Tragedias del éxodo: madre venezolana perdió a su bebé apátrida

Foto: referencia

Un migrante venezolana, Karelis, perdió a su bebé apátrida por no tener la documentación correspondiente que verificara su nacionalidad e identidad.

La joven, sin contarle a su familia sobre sus planes, partió con su pareja hacía Colombia buscando un futuro mejor. No llevaba pasaporte, pero iba segura junto al amor de su vida. Eso creía.

La realidad del migrante golpeó a la relación e iniciaron las peleas. Una realidad por la que han pasado más de 4,7 millones de venezolanos, según las cifras de la Agencia de la ONU para los Refugiados (Acnur). La situación destruyó la relación. Tan solo unos días después, Karelis se enteró que estaba embarazada. Esperaba una hija, sola, sin pasaporte y con apenas 19 años de edad.

En noviembre de 2018 nación Eislen en la ciudad colombiana de Boyacá. Las autoridades de la nación cafetera no le dieron nacionalidad a la niña; no la reconocieron como ciudadana. Solamente contaba con un certificado de nacimiento que era el único papel que verificaba su existencia.

Según narró Cecodap, 25 mil niños de padres venezolanos corrían el riego de ser apátridas. El gobierno de Colombia optó por nacionalizar a todos los pequeños nacidos después de agosto de 2015. El problema radicaba en que Eislen ya no estaba en Colombia.

Ecuador

Karelis conoció a Martha, una mujer ecuatoriana que le aseguró que podría ayudarla. La venezolana podría gozar de un hogar en Guayaquil, con personas que la apoyarían con el cuidado de Eislen.

Un mes después. Karelis dejó Colombia atrás y puso rumbo hacía Ecuador. Allá le esperaba un buen futuro a ella y a su pequeña; o eso esperaba.

Al llegar a Guayaquil la venezolana fue recibida por los León, los padres de Martha. Ahí Karelis consiguió una familia que le dio techo, comida y artículos de cuidado personal. Sin embargo, no logró formalizar un empleo en Ecuador porque la Carta Andina, documento que se entregaba a los venezolanos que ingresan sin pasaporte, no era suficiente para los empleadores.

Los León le hicieron una oferta: ellos cuidarían de Eislen mientras Karelis iría a Perú a trabajar, un país con controles migratorios más flexibles. Aceptó y partió con 180 dólares, no sin antes exigir comunicación continúa con la niña.

Perú

Los primeros meses de Karelis en Perú fueron constantes las fotos y video llamadas con Eislen. Se aseguraba que creciera sana y salva. Su único objetivo era poder buscarla para estar con ella.

Con el paso de los meses, los León dejaron de cumplir su promesa, pues enviaban fotos repetidas y dejaron de comunicarse con Karelis. La migrante reunió el dinero para que su madre se fuera a Ecuador; deseaba que abuela y nieta se conocieran.

Unos días antes que llegara su mamá, Karelis llegó a Ecuador a buscar a Eislen, pero no le permitieron verla. A los León no les importaron sus lagrimas y súplicas por ver a su hija.

Karelis notificó a la Dirección Nacional de Policía Especializada para Niños, Niñas y Adolescentes (Dinapen) para que interviniera. No obstante, la confusión impactó a los funcionarios y a la madre venezolana.

Eislen tenía una partida de nacimiento ecuatoriana, pero con los apellidos de sus cuidadores. Legalmente, Karelis no era la madre de su hija.

La policía, confundida, decidió llevarse a la niña hasta no dar con la verdadera identidad de los padres de la menor. Lo que no esperaban los León era que la venezolana acudiría a la justicia ecuatoriana para exigir justicia. La joven empezó el duro proceso legal para recuperar a su mayor amor: su hija.

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