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Las Pedradas: Steven Seagal y Nicolás Maduro, una relación de peso (+ video)

Para ser comunista, el chavismo es bien faramallero. Atrás quedaron los tiempos en los que Hugo Chávez se podía permitir pasarse un fin de semana escoltando a Naomi Campbell, o que las visitas de Oliver Stone o Sean Penn eran, en Miraflores, moneda corriente.

Los tiempos han cambiado y la moneda corriente, que eran los petrodólares, están escasos, luego de que Hugo Chávez fuera presidente y Rafael Ramírez su zar del petróleo, y sucedió lo que tenía que suceder tras semejante yunta.

Hoy, que no podemos traer actores de primera, pues el camarada Putin nos envía a uno de sus hijos: Steven Seagal ha sobrevivido a la decadencia de los héroes de acción de los 80 como lo hicieron sus colegas Schwarzenegger, Stallone o Van Damme, es decir, caricaturizándose a sí mismo.

Pasó de películas de alto a bajo presupuesto, de allí a hacer de sheriff en Tennessee, o algo por el estilo, y luego a películas en las que ya ni se sabe cómo es que golpea, porque, obviamente, ya no le salen las cosas ni en cámara lenta.

Sin embargo, a diferencia de Arnold o Sylvester (Jean-Claude ya es otro tema), sobre el actor de filmes como "Alerta Máxima" o "Peligro inminente" (estoy inventando, sé que todos tenían títulos más o menos por ese estilo y argumentos del mismo corte) hay graves acusaciones, tanto de acoso como de abuso sexual.

A Steven Seagal y a Maduro no los caracteriza la coherencia

Para ser un tipo que se la echaba tanto de patriota que presumía de su historia como boina verde (lo mismo, por cierto, que Jordan Goudreau), haber terminado como "funcionario del Ministerio de Exteriores de Rusia, que en ese rol y no en el de actor fue que vino a visitar a Maduro, pues no resulta como muy coherente.

Tampoco para el gallo nuestro, que adora la farándula, la televisión y todas esas cosas para las que se supone que no tiene tiempo, y le preparó a Steven Seagal una exhibición de niños karatecas.

Cuando viene alguna de esas vedettes de Hollywood, el chavismo se empeña en reducirnos a nuestro lado más tercermundista, y siempre con niños, para darle un toque norcoreano-cubano, de satrapía de las peores intenciones.

Steven Seagal aplaudía la intervención de nuestros jóvenes atletas con la misma expresión que usaba para partir piernas o matar con llaves doble Nelson sin que ni siquiera se le desamarrara la coleta: es decir, sin ninguna expresión, que tampoco es que el tipo era Al Pacino.

Luego Maduro diría de él que tuvieron "un encuentro amoroso" (ojo, sin chinazos, pues).

Una catana para cortar chorizo

Los buenos tiempos como atleta de Steven Seagal pasaron hace mucho, y ahora pareciera que sus únicos combates, en Moscú, son con el Borsch y el pollo a la Kiev.

Pero lo cumbre fue cuando Steven Seagal se fue a la Gran Sabana y se sacó unas fotos con unos hermanos waraos que debieron estar preocupados de la llegada de un hombre que pareciera capaz de zamparse en una tarde la ingesta proteica de un mes de toda la tribu.

Para los millones de venezolanos que no pueden pagarse un día en Higuerote, ya no digamos tres en Canaima, que el Estado venezolano haya movido un avión para trasladar al ilustre visitante debe haberle parecido como esas patadas de kungfu que daba el otrora actor; mientras, Maduro, por lo menos, se lleva la satisfacción, lo dijo, de haber podido mirar a alguien de abajo hacia arriba, algo que no le suele suceder porque él es alto, así nos lo dijo.

Es decir, en la visita ganó Putin, ganó Steven Seagal, que fue a visitar la selva que su nuevo mejor amigo está depredando (él, que según Maduro es un apasionado de la preservación de los bosques tropicales) y ganó también Maduro, que se lleva la foto y salió en todos los periódicos del mundo. Como decía Dalí, de mí que hablen aunque sea bien.

Y como siempre que se produce una cosa de estas, la pregunta que nadie puede responder es qué ganó con esto el país.

No te pierdas Las Pedradas de García Otero, en Caraota Digital, directo al grano:

 

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