospecto. El grupo lo completaba Doris Wells, la alumna promesa que, como ellos, también aspiraba a convertirse en artista de televisión. Eran tres novatos sometidos a la disciplina de Juana Sujo, la actriz argentina fundadora de la escuela que ha formado generaciones de actores en Venezuela.

    Ivonne Attas
    José Bardina fue su compañero en la escuela Juana Sujo y desde entonces fueron amigos hasta la muerte del actor en 2009

    La joven Ivonne salía del aula a las 9:00 de la noche y esa hora representaba un riesgo exponerse a  los alrededores del Teatro Nacional, en la esquina de Cipreses de la avenida Lecuna, donde funcionaba la academia.

    De modo que Bardina se había hecho cargo de las dos menores. Cuentan que, realmente, la nobleza del actor lo llevaba a repartir diariamente a los compañeros de clases que no tenían vehículo.

    “Era como el hermano mayor con carro. Mi mamá lo amaba, lo adoró hasta el día de su muerte porque le llevaba a su muchachita a su casa. Me recuerdo como si fuera ahora”, dice Ivonne Attas sentada en la sala de su casa en La Tahona, movida por la energía del buen recuerdo.

    “Primero dejábamos a Doris, que en paz descanse, en su casa de la avenida Victoria y luego José me llevaba a mi casa en San Bernardino. Éramos felices. Efectivamente, Doris tenía un carácter temperamental, pero era un ser humano increíble, una gran persona. Éramos dos muchachitas de medias tobilleras –Ivonne sonríe– y yo la quise mucho. Nunca trabajamos juntas porque cuando nos graduamos ella se fue a Radio Caracas Televisión y yo a Venevision”.

    [Ivonne cierra la panorámica. Ha comenzado a llover…]

    “Juana Sujo me dijo: `Aprende primero a hablar en español´”

    No resultó sencillo para Ivonne Attas integrar la última promoción que guió directamente Juana Sujo antes de que esta muriera en 1961 aquejada por un cáncer de ovarios.

    La maestra estuvo renuente a aceptar a una joven recién llegada a Venezuela que no hablaba español. “Me dijo que por lo menos tenía que dominar el idioma”.

    Ivonne Attas
    "Fue absolutamente casual mi nacimiento en Damasco". (Foto: Daniela Valentina Leal)

    Ivonne se comunicaba con mayor fluidez en italiano y francés, e insistió con su enredada lengua castellana: “`¿Cómo hago? Yo quiero ser actriz`”. Pero, la consagrada profesora resultó impenetrable: “`No hablas español, ponte a estudiar´”.

    Al año siguiente regresó hablando el idioma, por supuesto, con acento de extranjera. Lamentablemente, Juana Sujo ya no se acordaba de la adolescente de pelo negro que había nacido, por circunstancias familiares, en Damasco, la capital de Siria, el 2 de agosto de 1943.

    La convencida Ivonne Attas, quien prometió ser actriz desde su crianza en Italia, le recordó que ambas se habían visto un año antes y, para despejarle dudas, le describió el ropaje blanco y el cabello rojo que entonces lucía Juana Sujo. “Me sonrió y me tomó con simpatía porque supo que en mí había una vocación real”.

    La tercera de las tres hijas de un matrimonio griego de judíos sefarditas nació en el país árabe donde la familia se había trasladado por negocios paternos. “Quiero ratificar que fue absolutamente casual mi nacimiento en Damasco, yo no volvería nunca a Siria, un país que detesto. Yo podía haber nacido en Japón, en China, porque nací durante un viaje de mis padres. Yo soy griega en realidad”.

    Resulta que una vez casados, los señores Attas se mudaron de Grecia a Israel que en ese momento era territorio Palestina. No se había creado el estado de Israel. Allá nació la hija mayor. Luego, esos tres miembros de la familia emprendieron camino a Siria, donde echarían a andar una fábrica de camas de bronce.

    A su padre, a quien recuerda como un gran comerciante, le pareció provechoso aceptar una invitación para irse a Siria, un país que, a diferencia de ahora, no estaba en guerra civil. El señor Attas tampoco estaba enterado de la existencia de campos de concentración contra los judíos. Por eso, salvó su vida al permanecer en Damasco por cuatro años. Durante ese tiempo nació la segunda hija y finalmente la propia Ivonne.

