Vargas 20 años después: “A nosotros nos velaron en la casa de mi mamá”

Foto: Amy Torres

Una gran creciente en el río Camurí Grande sorprendió a todos, según relató Enis Barreto, vecino de la zona. “A la 1 de la mañana vino la primera avalancha que se llevó todos los cables, todas las matas, todo. Le digo con exactitud porque a esa hora se paró el reloj que estaba en el club Camurí Grande”.

Explicó que en ese momento todo el mundo corrió hacia la montaña. “Ahí amanecimos llevando agua con unos niños. Como a las 3:00 a 3:30 am eso se sentía, bueno pues, como un ruido que uno no puede. Comparado con ese ruido, nada. Yo pensé que pasaba algo, que se iba a acabar esto”.

Afortunadamente, pudo constatar que su casa no había sufrido daños. “A los 15 minutos vino otra avalancha, igual o más grande. Volvimos a subir y nos quedamos como a 100 metros de la casa hacia la montaña. Allí amanecimos”.

Recordó que una quebrada de la zona también producía un fuerte ruido y hacía que todo temblara. “Subimos a la otra montaña y ahí estaban todos los habitantes de Los Bloques. Eran cientos de personas”.

Fueron días en los que la única opción era sobrevivir. Se separaron en hombres y mujeres. Un grupo pudo bajar al club Camurí Grande y a Naiguatá. Finalmente, el 20 de diciembre logró irse a casa de su familia en Caracas.

Barreto aseguró que en aquel momento en el que todos se refugiaban en la montaña en una lucha por sus vidas, todos eran iguales. “Ahí todo el mundo era igual. No importa los reales que tengas. Solo nos veíamos las caras. Queríamos era solucionar porque había muchos niños. Por una parte, era el cerro, por otra la quebrada”.

Sobre el sonido del agua, dijo que “no era como una bomba, pero era una cosa. Imagínese usted la cantidad de agua que bajó trayendo árboles inmensos, que después fue que se vieron. Eran troncos inmensos, piedras. No tengo cómo compararlo. Eso era agua de la universidad (Simón Bolívar) hasta aquí con oleaje. Todo esto es puro relleno”.

Al preguntarle si pensó que viviría algo así, respondió que lo que pasó por su mente era que el mundo se acababa. “Como decían que el año se acababa en el 2000, pensé que era ese día. Yo ni sabía dónde estaba parado. Después de vivir tanto tiempo aquí que veía eso que eran puras matas de mango, gente que venía a hacer sancochos, bolas criollas y cuando usted se levanta y ve es agua no sabe dónde está parado”.

Pero el episodio más fuerte para este hombre de 68 años fue el reencuentro con sus familiares. “Uno en ese momento, prácticamente, se entrega. Traté de comunicarme con mi mamá y pude medio comunicarme. Ellos, inclusive, cuando un hermano que tenía que estaba en la Guardia Nacional, ellos le dijeron que: ‘tengo un hijo que vive en la parte de la universidad, al frente’. Les dijeron: ‘no, mijo, eso desapareció”.

Recordó con dolor “a nosotros nos velaron y todo en la casa… Mi hija lloraba: ‘mi papá se murió, está muerto’. Yo no quisiera recordar ese momento cuando llegué y vi a mi familia. Ellos bajaron y nos rescataron”.

Indicó que cuando llegó a casa de su mamá lo recibieron como si tuvieran años sin verlos.

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