En plena pandemia: la única alternativa para tener agua en Macarao es un pozo

La sequía ha obligado a cientos de venezolanos a burlar la cuarentena establecida para prevenir el coronavirus.

En Macarao deben caminar al menos dos kilómetros, a falta de transporte, para extraer agua de un pozo con más de 8 metros de profundidad.

“Y ni siquiera sirve para lavarse la cara”, dice Enrique Pérez mientras llena un tobo en aquel desierto del sur-oeste caraqueño.

“¿Cómo podemos lavarnos las manos si escasea el agua? (…) Los hábitos de higiene aquí son pocos”, se lamenta.

Los más pequeños de Macarao pudieran olvidar que de las tuberías sale agua (en teoría) porque la problemática se viene agudizando desde octubre de 2018 y se ha prolongado por casi un año y medio ya.

A una señora de 81 años, Josefina Azuaje, se le quebró la voz al comentar lo "terrible" de esta crisis.

“No hallo como explicarle. No se puede lavar y para bañarnos tenemos que hacer marramucias”.

Agua en divisas

Maduro en una reciente alocución se ufanaba de que “los servicios públicos son prácticamente gratis en Venezuela”.

Pero más de una urbanización ha tenido que recurrir a pagar en divisas por una cisterna para su barrio o complejo residencial.

¿Cuántas horas de trabajo no pierde un venezolano por ir a buscar agua?.

Y hay quienes prefieren pagar a un tercero hasta cinco dólares para que le llenen un tanque de 2.000 litros.

Esta historia se repite en la av. Boyacá -Cota Mil- y en el interior del país también ante la desinversión del régimen de Nicolás Maduro que ha dejado en manos del azar el bienestar de los venezolanos.

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