    “Yo no tengo mapa genético alguno de mi pasado. Toda mi familia murió en el holocausto. Solo sobrevivieron mi mamá, mi papá y una tía materna que la conocí mucho tiempo después cuando terminaron los campos de concentración”.

    Ella, la más pequeña de las hermanas Attas, tenía tres años de edad cuando sus padres abandonaron Siria, nuevamente buscando mayor estabilidad económica. Ivonne no articulaba aun su vocabulario definitivo. Italia fue la siguiente estación.

    “Ahí vivimos seis años seguidos y el italiano pasó a ser prácticamente mi primer idioma. Hablo italiano perfecto, pero no hablo árabe porque nunca se habló árabe en mi casa, solo se hablaba en francés y un español que hablan los judíos sefarditas que se llama ladino. Eso era lo que yo hablaba. En Italia hice toda la primaria. Yo no tenía ninguna intención de venirme a Venezuela si no hubiera sido por el espíritu de mi papá de ir cambiando de negocios. Sin embargo, a esa edad ya yo decía que quería ser actriz”.

    Ivonne Attas
    Su primer contrato como actriz lo firmó por 300 bolívares y así formó parte de la compañía del Teatro del Este, que habían estrenado Juana Sujo y Carlos Márquez. (Foto: Daniela Valentina Leal)

    Así que con esa experiencia de vida resultó justificado que Ivonne Attas tuviera tropiezos para, en un inicio, comunicarse con fluidez en Venezuela. Menos ser aceptada como aspirante a actriz por Juana Sujo. Aunque, finalmente, obtuvo su diploma en arte dramático.

    Como prueba de su talento protagonizó la obra de teatro Recuerdo a mamá, del británico John Van Druten.  “Yo me sentaba en un escritorio y relataba la historia de una familia. Ese fue el final del curso”.

    Al graduarse fue invitada a formar parte del recién estrenado Teatro del Este, en Plaza Venezuela, creado por Juana Sujo y su esposo, el actor Carlos Márquez. Ahí debutó con una pieza escrita por Arturo Uslar Pietri. Ivonne Attas había firmado por 300 bolívares –una fortuna–  su primer contrato como actriz.

    [Ivonne recuerda que en su cocina hay más bebida. Sigue hablando…]

    “Hablemos cuando tengas las uñas más largas”: Renny Ottolina

    Sus aspiraciones, más allá del teatro, apuntaban a la televisión. Quería ser figura pública. Masiva. Que todos la conocieran. Darle forma concreta a su sueño italiano. Era su convencimiento y su manera de vivir en lo que cree, la reencarnación.

    Ivonne Attas
    “Querían figuras jóvenes y nuevas, pero cuando Renny Ottolina supo mi edad no le gustó". (Foto: Daniela Valentina Leal)

    En 1961, antes de formalizar sus transmisiones como Venevision, Ivonne Attas, de 17 años, se presentó al canal. Renny Ottolina, asociado con Diego Cisneros, sería el encargado de dirigir la operatividad de la nueva estación.

    “Querían figuras jóvenes y nuevas, pero cuando Renny Ottolina supo mi edad no le gustó. Luego volví, ahora disfrazada de mujer mayor. Me pinté rabos negros en los ojos, que me hacían ver más adulta. Pensé que pasaría la prueba; sin embargo, a Renny le llamó la atención que yo tenía las uñas muy cortas. Es que me las comía. Y me dijo: ´Imagínate con esas uñitas agarrando una copa de champagne. Hablemos mejor cuando tengas las uñas más largas´. Me trató como a una niña, prácticamente. ¿Y qué crees? Regresé con mis uñas así de largotas”.

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    Para entonces, Ottolina había renunciado a la naciente Venevision por desacuerdos económicos con Cisneros. El animador se había ido de la planta y de la vida artística de Ivonne. Nunca más volvieron a cruzarse como compañeros de trabajo. Ya la actriz formaba parte de la nómina del canal.

    Para esos días, la planta había dispuesto de un ´bocadillo´ para la intervención de la debutante. El programa se llamaba El Show de Show. Ivonne, con un vestido escotado, grandes tacones y su irrenunciable delineado de ojos, solo pasaría por un lado del cantante Luis Aguilé, quien la saludaría con un ´Hola, guapa´ para que ella contestara con una sonrisa coqueta.

