El despertar

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Foto: Caraota Digital

Por Andrés Raúl Páez
Consultor Jurídico CNP

La radiografía de cómo nos encontramos como nación, desde la perspectiva de las instituciones, de lo que representan en términos de servicios de cualquier naturaleza, de necesidades básicas por satisfacer, son espeluznantes. 

Según un informe reciente patrocinado por la ONU, los venezolanos sufrimos la cuarta peor crisis alimentaria del mundo, solo detrás de Yemen, Afganistán y la República Democrática del Congo. 

La devastadora hambruna, el colapso de todos los servicios públicos en Venezuela es dramático. No existe ningún hogar en nuestro territorio, en cualquier municipio, en cualquier parroquia, urbana o rural, compuesta por una familia (hoy desempleada bajo una pandemia), que no sufra, padezca, le duela lo que significa, no tener agua en las tuberías (si las tienen), no poseer electricidad de forma permanente debido a constantes apagones, no tener gas doméstico con las mayores reservas del mundo, en un país petrolero que no tiene gasolina en las más de 1600 estaciones de servicios (que sobreviven), no tener en el bolsillo (cada venezolano), el efectivo de una moneda llamada de forma rimbombante “fuerte”, bajo el pesado grillo de arrastrar durante 3 años seguidos la inflación más alta del planeta, con el séptimo año consecutivo de recesión económica.

Sin lugar a dudas, que la revolución de todos los fracasos nos regresó al medioevo. Ha sido muy duro el impacto generacional que se formó en las mejores universidades del mundo, incluyendo nuestras casas de estudios, de talento venezolano, con valores, con experiencia técnica, profesional comprobada, en  áreas vinculadas a las políticas públicas, para evaluar a Venezuela, desde el año 1958 en el renacer de la democracia, con el contraste u oscuridad total, de la última década, que ha sido macabra, con la responsabilidad directa, entre el filibustero fallecido, y el usurpador.

Es una realidad, que las desigualdades se han profundizado, como consecuencia de un régimen totalitario, que se ha enquistado para permanecer atornillado en el poder, sin importarle el saldo rojo de desapariciones forzadas, detenciones arbitrarias, torturas, criminalización de cualquier forma de disidencia, persecución sistemática contra el parlamento venezolano, homicidios, torturas, tratos crueles que hemos sufrido los venezolanos en carne y hueso.

Diversos informes pormenorizados, con riguroso método de investigación, realizados por organismos internacionales como la OEA, como por la ONU, en diferentes instancias, grupos de trabajos calificados, independientes, en los últimos cinco años, concluyen citando “patrones amplios de represión”, contra activistas sociales, líderes comunitarios al frente de las protestas, políticos,  disidentes militares,  abogados, trabajadores de ONG, periodistas, medios de comunicación, portales de noticias, blogueros, usuarios de redes sociales, trabajadores de la salud, en fin: ciudadanos defendiendo conquistas ancestrales contra una perversa tiranía, que cuenta con la anuencia de poderes sumisos, entiéndase poder judicial, ministerio público, defensoría del pueblo, contraloría, organismos policiales, civiles y militares que no defienden la soberanía nacional.

Imposible olvidar los 348 presos políticos en mazmorras de la dictadura, así como el nivel de impunidad en tribunales y organismos policiales venezolanos, en el sentido, que de los 165 casos examinados por la Misión de la ONU de asesinatos en protestas, 160 no han dado lugar a una sentencia.

Sin embargo, en tiempos de frustraciones diarias, debemos rescatar el valor de la solidaridad, de la fuerza que significa reencontrarnos con nuestra raíces, como sociedad, como ciudadanos, que puede volver a producir de manera eficiente en áreas esenciales como: educación, salud, producción petrolera, industrias básicas, infraestructura, desarrollo industrial, viviendas, economía, agricultura, ganadería, pesca, seguridad y rescatar la soberanía nacional de aquellos que la mancillan diariamente, bajo una lírica patriotera repitiendo el formato de una hegemonía comunicacional, que ya no puede ocultar el actual desencanto: de 8 de cada 10 venezolanos que acuden a cualquier hospital no perciben ningún servicio que le pueda salvar la vida.

El venezolano posee dignidad, para no permitir que sigan continuando delitos de lesa humanidad, que son anteriores a cualquier bloqueo imperialista, sapos, culebras o lagarto invocados por la camada de indolentes, de jerarcas que no son servidores públicos, enchufados, familiares, testaferros y otros rufianes que pretenden ocultar los graves antecedentes de invasiones (El Bachiller y Machurucuto), que luego materializaron en la toma efectiva del poder, del estado forajido hoy convertido en estado fallido, solo para enriquecerse, privilegiarse, y burlarse diariamente de millones de venezolanos que gritan libertad.

El despertar crece vertiginosamente, como inspiración diaria, permanente, de renacer, con esperanza, con valores, con aquellos principios que sirvieron para crear el proceso independentista, no de la nada, sino frente a una cruel opresión que nunca triunfará. Ya aprendimos la lección para emprender cambios profundos, de romper cadenas.

Twitter @andresraulpaezp