Tres años de lobby: así logró Maduro un puesto en el Consejo de Derechos Humanos

Consejo de Derechos

De la bitácora de Jorge Arreaza, ministro de Exteriores del régimen de Nicolás Maduro, se puede inferir la intensa agenda de construcción de apoyos que culminó este jueves en la elección de Venezuela como miembro del Consejo de Derechos Humanos de la Organización de Naciones Unidas para el período 2020-22.

Y aunque pueda considerarse a la diplomacia del chavismo como desorganizada y dispersa, la verdad de las cosas es que el trabajo de lograr un puesto para el régimen en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU (un triunfo propagandístico que ya comenzó a dar frutos para el régimen, y que los dará más si este logra sobrevivir tres años), comenzó a gestionarse en 2016, cuando Cuba ingresó al consejo, cargo que dejó este año.

Desde ese momento, las cancillerías en La Habana y Caracas comenzaron a moverse acompasadamente en lograr el objetivo de que Venezuela ocupará el puesto que dejaba la isla caribeña, señalaron fuentes del Ministerio de Relaciones Exteriores de Maduro, que por obvias razones, prefieren el anonimato.

Contaron con el apoyo, además, de dos poderosas cancillerías adicionales: La de Rusia y la de China, señaló la fuente, que afirmó que los recientes viajes de Delcy Rodríguez, vicepresidenta del régimen, a Moscú, y de Diosdado Cabello a China, Vietnam y Corea del Norte (donde se reunieron con representantes de otros ministerios de exteriores de Asia) tuvieron el objetivo, entre otros, de “ultimar detalles” para proferir una dura derrota a los aliados de la democracia venezolana en el mundo entero: países tan poderosos como Estados Unidos, los del Grupo de Lima y los de la Unión Europea.

Con Rusia y sus satélites, China y su gigantesca área de influencia, y con el nada desdeñable apoyo de Cuba, que tiene una diplomacia agresiva en África y el Caribe, más buena parte de adhesiones del Movimiento de los No Alineados (Mnoal) que se reunió en Caracas hace menos de un mes, el régimen de Maduro llegó al 17 de octubre convencido de que tenía en el bolsillo 125 votos, que finalmente se convirtieron en 105 por la presión tardía de EEUU, la UE y otras cancillerías que impulsaron la candidatura de Costa Rica, que, como afirman las fuentes, “llegó demasiado tarde”.

“Si la lanzan 15 días antes la ganan”, señaló otro funcionario que agregó que la diferencia fue el lobby hecho por el régimen entre los países africanos, un lobby que no hicieron contra el régimen de Maduro ni EEUU ni la UE. “Eran nueve votos, solamente, nueve votos que se podían conseguir”.

Lo cierto es que en el último año, aparte de cortejar al Mnoal (para la reunión de Caracas hace menos de un mes, el régimen de Maduro ofreció vuelos privados entre Nueva York y Caracas, con escala en Granada, para evadir las sanciones, a los diplomáticos de la ONU que vinieron al encuentro), Arreaza ha desplegado una intensa agenda en África, con Sudáfrica (el país más importante del continente negro, aliado de Maduro) como epicentro de actividad.

Ha viajado a ese país, ha estado en la vecina Namibia, se ha reunido en Nueva York con el canciller de Zimbabue; ha estrechado relaciones con Guinea Ecuatorial; ha estado, adicionalmente, en Uganda. Esto se constata con simplemente googlear las palabras “Arreaza” y “África”.

Pero además, los contactos del canciller del régimen de Maduro se intensificaron luego del órdago que a su régimen representó la designación de Juan Guaidó como presidente interino; y más luego de que la designación de Michelle Bachelet como Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos no significó lo que ellos esperaban, en un evidente error de cálculo.

Hay que aclarar, sin embargo, que del Mnoal, que tiene 126 miembros, no todos votaron por el régimen. Por ejemplo, Argentina es miembro del Mnoal; pero buena parte de los miembros de este mecanismo votarían por Venezuela por puro reflejo antiimperialista, como señaló la fuente.

A esto se sumó la profundidad de la diplomacia cubana en el Caribe, la fácil agitación de las banderas antiimperialistas en África y en Asia y por último, pero no menos importante, un mecanismo que empezó a implementarse en 2017, como ya se dijo: Venezuela supeditó, desde esa fecha, cada voto que le vinieron a pedir en el sistema de Naciones Unidas al intercambio. Es decir, cada voto que dio el régimen de Maduro durante tres años fue condicionado a que, llegada la hora, ese país votara a favor de Venezuela para el Consejo de Derechos Humanos de la ONU.

Es decir, el régimen no dio puntada sin dedal. Una enorme diferencia con el “no vale, yo no creo” que la comunidad internacional interesada en la crisis venezolana sostuvo hasta hace quince días, cuando a destiempo surgió la candidatura tica. No se puede hacer en tres días lo que pacientemente hizo el madurismo durante tres años.

Mención aparte merece la defensa de los derechos democráticos. Hay que recordar que, según el índice de libertad humana de la ONG Freedom House, para 2018 había en el mundo 88 países considerados “libres”; 58 “parcialmente libres” y 50 “no libres”. Es decir, la libertad y la defensa de los derechos humanos aún tienen un amplio margen de mejora. Es por eso que ideológicamente el régimen de Maduro aún encuentra tantos amigos en el planeta…

 

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