    “Ese bocadillo era poco, pero yo quería ser actriz y me pareció que era una forma de comenzar. Así pasó. Comencé a hacer las telenovelas y no hubo una en la cual yo no participara, salvo en 1973 cuando nació mi único hijo –Jonathan Darío Humpierres Attas–, que me retiré por un año porque quería estar con él”.

    [Ivonne enciende las luces para permitirse algunas fotografías. La noche comienza a aparecer…]

    La actriz Ivonne Attas ahora se enfrenta a la UCAB  

    No pasó mucho tiempo para que Ivonne Attas retomara sus clases universitarias. Había abandonado la carrera de Psicología en la Universidad Central de Venezuela para seguir estudios de Comunicación Social en la Universidad Católica Andrés Bello.

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    Mientras grababa telenovelas presentó su tesis de grado. El público ya conocía de su villanía. Venía de hacerle la vida imposible a su amiga Marina Baura y a su hermano de vida, José Bardina, en Lucecita (1967), con su personaje de Angelina.

    Ivonne Attas
    Repite en 1972 su personaje de la malvada Angelina en Lucecita de 1967. En la foto con los protagonistas Adita Riera y Humberto García.

    Pero, en 1969, año de la defensa de tesis, los venezolanos la llamaban Lolita, la prima sin recatos de Soledad, nombre de la telenovela protagonizada por América Alonso y Jorge Félix. “Yo hacía de una pava que usaba minifaldas, botas altas y pestañas largas”.

    Así fue vestida para la discusión de su proyecto de grado. Ivonne Attas pretendía defender el género de la telenovela y dar una respuesta a la universidad, donde sectores de pensamiento radical acusaban que el producto televisivo no elevaba los valores culturales del venezolano. También era la posibilidad de fijar posición contra el profesor Antonio Pasquali, el más exacerbado de los catedráticos que enfrentó la tesista.

    En los estudios de Venevision sabían del desafío que Ivonne tenía aquel día, así que Grazio D´Angelo, director de Soledad, paralizó la grabación durante dos horas para que su actriz más malvada acudiera al duelo académico en la esquina de Jesuitas, donde funcionaba parte de la sede ucabista.

    Ivonne Attas
    "Yo no puedo decir de Giovanna ue era bipolar, como dicen ahora, porque ahora a muchos se les dice que son bipolares pero yo no les veo nada de eso”.

    “Salí de Venevision a las 5:00 de la tarde y discutí mi tesis ante un jurado que no conocía. Obtuve excelente calificación, me fue tan bien que me designaron como profesora audiovisual y estuve cuatro años compartiendo cátedra con el profesor Marcos Reyes Andrade”.

    La convertida comunicadora social había expuesto que la telenovela bien manejada podía ser un vehículo para llevar educación y cultura y, además, generar nuevos hábitos.

    “Yo hice el papel de la villana en las telenovelas de Delia Fiallo, pero mis finales fueron trágicos, así que la enseñanza es que los malos deben ser castigados, y yo me alegraba de que fuese así. A veces me tiraban por una escalera o por una ventana y yo pensaba que éticamente eso era lo que correspondía hacer”.

    Selló su triunfo de la UCAB con un promedio summa cum laude.

    [Ivonne solicita ver las fotos. Celebra algunos ángulos. Pide eliminar otros…]

    Se desdobla en la madona de los 7 puñales

    Grabó una novela detrás de otra y siempre fue la villana. Con diferentes ropas, pelucas o acentos, pero irremediablemente interpuesta a la pareja protagónica.

    “¡Ivonne, entiende algo! Nadie se convencería de ver que alguien te agarre por los pelos y te arrastre como haces tú con Lupita. Debes asumir que la damita joven es desvalida”, se defendía Delia Fiallo ante el reproche de Ivonne Attas de ser otra vez la mala.

    A Fiallo, cuenta Attas, le sobraban argumentos. La guionista se justificaba argumentando que escribía basada en la sofisticación y el carácter en pantalla que emanaba la actriz.

