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Las Pedradas: el llanto de la mesita por la "representación de las minorías" el #6D (+ video)

Argumentar ingenuidad, más allá de los 40 años, lleva, a quien escucha al que eso arguye, a la conmiseración, o algo peor: a dudar de la sanidad mental de quien argumenta. Menos cuando uno se enfrenta a un monstruo como el PSUV. Por eso, causa indignación que los políticos de la “mesita” ahora estén diciendo que los engañaron con el cuento de los 110 diputados que contribuyeron a agregar en nombre de la “representación proporcional de las minorías”. 

Resulta que estas cándidas almas de la política venezolana, expresadas en la mesita, comienzan a descubrir, en pleno 2020, que el PSUV solo hace las cosas cuando les puede sacar rédito político, algo a lo que se viene dedicando desde 1999, y bástese recordar lo que hizo en pleno llanto nacional por la tragedia de Vargas, ese año: disolver todos los poderes mientras el país contaba sus muertos. 

No hay nada más feo que decir “te lo dije”: pero en julio, cuando los de la mesita, en un ejercicio de golillerismo casi sin precedentes en la política venezolana, se las prometieron muy felices agregando 110 diputados a la lista nacional, en nombre de la supuesta “representación de las minorías”, no escucharon las voces de alarma de, entre otros, gente tan reputada como Eugenio Martínez o Eglée González Lobato, que les señalaban que esa movida, además de ilegal, solo beneficiaba a sus socios. 

Una cosa piensa el burro y otra el que lo arrea, pero de nada valen, a esta altura, los rebuznos lastimeros. 

Ahora, cuando el MAS quedó fuera del reparto, al igual que una parte de Copei; cuando Avanzada Progresista llora que el PSUV, con 69% de los supuestos votos, se haya quedado con 91% de los muy concretos escaños del nuevo parlamento, y se inventa cifras onanistas para decirse que no quedó tan mal parada, hay que recordar que uno no juega póker en una mesa de tahúres, porque cuando viene a darse cuenta, perdió una fortuna, la camisa, y ni siquiera se enteró del cómo fue. 

Pero no fue porque los demás no le advirtieran, ni vale de mucho (por no decir que no vale de nada) afirmar que fue porque los de la mesita eran inocentes y no sabían con quién se estaban sentando. Menos en este país, que son dos calles y en el que todos nos conocemos. 

No se pierda Las Pedradas de García Otero en Caraota Digital, directo al grano:

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