La muerte de la información: lo que empezó con RCTV hace 13 años se cierra hoy con Directv

Cuando se cierra un medio muy popular, el régimen político priva de opciones a la gente. Y hoy nos quedamos sin ninguna...

directv

Trece años han pasado de otro mayo, concretamente, el 27 de mayo de 2007, en el que los venezolanos sintieron que un ladrón se había metido en sus casas y les había quitado RCTV. Aquel fue el comienzo de un camino que hoy prácticamente ha llegado un callejón sin salida, el día en el que Directv cesó sus operaciones en el país.

Ha dicho Juan Guaidó que sin duda, el régimen de Nicolás Maduro va a tratar de no pagar esa factura, la que 2,2 millones de venezolanos (y sus familiares, porque son hogares con una antena), le van a pasar por el cierre de Directv, que se va por no poder resolver la disyuntiva de atender, simultáneamente, las órdenes del Gobierno de Estados Unidos, que le exige sacar de su programación a Globovisión y Pdvsa TV; y la orden del régimen de Nicolás Maduro, que si uno tiene a bien creerle a Alberto Federico Ravell, es algo así como "si sacas de la parrilla a Globovisión y Pdvsa TV, metemos presos a tus directivos".

Matar un símbolo

RCTV, para todo el que quisiera analizarlo, en su momento y hoy, fue un símbolo. Fue el símbolo de resistencia ante un régimen crecientemente autoritario; y por parte de ese régimen autoritario, fue otro símbolo. El símbolo de que no había intocables. Que el buque insignia de la televisión venezolana, el que había puesto en el mundo las telenovelas venezolanas, podía ser arrasado inmisericordemente en las ansias desmedidas de poder de la clase dominante.

Por supuesto, todos los demás tomaron buena nota y se fueron quedando calladitos. Hoy no significan nada para la sociedad venezolana.

Directv ha sido otro símbolo. Por mucho tiempo, y cuando eso no era común en el mundo, la gente en Venezuela decía "en los ranchos hay Directv", y eran noticia las imágenes del barrio La Democracia, literalmente construido debajo de un puente (el de la Valle-Coche) en el que sobresalían las antenas de Directv. Era la forma de decir que en Venezuela, los pobres no eran tan pobres, que tenían cierto acceso a la modernidad y al consumo.

El uso de antenas de Directv en los barrios se masificó, por cierto, luego de la salida del aire de RCTV. Eso, hasta llegar a los 2,2 millones de hogares el año pasado, que representan más de un tercio de todos los hogares del país.

Directv fue, además, objeto de una campaña brutal por parte del régimen: le congelaron las tarifas, le impidieron importar equipos, le quitaron los canales cuando los consideraron subversivos (de Antena 3 a Natgeo, pasando por CNN y el argentino TN), y finalmente, los pusieron a elegir entre dos indignidades.

Eligieron irse, lo que deja sin empleo a 700 personas (y a muchas más si se cuentan los empleos indirectos), sin soporte a una vasta red de actividades sociales (era una de las empresas socialmente más comprometidas del país) y sin entretenimiento a una clase popular que ya no tiene comida, medicinas, agua, ni electricidad.

Ahora le cierran a esa gente, a esta gente, nuestra gente, su principal ventana de conexión con el mundo. Todo por el empecinamiento en un modelo socio-político que solo ha traído pobreza. Y Directv, por supuesto, mostraba cómo se vive en el mundo, lo cual es, por necesidad, cada vez más chocante para un venezolano depauperado.

Cuando Hugo Chávez cerró RCTV, le quitó a la gente sus novelas, su Radio Rochela y su noticiero. Pero había muchas alternativas. Ahora se va Directv y no queda nada. En Caracas aún hay cierto nivel de conectividad a Internet; pero en las zonas rurales, ni siquiera VTV tiene cobertura, mucho más desde que el satélite Simón Bolívar dejó de funcionar, y si acaso alguna vez funcionó.

El largo camino de la privación de la libertad de información a los venezolanos está prácticamente completado.

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