    “Delia me convencía diciéndome que el aspecto de sus villanas tenía que ser regio y que yo le daba eso. Lupita era linda y ciertamente era menuda, vulnerable, delicada. Yo era más fuerte  de temperamento, de alta estatura, de pelo negro”.

    Fue en Una muchacha llamada Milagros donde Ivonne Attas sintió mayor realización artística. Como era de esperarse, personificó a una villana. Y no cualquiera.

    Hasta ese momento ninguna actriz en Venezuela había hecho un desdoblamiento de personalidad en frente de la cámara  Así lo estima Ivonne Attas. Por un lado, encarnaba a Irene, institutriz modosa, con lentes y cola de caballo a quien le incomodaba usar vestidos por encima de las rodillas. “Era una joven tímida, buena y llena de escrúpulos”.

    Ivonne Attas

    En la noche, el mismo personaje se transformaba en Giovanna D´Orsini, una italiana conocida como la madona de los siete puñales. “Se paraba frente a la cámara, que era como su espejo, se ponía pestañas postizas, una peluca rubia y cambiaba su ropa por escotes. Delia sabía que yo hablaba italiano y le gustaba que metiera parlamentos en italiano. Así que por las noches salía a aventurarme –Ivonne lo recuerda con una risa desinhibida–. Fue un personaje impactante”.

    Cuenta que su doble papel llamó tanto la atención que la psiquiatra Renée Hartmann, esposa del presidente Rómulo Betancourt, le dijo, durante un encuentro social, que era una asidua de la telenovela y  que como profesional de la conducta humana le causaba interés el tema del desdoblamiento de una misma persona.

    “Nadie me ayudó a construirlo”, dice. “Giovanna, la madona de los siete puñales, fue el doble papel que me llenó más como actriz. Solo pensaba en que Irene era de una forma y Giovanna de otra. Cuando me desdoblaba yo me sentía la gran vampiresa. Me ayudaba el ropaje, el cigarrillo More largo que no soltaba. Era una doble personalidad. Yo no puedo decir de Giovanna ue era bipolar, como dicen ahora, porque ahora a muchos se les dice que son bipolares pero yo no les veo nada de eso”.

    Una muchacha llamada Milagros, protagonizada por Rebeca González y José Bardina, incluyó a José Luis Rodríguez, quien desde entonces adoptó el distintivo de El Puma. Ivonne Attas precipitó su salida por un embarazo que llevaba seis meses.

    “Fui hasta el gerente de producción, que era Ángel del Cerro, y él se asombró porque no se notaba mi barriga. Le pedí que liquidara mi personaje y me colocaron un vestido blanco, me casaron con El Puma y viajé, así salí de la telenovela”.

    [Ivonne pide especificaciones de la app del teléfono con la que se graba esta entrevista…]

    Ivonne Attas deja la TV y nace su leyenda artística

    Cuando estaba de salida, protagonizó Tres mujeres, en 1978. La acompañaron como hermanas Herminia Martínez y Caridad Canelón. Todas, nietas en la ficción de María Fernanda Aranguren, la generala, interpretada por Reneé de Pallás.

    Ivonne Attas
    En el elenco femenino de Tres Mujeres: Reneé de Pallás, Caridad Canelón y Herminia Martínez. Así se despidió como actriz en las telenovelas.

    “Fue una novela muy agitada”, se queja Ivonne Attas: “El autor que comenzó a escribirla se suicidó y la tomó otro. Hice el papel de buena. Me llamaba Blanca. Las condiciones de trabajo no eran las mejores. Era incómodo"

    "No tengo buenos recuerdos de esa telenovela. La grabamos en Tacata, un pueblo de calor. Lo odiaba. Me encantó, eso sí, hacer pareja con Héctor Mayerston y encontrarme con Eduardo Serrano fue maravilloso”.

    Ivonne Attas
    Blanca fue su último personaje en Tres Mujeres del año 1978. La acompañó como pareja Héctor Mayerston

    Así se despidió de órdenes de directores, de lecturas de guiones, de pautas extensas de grabaciones, de pestañas, tacones y maquillajes saturados. Dejaba a un lado los artificios que le permitieron elaborar sus personajes. La leyenda de su nombre se había creado. Nació entonces la mujer política.

