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Aunque exista un escepticismo sobre una negociación ¿Quién empuja fuera o dentro? Es la incógnita en cuestión

Por Aníbal Sánchez

Los hechos a nivel nacional marcados por una ola de persecución, así como pronunciamientos a nivel internacional, obligan a que se retome el debate. De a quién le interesa un diálogo o negociación; postura esta que hemos propiciado como forma de buscar una salida a la crisis venezolana.

Se esperaba que el encuentro mediado después de los diálogos pendulares con las partes, desarrollado por el grupo noruego se diera antes de las postulaciones de candidaturas para las elecciones regionales y municipales del 21 de noviembre, que recuerda Aníbal Sánchez como consultor electoral el cronograma pauta del 09 al 29 de agosto.

Esta ronda de diálogo, ha sido confirmada por el mismo canciller mexicano, quien sostiene no existen variaciones de la postura de su país, quien desde el 2019 proponía el mecanismo de acuerdo político entre los venezolanos, cuando apenas se desarrollaba el mecanismo de Montevideo a raíz de la constitución del Grupo de Contacto Internacional.

Organismo, esta (GIC) que el 13 de julio ratificó su preocupación por la situación venezolana, y la necesidad de crear las condiciones para poder desarrollar un mecanismo de negociación que pueda llevar a unas elecciones libres y atender el estado de crisis.

Se conoció que la nueva ronda de diálogo en México podría ser mediada por representantes internacionales y con apoyo de Noruega, quién está en contacto con las partes; donde incluso gobiernos como el de los Estados Unidos podría desde un cuarto de espejos llevar el seguimiento a los acuerdos.

Es difícil predecir quien pudiera salir favorecido en este escenario donde el Gobierno de Maduro está empecinado en el reconocimiento de las autoridades y el levantamiento de sanciones; y la oposición en lograr un mecanismo que le permita instaurar una transición, preferiblemente por el camino electoral.

El saldo ‘opositor’ aún al correr el tiempo y no conseguir objetivo primario de forma mediata, sería positivo al ganar la instauración de un centro de coordinación con reconocimiento del adversario y de instituciones internacionales, desde donde se podría diseñar una estrategia conjunta.

Algunos esperaban que los hechos de violencia y persecución podrían dilatar las gestiones, pero el mismo Leopoldo López en unas declaraciones tendenciosas, instó a Capriles a no ceder, y ratificó la disposición de seguir con la agenda de México.

No se ha confirmado, quienes serian los llamados como representantes de la oposición, aunque Maduro hablará de un diálogo amplio, lo que podría involucrar sectores distintos a los que están con Leopoldo, Allup, Rosales o Borges; dependiendo del manejo que den a los últimos acontecimientos.

¿Quién empuja a quién, fuera o dentro de una nueva negociación? Es la incógnita que se plantea.

Desde que se activó en el año 2019 el Grupo de Contacto Internacional (GCI) y surgiera  el mecanismo de Montevideo, la postura de México no ha variado. “Hay que hacer una negociación entre las partes y tratar de buscar acuerdos".

Días recientes el ministro de exteriores, Marcelo Ebrard, confirmó la posibilidad de que su país acoja una mesa de negociación entre el Gobierno de Venezuela y la oposición.

"Todo lo que podamos hacer para contribuir a que se dé un diálogo y se encuentren acuerdos entre los venezolanos lo haremos". No sería la primera vez que México es sede de conversaciones.

Agregó el canciller: "Están cerca de Noruega, tenemos muchas afinidades" y estamos en pro de ese tipo de acuerdos, solución pacífica, pero no tiene autorización para compartir detalles sobre eso".

La información sobre la nueva negociación se dio a conocer, días después que los jefes de la diplomacia estadounidense, de la Unión Europea y Canadá, manifestaran estar dispuestos a revisar las sanciones si existe algún progreso que conduzca a elecciones transparentes.

Cuando la pregunta, es hecha a Guaidó, plantea que el proceso de negociación con Maduro, debe contar con participación de las potencias internacionales, para lograr la celebración de elecciones "libres y justas" y atajar la crisis del país.

Estos hechos ocurren mientras se encuentra en el país una misión de diagnóstico de la Unión Europea “a la cual aspiramos poder tener acceso”. Esta evalúa las condiciones y posibilidades para desplegar algún mecanismo de observación electoral.

En otro escenario, el jefe de la delegación para promover el acuerdo por parte de Guaidó, el exalcalde Blyde, reconoce avances y prosigue los acercamientos con varias instituciones internacionales, incluso dejando claves en sus declaraciones como “se debe evaluar y debe quedar claro que sucede si Maduro pierde entrega, si pierde se va del país” expresiones que pueden tener distintas lecturas.

Mientras el Gobierno de Maduro, con sus problemas de credibilidad, esboza una retórica, “cada vez que extiende la mano y se habla con sinceridad de un Diálogo preparan planes de invasión, terrorismo y asesinato” por lo que seguro prefiere entenderse con la oposición gradual.

En un tiempo se vislumbraba un posible Referéndum Revocatorio como una opción para la resolución de la crisis de gobernabilidad, pero este tendría que ser parte de un acuerdo, pues existen condicionantes que hacen difícil su activación y que se logre el efecto deseado.

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