Reuters: revolución bolivariana devolvió los pueblos venezolanos al siglo XIX

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Cada vez son menos los turistas que visitan los principales lugares atractivos de Venezuela, como la playa Patanemo en el estado Carabobo, por la falta de servicio telefónico e inseguridad en las carreteras.

Ni señal, ni efectivo. Esto hace mucho más difícil la vida de las personas que habitan este lugar; tratan de sobrevivir haciendo trueques. Contó este viernes, la agencia de noticias Reuters en un reportaje.

“El pescado que uno agarra es para cambiar o regalar”, dice Yofrán Arias, uno de los 15 pescadores en la playa vacía, mientras limpiaba media docena de macabís, un pescado con muchas espinas y poco valor comercial.

“Aquí llegan con cambures, plátanos o arroz (...) Como los reales (el dinero) ya no alcanzan para comprar nada, es mejor que traigan lo que uno va a comer y les damos pescado”, explica Arias.

En poblados como Patanemo, al occidente y oriente de Venezuela, tratan de vivir del intercambio de lo que siembran y recolectan. Viven a la antigua, ya que la crisis de gasolina y transporte los han sumergido en un retroceso.

Nada tiene que ver la actualidad de Venezuela con lo que era hace unos años en su plena bonanza petrolera, que construyó a fines de la década de 1950 amplias autopistas y carreteras, y al gozar de la gasolina más barata del mundo, era la envidia de las naciones vecinas por ser sus playas las preferidas de los turistas.

Los pobladores ven en vilo su sustento, ya que vivían en su mayoría del turismo. El consumo privado cayó 59% desde que comenzó la recesión a inicios de 2014, según datos oficiales. Incomunicados y bajo una prolongada crisis con hiperinflación y escasez de billetes, decenas de pueblos van quedando aislados, incluso si están cerca de las grandes ciudades. Sus residentes sobreviven al colapso de la economía con lo que tienen a mano y a los cortes diarios de servicios básicos como luz, agua e internet.

Para 2017, mientras que en la capital eran pobres 34% de los hogares, en los pueblos o caseríos del país petrolero la pobreza alcanzó a 74% de las casas, según la encuesta Encovi, que conducen desde 2014 varias universidades nacionales.

La familia de Ylidio Abreu, diputado a la Asamblea Nacional, oriundo del estado Carabobo, administra cerca de Patanemo un hotel, una licorería y una panadería, de los pocos negocios que tienen punto de venta con internet. Pero reciben tan pocos turistas este año, que no les ha quedado más remedio que hacer trueques con los vecinos. Cambian pan o mantequilla por pescado.

“Hay un quiebre, es una situación muy crítica”, resume Abreu. “Los que vendían empanadas, dulces, trajes de baño o salvavidas en la playa ya no pueden salir a trabajar porque no hay efectivo”, agrega el parlamentario. Los pescadores y vendedores desconfían además de negociar con desconocidos bajo la promesa de transferencias bancarias que harán al volver a zonas con señal telefónica o de internet.

Buscar trabajo en otros sitios tampoco es tarea sencilla. Entre una docena de residentes de dos pueblos de la costa, la mayoría dice tener meses sin viajar a la ciudad, porque casi no hay transporte público, y las pocas unidades tardan horas en llegar por las fallas en el suministro de combustible que recrudecieron desde marzo. Allí no hay una estación de gasolina.

“Tengo casi dos años que no voy al centro en el puerto”, dice Luis, otro pescador de 55 años. “Qué voy a hacer para allá, si no me alcanza para una franela o un short. Mejor los cambio aquí para sobrevivir”.

Café la nueva moneda

A unos 280 kilómetros vía al occidente del país, en las montañas del estado Lara, los pobladores de Guárico, a falta de efectivo, empezaron a pagar con granos de café. Es el producto que más se cultiva en la zona y el precio de referencia lo fija el mayor productor de café, según dicen los pobladores.

Entregan un kilo de café por un corte de pelo o cambian más granos por comida o repuestos para máquinas agrícolas en los comercios de Guárico, la solución que encontraron buena parte de los negocios, donde no funcionan los pagos electrónicos porque también la luz se va varias horas al día y la señal telefónica es intermitente.

Los pobladores deben comprar los pocos suministros de comida que llegan a las bodegas solo cuando funcionan los puntos de venta, ya que gracias a la hiperinflación que existe en el país el los billetes que circulan solo responden al 6% de la economía.

“Se saca la cuenta de cuánto cuesta el producto y acordamos con el cliente los kilos o sacos de café que deben pagar”, explica Haideliz Linares, encargado de una ferretería. Guarico sí tiene una agencia bancaria, pero entrega cuando hay efectivo, apenas 6.000 bolívares en billetes por persona, lo que cuesta una pequeña taza de café en una panadería.

En el extremo oriental del país, Jairo Araguayen, un mecánico que vive en el caserío de Tunapuy, en el estado Sucre, sufre hasta dos cortes de luz al día y tiene que viajar casi una hora a la semana a Carúpano para comprar alimentos. Allí es donde puede pagar con tarjeta de débito, porque en su pueblo no funcionan los puntos de venta.

Algunos de sus vecinos que siembran plátano, yuca o auyama resuelven ir al pueblo costero de Río Caribe, a una hora y media de camino en auto, para intercambiar sus productos por pescado.

Además de la crisis que los arropa en cuánto al efectivo, servicios y comida, se le suma la inseguridad en las carreteras. Grupos de pobladores ponen obstáculos en las vías a pleno día para robar a los viajeros, por la fuerte escasez que padecen todos.

 

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