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Aquí no hay quién viva

Por Amos Smith

En homenaje a más de cinco millones de fugitivos y los que nos quedamos perseguidos por la mala situación.

La imagen del boxeador venezolano Eldric Sella, el refugiado en las olimpiadas de Tokio en la lona a los 67 segundos de su combate ha sido tomado a burla por los representantes y la hinchada de este desengaño del siglo 21.

Eldric era parte de una delegación simbólica de 29 atletas representantes de los ochenta millones de desplazados en el mundo.

Más de cinco millones de venezolanos perseguidos por la mala situación han abandonado nuestro territorio por aire, mar y tierra.

Los que nos quedamos pelando bolas a convivir con esta aventura extrema convertida en una nueva cotidianidad, hemos sido reconocidos como unos expertos, con postgrados y aguantadores de pela profesionales en esa nueva materia o nueva profesión venezolana que es la resilencia, con una inusitada capacidad maromera y equilibrista que nos permitirían matar tigres hasta en Le Cirque du Soleil.

Quizás sea cierto señor Arreaza que algunos podemos irnos o regresar a la patria porque sí, pero esta persecución de la mala situación nos tiene locos y seguramente ha incidido notablemente en recortar el promedio de vida de los venezolanos.

Es que me da mucha pena contradecirle señor Arreaza, pero tengo que confesarle aquí entre nos que creo que sufro de delirio de persecución. Siento que mis pensamientos se han trastornado, sufro de miedo y tengo alucinaciones acústicas. ¿Será acaso que estoy comenzado a sentirme como un funcionario del oficialismo con sanciones encima?

Porque vamos a estar claro mi estimado. Más de cinco millones de fugitivos son un buen pedazo de la torta de los refugiados en el mundo entero. Nadie se va porque quiere sentirse Marco Polo o Cristóbal Colón, porque emigrar se ponga de moda o sea lo más cool.

La gente se nos va porque estamos como los vecinos que viven en el pequeño edificio de la calle Desengaño 21 de la serie de televisión española. Aquí no hay quién viva. Y no se puede vivir porque se nos va la vida en una oscurana, en la sed, en andar a pie por los caminos de las dificultades, esperando vacunas en tiempo de pandemia, haciendo colas por cualquier aspecto inimaginable en tiempos de escasez.

Porque al principio y al final de todo, con todo mi respeto señor Jorge Arreaza esto ha sobrepasado cualquier ideología acertada o errada y la lucha de clases se ha limitado a una terrible epidemia de conformismo que solo refleja la tensa calma de los desesperados y la otra epidemia aún peor que mi complejo de perseguido. La de los delirios de grandeza. Saludos.

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