    [Ivonne ofrece más bebida fría. Incluye pasta seca…]

    El incómodo traspaso a Henrique Capriles

    Ivonne Attas estuvo casada con el director general de Venevision, Valeriano Humpierres,  responsable del área política del canal y conductor del programa Frente a la prensa, al cual acudían políticos y periodistas. Un hombre que había sido diputado por el partido Copei. De ese matrimonio disuelto le quedó su único hijo.

    “Mi casa la frecuentaban adecos y copeyanos. El bipartidismo era la gran democracia de aquella Venezuela. Yo era amiga de Carlos Andrés Pérez y comadre de Rafael Caldera. Pasé a tener más amigos en la política que en la televisión”.

    Una situación provocó otra y así despertó su vocación política. Empezó organizando un movimiento artístico en pro de la campaña presidencial de Luis Herrera Campins. Llevó a sus colegas a un encuentro con el candidato verde.

    “Empezamos en su casa en La Lagunita. Luis Herrera era un personaje, hombre sencillo, humilde y a la vez un erudito que recitaba poesía. Los artistas le dieron el apoyo”.

    Ivonne no tuvo más remedio que rendirse a su nuevo destino. De viceministra de información pasó a concejal y luego a alcaldesa reelecta de Baruta hasta el arribo de Henrique Capriles Radonsky, a quien traspasó el poder en una incómoda ceremonia que dejó un sabor amargo en los presentes.

    Todavía hoy algunos en el municipio Baruta echan en cara que Capriles, en plena aceptación del cargo, dejara con la mano extendida a Attas. Además de ese desplante, la exmandataria dice haber quedado sorprendida cuando el joven nuevo alcalde informó que estaba heredando un cúmulo de deudas municipales.

    “Entonces yo pregunté por qué estaba la firma de Henrique Capriles en mi informe de cuenta final. Con su firma avalaba el superávit que le estaba dejando. Yo puse esa alcaldía a valer y así se la entregué, como una tacita de plata”.

    Recuerda la exalcaldesa que aun sin ser amiga de Henrique Capriles votó a su favor a la gobernación de Miranda. “Es más, estando él preso yo firmé para que lo soltaran. No olvido que estaba en una boda civil y su mamá recogía firmas y yo le dije a la señora que quería firmar. Ella me dijo que no tenía bolígrafo y yo le respondí que yo sí tenía. Así entiendo la política. Lo que no acepto es el juego sucio. Yo no quiero a Capriles y el tiempo me dio la razón”.

    Ivonne Attas explica que es Capriles quien está en deuda no con Baruta sino con toda Venezuela. “¿Por qué no peleó unas elecciones presidenciales que ganó, como creemos todos que ganó, si no que nos dejó en manos de este gobierno? Yo voté por él porque significaba votar por la democracia y voté por él porque nada podía ser peor que esto que estamos viviendo”.

    Aclara que no tiene intención de salir al ruedo político. Le gustaría eso sí promover un voluntariado para educar. “Al venezolano hay que quitarle la limosna que le han dado por vida. Cuando viajo y oigo el acento venezolano me emociono, siento que es mi gente, no puedo sino sentirme muy venezolana, le he dado todo al país y Venezuela me ha dado las oportunidades más importantes de mi vida”.

    Ivonne Attas
    Ivonne Attas quiere servir al país desde la educación y la cultura, pero su ciclo en el ejercicio de la política lo dio por concluido. (Foto: Daniela Valentina Leal)

    Sobre las dos orillas en las cuales ha surfeado –televisión y política–, Ivonne Attas evalúa que los artistas de hoy “son aves de paso”. En cuanto a los políticos asegura que no está involucrada. “Todavía tengo fresco los nombres de los políticos que están y los que no deben estar. Lo tengo más claro que Juan Guaidó”.

    [Ya no llueve. Se oye un concierto de sapitos en la espesa noche caraqueña. La actriz y política vuelve a su naturaleza: nunca deja de ser anfitriona. Sabe de formas. Aprieta la mano. Es energética. Ivonne Attas es una señora aplomada…

     

    http://caraotalibre.cf/cultura/rebeca-gonzalez-el-angel-de-pelo-azabache-que-la-television-expulso

    https://iconosrotos.wordpress.com/2019/02/17/helianta-cruz-de-que-valen-las-riquezas-si-se-lleva-una-vida-con-dolor/

     

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