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Pescadores del Lago de Valencia enfrentan crisis productiva y a piratas que les quitan todo

El rostro de Félix Ortega dice muchas cosas. A él se le nota la preocupación, impotencia y la desesperanza mientras su mirada se pierde en la inmensidad del Lago de Valencia.

Es un joven que se ha dedicado toda su vida a la pesca en el lugar. De eso depende su familia para sustentarse económicamente. Pero cada vez es más difícil ante la incertidumbre que en cualquier momento lleguen piratas y le vuelvan a quitar todo, lo poco que tiene.

Ya es normal que cada 15 o 22 días lleguen lanchas rápidas a motor con hombres fuertemente armados. “Llegan con dos tobos de balas, ametralladoras, R15, pistolas, glock, pajiza, chalecos antibalas”.

Son delincuentes que se llevan lo que consiguen, no solo los pescados productos de la faena de quienes trabajan en el sitio, sino las redes, implementos de pesca y hasta dañan los botes.

Cada día es peor la situación para los pescadores del sitio, quienes ven cómo se les pasa la vida frente a un majestuoso depósito natural de agua cuyo nivel crece sin control, así como su contaminación.

Crisis por desidia

Félix vive justo frente al lago y la que era la autopista Valencia – Carlos Arvelo que fue inundada por las aguas y ante la que no se ha dado ningún tipo de solución. “Uno acude al gobierno y no nos ayudan”.

La crecida del nivel del Lago de Valencia significa, para los 67 pescadores de la zona, mucho más que una carretera con el paso bloqueado. Es una situación que ha afectado la cantidad de las especies marinas que existían.

“Antes salía mucho san pedro, tilapia y bagre, ahorita solo mojarra negra que es un pescado pequeño. Nos afecta mucho porque si no pescamos no comemos”, relató mientras veía una de sus embarcaciones en plena faena con dos de sus ayudantes, con quienes se reparte de forma equitativa la pesca.

“Si traen 30 kilos son 10 para cada uno”. Y ese es el promedio actual, entre 30 y 40 kilos al día y solo con mucha suerte recuperan el ritmo que tenían antes de 100 kilos o más diariamente.

Mientras tanto, Félix y el resto de los pescadores, junto a sus familias, disfrutan de la vista, de la inmensidad del Lago de Valencia, de su belleza pese a arropar postes eléctricos por el crecimiento imparable de sus aguas, cuyo mal olor deja claro que no está saneado, y rodeadas por botes de madera destruidos. Un lago que se vuelve tenebroso cada vez que se acercan los piratas que se llevan todo.

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