La historia de Winkler: depender de diálisis en Venezuela es vivir al filo de la muerte

 

Hace dos años los riñones de Winkler López dejaron de funcionar. Un diagnóstico sorpresivo y doloroso que cambió su vida, a los 15 años le tocó asumir que las diálisis formarían parte de su rutina. No existe aún la explicación médica de su patología, sin embargo la asume con una entereza que conmueve y te sacude.

Conversamos con él en intimo. Nos contó que es bachiller y que sueña con ser enfermero. Supo de su vocación durante uno de sus periodos hospitalizado en el J. M de los Ríos, donde se dializa para drenar el líquido que acumula por su enfermedad.

Conectarse a la maquina de osmosis es un «arma de doble filo» porque muchos de sus compañeros pacientes han sido contagiados de otras enfermedades como la Hepatitis C. Winkler siento el mismo miedo, las condiciones del hospital son precarias y no tener otras opciones de tratamientos aumenta su angustia.

Los pacientes renales como él deben someterse a la colocación de un cateter que se contamina por la condición hospitalaria y además se deterioran durante la expansión de las venas y deben ser sustituidos, al culminar los accesos vasculares mientras transcurre el tiempo para lograr un trasplante el riesgo de perder la vida es mayor.

Este joven tiene hoy 17 años y debe dializarse tres veces a la semana. Describe el hospital como un lugar destruido. Un centro médico donde los pacientes recién operados deben subir y bajar escaleras por falta de ascensor. Donde le suministran a los hospitalizados arroz sin sal con caraotas o arepa sola. Una dieta no apta para pacientes crónico.

«A veces sentimos que estamos entre la vida y la muerte. A mi se me baja mucho la hemoglobina y cuando me tocan transfusiones temo contagiarme con otra enfermedad y ya estoy sobrellevando una».

Winkler nos dice que vive con sacrificio. Su madre no cuenta con recursos para mantener los alimentos o comprarle los medicamentos que requiere por su enfermedad.

Dennys Martínez tiene 15 años esperando trasplante

Dennys tenía solo un año de vida y comenzó su batalla contra un diagnóstico de talasemia mayor, un trastorno en su hemoglobina que no tiene cura y es costosa en tratamiento. Ser paciente del hospital de niños de Caracas le ha complicado su cuadro.

Durante una de sus transfusiones fue contagiada con Hepatitis C requiriendo ahora un trasplante de hígado para poder vivir. El panorama luce sombrío y la esperanza viva. Dennys es una jovencita de apenas 15 años. Conoce su enfermedad con precisión y detalle.

Me contó que su mamá le enseña como asumirla porque «no estará conmigo siempre».

A raíz de su patología tiene deformidades óseas. Estudia cuarto año de bachillerato y lleva 15 años esperando trasplante. «Nuestro período de vida se va deteriorando. Ver a nuestras madres correr de un lado a otro quitando dinero prestado es duro, no queremos esperar más, necesitamos que nos apoyen en el hospital no hay agua ni nada».

Dennys quiere ser chef y enfermera. A pesar de su mal sonríe y se muestra encantadora. Terminada la entrevista nos tomamos una foto que atesoraré porque su alegría contagia.

Ojalá desde el Ministerio de Salud se entienda que la incapacidad trae consigo consecuencias oscuras para la vida de los más vulnerables. Niños que no pidieron estar enfermos y claman por calidad de vida y una solución a sus padecimientos.

Son pacientes del J. M. de los Ríos, un hospital con más de 14 servicios protegidos por medidas de la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos, dictamen que es ignorado por Maduro achacándole la crisis al bloqueo.

 

 

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