Nuestros niños son explotados por grupos armados en zonas fronterizas

Foto de cortesía: Trujillo Digital.

Las deprimidas condiciones económicas en las zonas rurales venezolanas fronterizas con Colombia y Brasil, son cada vez más afectadas por la hiperinflación, la contracción de las fuentes de empleo y la devaluación de la moneda impide a la población cubrir sus necesidades básicas, situación que facilita su participación en actividades ilegales como una "alternativa laboral".

Según un trabajo elaborado por FundaRedes, en estas zonas donde el Estado venezolano está prácticamente ausente, la figura de los grupos armados irregulares –que controlan las actividades ilícitas como el contrabando de combustible, de alimentos, medicinas, el narcotráfico, la extorsión y el secuestro– emergen como los nuevos “patronos”.

Incluso se han convertido en los principales proveedores de empleo. Aprovechan la vulnerabilidad económica de las familias para captar no sólo a adultos, sino también a niños y adolescentes que abandonan las escuelas para incorporarse a alguna actividad laboral que les permitan contribuir con el sostenimiento de sus hogares.

Así es como cada vez más menores de edad pasan a ser presa de estas mafias del contrabando y la violencia que tienen tomadas estas poblaciones.

Esta vulnerabilidad no sólo existe para los niños y adolescentes que han nacido y crecido en la zona, sino para los que se han desplazado a los estados fronterizos con sus padres, algún familiar o incluso solos en un intento por aprovechar las ventajas que ofrece la dinámica en la frontera para generar ingresos, especialmente con las actividades que giran en torno a la migración masiva y al contrabando.

El artículo 31 de la Convención de los Derechos del Niño reconoce el derecho de la niñez al descanso, al esparcimiento, al juego, las actividades recreativas y a la plena y libre participación en la vida cultural y de las artes. Pero la situación en la frontera vulnera este derecho al exponer a los niños y adolescentes a los grupos armados irregulares que buscan cada vez más maneras de acercárseles, detalló el trabajo elaborado por la ONG.

Motivación que impulsa a nuestra juventud

En las zonas limítrofes, la fortaleza del peso colombiano y del real brasileño frente al bolívar, la posibilidad de acceder con mayor facilidad a dólares americanos, o incluso, lograr aunque sea una pequeña porción del oro que se extrae en las minas de Amazonas y Bolívar, es la motivación que impulsa a estos jóvenes en edad escolar a incursionar en el trabajo informal en una primera etapa y luego a ser captados por los grupos armados irregulares.

Entre los testimonios obtenidos por la ONG, está el de Clemencia González, docente de la unidad educativa Andrés Eloy Blanco, en Maracaibo, estado Zulia, quien dijo a los activistas de FundaRedes que en esa institución hubo una reducción de 60% de alumnos inscritos en relación con el periodo 2018-2019, en su mayoría niños varones de edades comprendidas entre los 8 y 12 años edad.

“Al consultarle a los representantes el motivo por el cual no asisten a la escuela responden que prefieren que sus hijos los ayuden económicamente con la venta de gasolina que pasando hambre y necesidades en la escuela”, destacó la docente.

Desde 2013 y en ediciones anteriores de este boletín la organización ha documentado y denunciado el ingreso de estas organizaciones armadas irregulares a las escuelas para adoctrinar y captar a los estudiantes bajo coacción a los directivos y docentes.

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