El día que me robaron en un autobús: una mujer me apuntó con el arma y se llevó mi bolso (+Crónica)

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"Dejen el ruido que esto es un atraco", fueron las palabras que me despertaron este miércoles de golpe mientras veía cómo dos hombres y una mujer armados se distribuían por todo el autobús.

El transporte público partió de Las Rosas, sector del municipio Zamora, rumbo a la ciudad capital, Caracas. Fue a la altura de la intercomunal Guarenas - Guatire donde los antisociales se levantaron de los puestos, mejor conocido como la cocina pues son los últimos de la unidad y hace mucho calor, y pidieron entre gritos las pertenencias de los usuarios.

Estaba sentada a dos puestos de los delincuentes. Aún no entendía qué ocurría porque no aceptaba los hechos.

"Esto no es un juego, cooperen", dijo el hombre que tenía puesta una gorra negra y vestía con una chaqueta de cuero marrón claro y un pantalón blue jeans mientras mostraba el arma. El hombre estaba mejor vestido que el señor que me acompañaba en el asiento, que minutos después del susto me enteré que tenía más de 30 años trabajando en una empresa de construcción y ganaba sueldo mínimo.

"Mis tarjetas y la cédula", pensé. Teniendo presente que la emisión de los documentos de identificación en Venezuela es un proceso tardío, desde 15 días hasta un mes se puede demorar la entrega de los papeles.

Así que rápidamente introduje la mano en el bolso, uno de color negro y pequeño que se guinda de lado, para sacar las tarjetas y el documento de identificación. Pero el estuche del maquillaje dificultó conseguir el monedero, donde guardo los papeles, y la mujer, con la mano temblorosa, me vio y me apuntó con el arma.

"Deja eso ahí y no saques nada", ordenó. Yo solo asentí y acaté la indicación.

"Dame el bolso", exigió la mujer que vestía una camiseta de colores, que mostraba el morado de su ropa interior, y una falda corta blue jeans. Se guindó el bolso y continuó pasando por los asientos.

Le entregué la cartera y me aferré al bolso donde guardo la comida, el estómago me recordaba que no había desayunado y me preocupaba saber luego cómo iba a resolver para comer.

La mujer no me dijo nada de la vianda. Ella solo pedía los bolsos y se los guindaba en el cuerpo, entretanto era escoltada por uno de los hombre que reiteraba una y otra vez que su pistola estaba cargada.

Mi corazón iba más rápido que el autobús

El corazón me palpitaba fuertemente, aunque sentía que tenía el control de mi cuerpo creo que si me indicaban que me levantara del lugar las piernas no me responderían.

Los antisociales arrebataron a todos de sus pertenencias. En la carretera nacional pidieron al conductor de la unidad desviarse a la Pista Norte, zona retorno a Guatire.

Con un rotundo no contestó el profesional del volante lo que desató la ira de los antisociales. Acto seguido le dieron un cachazo en el cabeza.

Todos estaban en silencio. El chofer movió el volante y luego se detuvo.

Por el susto nadie se había percatado que un carro pequeño seguía a la unidad. Los delincuentes pidieron al chofer que se detuviera, se bajaron y abordaron rápidamente el vehículo escapando del lugar.

Mientras lamentaba haber perdido mis pertenencias. El hombre a mi lado lloraba profundamente, me indicó que dentro de su bolso tenía dólares, dinero con el que iba a pagar una deuda. "No sé cómo haré. No creo que entiendan que me robaron".

Después de colocarle la mano en el hombro al señor que aparentaba 50 años miré a mi alrededor. Escuché a las personas decir que dentro de sus morrales tenían exámenes médicos, medicamentos, celulares, tarjetas y documentación.

El día que los policías no abordaron la unidad

La línea de Conductores Unidos, que traslada a los usuarios de Guatire a Caracas, pidieron la cooperación de los policías de la entidad para que vigilen a los pasajeros y así asegurar el viaje.

Precisamente este miércoles los uniformados no abordaron la unidad e hicieron la revisión de costumbre.

¿Coincidencia o complicidad?, es la pregunta que quedó en el aire entre los pasajeros.